El tiempo recobrado

Ley y fuerza

El choque entre ucranianos pro-europeos y pro-rusos ha costado ya más de un centenar de muertos, millares de heridos y abundante destrucción. Un país que se encontraba antes de las revueltas y de la invasión rusa de Crimea al borde de la insolvencia, se ha precipitado a la ruina. La Unión Europea y los Estados Unidos han advertido a Moscú que su pretensión, hoy en fase de realización, de apropiarse de una parte de territorio ucraniano, viola la constitución de Ucrania y el derecho internacional. No parece que esta advertencia haya impresionado demasiado a Vladimir Putin, que ha enviado un numeroso contingente de tropas a Crimea y se dispone a responder favorablemente  a la petición mayoritaria del pueblo crimeo de regresar al seno de la madre Rusia tras el oportuno referendo exprés celebrado entre tanques y ametralladoras.

Un completo desastre, en suma, que hará descender el nivel de vida de la sociedad ucraniana durante por lo menos una década y mutilará su territorio nacional, eso si las cosas no se ponen aún peor y la situación acaba en un baño de sangre de grandes dimensiones.

Los separatistas catalanes, que andan también metidos en la inteligente operación de enfrentar a los catalanes entre ellos y con el resto de España mediante el fomento del odio, la fabricación de mentiras y la exhibición de agravios imaginarios, harían bien en mirar hacia los lejanos confines orientales en los que se desarrolla en estos días la tragedia ucraniana. Cataluña no tiene nada que ver con Ucrania, se han apresurado a proclamar, conscientes de las consecuencias negativas para su propio proyecto secesionista del desastre a orillas del Mar Negro. Se equivocan de nuevo. Existen analogías evidentes entre los dos problemas. Artur Mas y sus corifeos también se saltan a la torera las sentencias judiciales-las relativas al bilingüismo en las aulas-, también desafían el orden constitucional -declaraciones de soberanía en el Parlamento autonómico y construcción de “estructuras de Estado”-, también son corruptos hasta la médula -los incontables latrocinios del clan Pujol- , también pugnan por convocar una consulta ilegal -anunciada para noviembre-, y también incumplen acuerdos solemnes -el pacto de la Transición-.

La lección que deben aprender los nacionalistas que gobiernan la Generalitat al observar el desgarro ucraniano es que el único amparo seguro para sus absurdas reivindicaciones es la Constitución española de 1978 y su estricto cumplimiento. Fuera de ella, les espera el drama que están sufriendo hoy los infortunados ciudadanos de Ucrania porque allí donde no impera la fuerza de la ley, se impone la ley de la fuerza.


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