OPINIÓN

Rajoy se siente en forma

Cualquiera dotado de la mínima capacidad de análisis racional advertiría que una estrategia de comunicación y un liderazgo que, pese a la gradual consecución de sus pretendidos objetivos, ven como el electorado les retira ostensiblemente su confianza, reclama un cambio.

Rajoy se siente en forma.
Rajoy se siente en forma. RTVE

La última encuesta del CIS presenta datos inquietantes para el futuro de nuestro país a medio plazo. De acuerdo con este amplio sondeo, el Partido Popular se encuentra en una intención de voto netamente inferior al resultado que consiguió en Junio de 2016, que no fue precisamente brillante. Y lo que es peor aún, la suma de los dos grandes partidos de izquierda supera, debido a la recuperación de los socialistas, al total de las dos principales formaciones de centro-derecha. Junto a esta tendencia global, el Presidente del Gobierno recibe la peor nota entre los cuatro primeros jefes de filas del Parlamento, alcanzando así un nivel de rechazo francamente preocupante. Este debilitamiento progresivo del PP se produce, curiosamente, en momentos en que la economía crece a buen ritmo y el desempleo baja de manera sostenida. Dado que el proyecto de los populares consiste esencialmente, tal como han reiterado sus figuras más destacadas, en crear puestos de trabajo, se da la paradoja de que el supuesto éxito de su política lleva al partido en el poder a perder apoyo social.

Contra la lógica más elemental, nadie en el PP, empezando por el propio inquilino de La Moncloa, recomienda una revisión de mensajes y de planteamientos, sino que todos expresan su satisfacción

Cualquiera dotado de la mínima capacidad de análisis racional advertiría que una estrategia de comunicación y un liderazgo que, pese a la gradual consecución de sus pretendidos objetivos, ven como el electorado les retira ostensiblemente su confianza, reclama un cambio de la una o del otro o preferiblemente de ambos con el fin de transformar el descenso en ascenso. Extrañamente, y contra la lógica más elemental, nadie en el PP, empezando por el propio inquilino de La Moncloa, recomienda una revisión de mensajes y de planteamientos, sino que todos expresan su satisfacción, anuncian grandes victorias y proclaman su adhesión incondicional y entusiasta al jefe.

El colmo de este sinsentido lo revela la afirmación de uno de los más acreditados palmeros del Presidente de que "Rajoy está legitimado" para volver a encabezar la lista dentro de tres años. Si ser el dirigente peor valorado, haber convertido una mayoría aplastante en una renqueante minoría mayoritaria y estar perdiendo votos día a día legitima a un líder, entonces el partido del Gobierno necesita sustituir a su augur de cabecera por un buen oculista. Esta ceguera generalizada en las siete plantas de Génova 13, en sus Grupos parlamentarios y en sus baronías territoriales, se explica por la absoluta carencia de democracia interna y la servil dependencia de todos los que ocupan alguna posición de relevancia de aquel que les ha colocado, que no es otro que el tan "legitimado" para prolongar su agonía.

Esta ceguera generalizada en las siete plantas de Génova 13, en sus Grupos parlamentarios y en sus baronías territoriales, se explica por la absoluta carencia de democracia interna y la servil dependencia

Tal como la sociología política ha demostrado incontestablemente desde que las democracias modernas hicieron su aparición, el triunfo electoral no está relacionado necesariamente con la realidad, sino con la percepción de la misma que tenga la gente, esa gente cuyo monopolio de representación se arroga presuntuosamente Pablo Iglesias. Y ¿quién es la gente? Pues una masa heterogénea e imprevisible de decenas de millones de personas, la mitad de las cuales jamás ha leído un libro, que entiende el mundo básicamente a través de las imágenes que absorbe de las pantallas de televisión y del efecto de los impactos comprimidos de las redes sociales, presa fácil de los impulsos emocionales, capaz de lo mejor y de lo peor, y mucho más receptiva a las impresiones que a los razonamientos. Para conseguir que acudan a las urnas y depositen una papeleta determinada hay que construir un relato que las fascine, no que las convenza. En este aspecto, Mariano Rajoy es un auténtico repelente del voto. Su discurso plano plagado de sosas obviedades, su aversión al riesgo, su pasividad frente a los acontecimientos, por urgentes o dramáticos que sean, su lenguaje vacío de metáforas, su relativismo moral, su concepto monótonamente administrativo de la acción de gobierno, su intrínseca incompatibilidad con cualquier asomo de exaltación épica o de sentimiento lírico, su fatalismo escéptico y su inclinación permanente a la indolencia, le convierten en el arquetipo del candidato no votable. Su espectacular resultado de 2011 no se debió para nada a su candidatura, sino a pesar de ella, dadas las muy peculiares circunstancias en las que se encontraba España en aquellas fechas. De hecho, el PP habría obtenido mayoría absoluta con cualquier otro número uno y es muy probable que con un cabeza de cartel carismático y con capacidad de arrastre se habría salido de la tabla. El todavía amo y señor indiscutido del PP ha declarado sentirse "en forma" para aspirar a la Presidencia del Gobierno por quinta vez. Semejante apreciación indica lo poco que se conoce a sí mismo o la magnitud de su desprecio por sus correligionarios y por sus compatriotas en general.


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