El tiempo recobrado

Monarquía y democracia

Entre las muchas inconsistencias y banalidades del programa de Podemos, destaca una última bobada salida de la boca de Pablo Iglesias. La forma de Estado es un tema de debate público y existen en el mundo diversas modalidades de esta institución clave de los ordenamientos constitucionales. El vértice simbólico y político de una nación puede adoptar la variedad monárquica o la republicana y dentro de estas dos grandes categorías hay tipos diferentes de formularlas. En el panorama internacional encontramos monarquías absolutas como Arabia Saudita, casi absolutas como Marruecos, rotatorias como en Malasia o estrictamente representativas sin poder alguno efectivo como Dinamarca, Suecia, Holanda o España. Dentro de las repúblicas, las hay con presidentes sin facultades ejecutivas, como Italia o Alemania, o con jefaturas de Estado que a su vez son cabezas del gobierno, como Estados Unidos o Méjico, o también las que utilizan sistemas intermedios, como Francia. Cada país adopta la modalidad que mejor se adapta a su tradición y a sus circunstancias y que sus ciudadanos acepten.

La exigencia del l

íder de Podemos de que el rey Felipe VI se someta al refrendo de las urnas es, aparte de una exhibición ridícula de demagogia, la demostración de una ignorancia alarmante sobre teoría política

La exigencia del líder de Podemos de que el rey Felipe VI se someta al refrendo de las urnas es, aparte de una exhibición ridícula de demagogia, la demostración de una ignorancia alarmante sobre teoría política en un profesor de esta disciplina. Los reyes lo son precisamente porque su función y su puesto en el nivel más alto del Estado son permanentes y no están sujetos a revisión periódica. Nuestra vigente Constitución, de acuerdo con nuestra historia y con la voluntad mayoritaria del sujeto constituyente, que somos los españoles de manera indivisa, prescribe que la jefatura del Estado queda asignada a la persona de Juan Carlos de Borbón y Borbón y de sus sucesores como depositarios legítimos de los derechos dinásticos de la Corona que ha venido rigiendo España, salvo los dos desastrosos y breves intervalos de la Primera y la Segunda República, durante más de mil años. Esta decisión colectiva tomada en 1978 fue absolutamente democrática y, por supuesto, puede ser revisada mediante los procedimientos previstos en la propia Ley de leyes, pero mientras esté en vigor Felipe VI ostenta con total legalidad y legitimidad sus competencias y su misión simbólica, representativa, arbitral y moderadora. La monarquía parlamentaria y democrática es una solución muy conveniente para organizar el Estado porque su coste es modesto, su utilidad muy grande, los beneficios que aporta en términos de estabilidad y continuidad evidentes y su apoyo por la sociedad española mayoritario.

Evidentemente, ser republicano o monárquico es una opción libre y un partido puede declararse republicano en España sin ningún problema y si un día ganase las elecciones con la suficiente fuerza podría impulsar una reforma constitucional es este sentido, aunque su pretensión debería ser refrendada por una mayoría de los ciudadanos. Pablo Iglesias tiene, pues, todo el derecho a proclamar su preferencia por la república como forma de Estado, pero no puede alegar que su idea sea más democrática, tal como cualquier británico, luxemburgués o noruego le pueden explicar sin necesidad de ser expertos en ciencia política. Lo que el cabeza de filas de Podemos no debe hacer si quiere merecer un mínimo respeto intelectual es solicitar que el Rey sea elegido como si de un concejal o un diputado se tratase. O sea, que una cosa es ser republicano y otra es soltar tonterías a granel.


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