El tiempo recobrado

En busca del alma perdida

A veces, cuando se trata de describir la existencia de dos corrientes de pensamiento en el seno de una misma fuerza política se habla de que un determinado partido tiene “dos almas”. Así, en los años setenta se habló de las dos almas del PSOE, la socialdemócrata y la marxista, que colisionaron en la célebre pugna entre Felipe González, que encarnaba entonces el nuevo socialismo a la europea, y la vieja guardia impregnada todavía de los apolillados dogmas del pasado. El enfrentamiento, que alcanzó tintes dramáticos con órdago de González incluido, se resolvió en el mítico Congreso Extraordinario de Septiembre de 1979 con el triunfo rotundo de los renovadores. Como no hay nada nuevo bajo el sol, casi cuatro décadas más tarde el Partido Laborista británico está sufriendo un desgarro similar con el agrio choque entre bases y sindicatos por un lado y Grupo Parlamentario por otro en torno al liderazgo de James Corbyn, anacrónico defensor, como Gómez Llorente y Castellano en España en el XXVIII Congreso del PSOE, de un concepto del socialismo ampliamente superado por la realidad económica y social del mundo globalizado. De hecho, la izquierda europea ha venido experimentando una tensión de esta naturaleza prácticamente desde la publicación del Manifiesto Comunista en 1848. Es célebre en este contexto la profunda divergencia que se produjo en 1919 en el Partido Socialdemócrata alemán entre la muy radical Rosa Luxemburgo y el pragmático Friedrich Ebert, que acabó trágicamente con el asesinato de la primera por las tropas encargadas de sofocar la rebelión espartaquista.

En Podemo lo que se está forjando en una diferencia sustancial de contenidos y de fundamentos ideológicos

Estas consideraciones vienen a cuento por la polémica desatada estos días vía redes sociales y declaraciones sucesivas a los medios que ha puesto de relieve que en Podemos conviven también dos conceptos distintos y, como se va viendo, difícilmente conciliables, del papel que debe jugar esta flamante y pujante organización en la presente etapa política española. A medida que Pablo Iglesias y su corte desde una orilla del río podemita e Íñigo Errejón y sus seguidores desde la opuesta, proceden a perfilar y concretar sus respectivas visiones y planteamientos, se advierte que, lejos de tratarse de una mera discrepancia en cuanto a la forma o el envoltorio de la doctrina, lo que se está forjando en una diferencia sustancial de contenidos y de fundamentos ideológicos.

Errejón, en términos taurinos “El Niño de la Beca”, parece haber comprendido que el lenguaje incendiario y las posiciones dogmáticas de corte comunista clásico han empezado a llevar a Podemos, y de persistir en ellas lo conducirán irremediablemente, al declive y al fracaso. La pérdida de un millón de votos en el corto espacio de tiempo que ha ido desde Diciembre de 2015 a Junio de 2016 ha sido, señala Errejón, el primer aviso de la serie que puede acabar devolviendo a Podemos al corral de la irrelevancia. Su oponente en esta lid, Pablo Iglesias, tras algunas veleidades jugando con el disfraz de la moderación, se inclina, en cambio, por el discurso implacable, la amenaza rotunda a la casta y a los capitalistas y la agenda agresiva contra la propiedad privada, la ortodoxia presupuestaria y el orden constitucional. De manera gráfica, este contraste de proyectos se ha plasmado en dos imágenes, la lanzada por Iglesias en relación al miedo que Podemos ha de dar a sus enemigos y la aguda observación de Errejón sobre el problema que se crea cuando el pavor no lo despiertas en los banqueros y los plutócratas, sino en la vecina del cuarto, que es la que en principio te ha de votar.

La impresión que cuaja es que Errejón es más inteligente y comedido y que Iglesias empieza a experimentar un progresivo encogimiento del cerebro oprimido por el desbordamiento de su ego. Por ejemplo, una cuestión elemental que el líder de Podemos ignora olímpicamente es que para que haya verdadera democracia interna en un partido el aparato ha de ser exquisitamente neutral en las elecciones primarias y su comportamiento autoritario en el combate por el control de Madrid le descalifica como campeón de la regeneración del sistema, mientras que Errejón en este tema se muestra hábilmente discreto. Otro aspecto interesante de la batalla de Madrid en Podemos es el peligro que siempre representa la mujer despechada, que rara vez olvida y casi invariablemente la devuelve. O sea, la vida misma.

Un rostro hosco, irritado e inflexible, unido a la adopción de fórmulas desprestigiadas por la Historia, sólo contribuirá a mermar su apoyo electoral

Todo apunta a que los hechos le darán a la larga la razón a Errejón, que acierta cuando recuerda que el atractivo de Podemos radicaba en su frescura, en su transversalidad, en su vocación de limpieza de un entramado institucional podrido, y que la exhibición de un rostro hosco, irritado e inflexible, unido a la adopción de fórmulas doctrinales rígidas desprestigiadas por la Historia, sólo contribuirá a mermar su apoyo electoral.

En cualquier caso, Podemos al menos presenta dos almas, lo que resulta estimulante en un paisaje político en el que de los otros tres principales actores, dos la han perdido hace tiempo y el tercero la confunde con un manual de urbanidad. Esa es la gran misión de la derecha y de la izquierda que han sido hasta la fecha los pilares del régimen del 78: recuperar su alma perdida en el laberinto del partidismo, el oportunismo, la tecnocracia y la corrupción.


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