El tiempo recobrado

Ideologías

Si se analizan los planteamientos y las propuestas de las fuerzas políticas españolas con representación parlamentaria en el momento actual en función del peso que la ideología tiene en su oferta electoral, se observa que las más radicales, Podemos, la CUP, Esquerra Republicana... son las que mayor énfasis ponen en este componente de su llamada al votante. En el caso de Esquerra, se trata de un nacionalismo identitario extremo, que sitúa a la identidad cultural, lingüística e histórica como el valor supremo de la sociedad, al que deben supeditarse todos los demás, y si hay que sacrificar la libertad individual, el pluralismo o los derechos fundamentales en el altar sagrado de la nación, pues se procede a ello sin vacilar. La parte izquierdista de su programa en lo social y económico es sin duda patente, pero es la identidad étnico-lingüística-cultural y su hegemonía axiológica la que domina claramente su abordaje de la realidad colectiva.

La CUP une al separatismo de raíz nacionalista, unanticapitalismo visceral de corte marxista en el que no caben los matices: los Estados Unidos son la encarnación del mal, Israel es una potencia genocida, la propiedad privada ha de ser prácticamente abolida, la lucha de clases es el motor de la evolución social y la banca, los recursos esenciales y los servicios públicos han de ser estatales.

En cuanto a Podemos, bebe también de las fuentes clásicas del comunismo y del antiimperialismo tecermundista, con similares objetivos colectivistas, innegables simpatías por el uso de la violencia en política, y la aplicación del derecho de autodeterminación de los pueblos a una democracia occidental y europea como es España. En definitiva, estos partidos extremistas, que gozan hoy de amplio respaldo en las urnas y cuyas perspectivas inmediatas son de crecimiento según todos los sondeos, se mueven impulsados por intensas motivaciones ideológicas, que no ocultan, y que responden a visiones omnicomprensivas y rígidas del mundo.

En contraste con esta resurrección de la ideología como motor de la acción política en nuestra izquierda radical, los dos grandes partidos, PP y PSOE, exhiben un desolador vacío teórico y se limitan a exhibir un pálido pragmatismo desprovisto de recursos emocionales, que además fluctúa de acuerdo con la coyuntura o los vaivenes de las encuestas. Una parte significativa de la ciudadanía, desesperada e indignada tras la crisis y sus efectos devastadores, se siente atraída por estos esquemas simples, que responden a sus deseos de justicia y de venganza hacia los que perciben como culpables de su precaria condición, a saber, los ricos explotadores y la clase política corrupta.

En semejante escenario, que comporta el peligro del deslizamiento imparable de España hacia la disgregación y la ruina, es urgente la articulación de una mayoría social en torno a un sistema de valores y una concepción del ser humano y de las instituciones que ordenen su convivencia que se sitúen con rotundidad en el ámbito de la sociedad abierta. Las ideologías destructivas, cuando ruge la tormenta del descontento fruto de los abusos de las elites, no se combaten con la mejora temporal de los parámetros macroeconómicos o con hueras apelaciones al sentido común. Es imprescindible disponer de un conjunto bien trabado de argumentos y de compromisos morales  que pongan freno a las tentaciones totalitarias. Las ideas equivocadas se contrarrestan con ideas acertadas y si queremos sacar a nuestro país de la crisis estructural que padece, la batalla de las ideas y de los valores es tan o más importante que la marcha de los índices de crecimiento, de paro o de consumo. Al final, lo decisivo no es tanto la realidad, sino cómo la entendemos. 


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