El tiempo recobrado

El caos iraquí

El cese o renuncia forzada del primer ministro iraquí, Nour-al-Maliki, ha abierto una tenue esperanza para el futuro de un país que hoy está al borde de convertirse en un Estado fallido. El ya ex jefe de Gobierno ha sido uno de los factores principales de la orgía de sangre y barbarie que se ha desatado sobre Iraq en los últimos meses. Su abierto sectarismo chiíta en contra de la población sunita, su corrupción desatada y la actuación de sus milicias contra ciudadanos indefensos en las provincias donde la confesión rival es mayoritaria, han sido la semilla sangrienta que ha auspiciado los avances del ISIS procedente de Siria y que ha estado a punto de acabar con Iraq como nación independiente.

La larga mano de los ayatollás iraníes es la que ha movido a Maliki durante años en su intento de controlar a su vecino y extender su hegemonía sobre el conjunto del Próximo y Medio Oriente. Esta división profunda entre iraquíes ha propiciado la penetración del ISIS y ha sembrado la confusión generando un complejo escenario de violencia en el que el ISIS por una parte, las milicias chiítas de Maliki por otra, las tribus sunitas como elemento adicional de discordia y los kurdos para completar el cuadro, han vivido un período de enfrentamientos múltiples sin posibilidad alguna de respeto por el imperio de la ley y por un orden constitucional mínimo.

De la misma forma que el tiempo ha probado que el derrocamiento de Saddam Hussein y la invasión de Iraq fue un error estratégico de primera magnitud de la Administración Bush, el empecinamiento de los Estados Unidos en sostener a Maliki cerrando los ojos a sus latrocinios, su dependencia de Teherán y sus abusos contra los sunitas, ha representado una prueba más de la superficialidad de la política exterior norteamericana en esta convulsa región del planeta.

Ahora el nuevo primer ministro Haidar-al-Abadi tiene la oportunidad de cambiar positivamente una situación insostenible disolviendo las milicias anti-sunitas creadas por su predecesor, desvinculando por completo los asuntos de Iraq de la nefasta influencia del régimen teocrático iraní, acabando con la venalidad de los funcionarios, auspiciando una justicia independiente, liberando a los miles de prisioneros políticos de la etapa de Maliki y formando un Ejecutivo de unidad nacional multiconfesional, multipartidista, competente e integrador.

Un gesto muy conveniente que demostraría su compromiso con la regeneración del sistema sería su renuncia a sus cargos en el partido chiíta Dawa para erigirse así en una figura realmente por encima de intereses parciales en aras del verdadero interés general. En cuanto a Estados Unidos y la Unión Europea, deben apoyar al máximo al nuevo Gobierno de Iraq para liberarlo de la tutela iraní y actuar con toda contundencia contra el ISIS. La lentitud o las medias tintas en esta tarea urgente prolongarán el sufrimiento de millones de iraquíes inocentes que sólo desean la paz y la estabilidad tras décadas de muerte, miseria y desesperación.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba