El tiempo recobrado

Gobierno contemplativo

En una larga entrevista al ministro de Economía publicada anteayer, interrogado sobre la dificultad que representa para la recuperación un endeudamiento público del 100% del PIB, su respuesta es absolutamente brillante: “La deuda ha crecido por la financiación del déficit y también por medidas que no se van a volver a producir, como la asistencia bancaria”. Recuerda a aquel presidente norteamericano que en un discurso afirmó solemnemente que cuando el número de personas sin trabajo aumenta, crece el paro. Si a esta observación indiscutible sobre la deuda, añadimos otra no menos aguda sobre la reforma de la Administración cuando afirma que “el problema no es el gasto público, sino la toma de decisiones por la alta descentralización”, el sentir general de que el titular de la cartera económica es el más inteligente del banco azul, provoca cierta inquietud. Por supuesto que el problema es el gasto público, especialmente el improductivo, que es simplemente desaforado. ¿O es que Luis de Guindos considera que una diferencia entre gastos e ingresos de 68.000 millones es algo llevadero ejercicio tras ejercicio?

Ahora la prima de riesgo se encuentra en niveles cómodos porque, tal como él mismo reconoce en otro momento de sus declaraciones, los mercados han sentado la convicción de que el euro no caerá, es decir, admite que el alivio de la presión sobre nuestro crédito depende de factores exógenos, pero ¿y si mañana algún acontecimiento internacional imprevisto deteriora la confianza y la prima vuelve a encresparse? ¿No sería mejor, como le recomienda con toda la razón el entrevistador, poner en marcha un plan de choque que reduzca de verdad los graves desequilibrios y las notorias deficiencias de nuestro sistema productivo?

Pletórico de seguridad en sí mismo y en el legendario sentido común del Presidente del Gobierno, el ministro insiste en que no hay que cambiar de rumbo, que todo se está haciendo bien y que al final de la legislatura se habrán creado 600.000 empleos netos. Teniendo en cuenta que en el primer trimestre de este año, el número de ocupados ha caído en 183000, y que faltan diecinueve meses para que se convoquen elecciones generales, su alegre predicción recuerda las muestras de triunfalismo del ínclito Zapatero en 2008 mientras los negros nubarrones de la crisis se acumulaban en el horizonte. Si a lo anterior se suma que la reforma laboral es “la mejor que se podía hacer”, que está “dispuesto a negociar” -¿el qué?- con los separatistas catalanes y que la insólita elevación del empleo público en la última EPA es sólo “una encuesta”, es evidente que disfrutamos de un Gobierno que ha sustituido la acción por la contemplación, actividad muy beneficiosa para la paz del espíritu y la salud del alma, pero poco operativa en una etapa en la que en España hay un millón de hogares sin ingresos, un 30% de pobreza infantil y la población activa disminuye porque la gente tira la toalla o se marcha a otros países en busca de las oportunidades que la pasividad del Ejecutivo le niega en el suyo.


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