El tiempo recobrado

Fusión de poderes

Hay decisiones de Gobierno que representan un coste económico y otras que no gravitan sobre el presupuesto, pero que acarrean un evidente riesgo en las urnas. Una fuerte subida de impuestos se puede justificar por la necesidad de reducir el déficit, aunque es obvio que también es posible disminuir el gasto estructural del Estado. Sin embargo, la búsqueda de un pretexto demuestra al menos la voluntad de ocultar el atropello.

En el caso de la elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial mediante cuotas de partido, la cúpula del PP ni siquiera se ha molestado en intentar una justificación de este atentado contra la división de poderes, elemento fundamental del Estado constitucional democrático. Lo que llama la atención no es ya el flagrante incumplimiento de una reiterada promesa electoral, sino la desfachatez con la que se ha perpetrado. Tras el anuncio del reparto del botín del órgano rector de la judicatura entre las diferentes siglas del arco parlamentario, se ha levantado la esperada reacción de indignación en la calle, y los editoriales y las columnas han ardido a lo largo y ancho de la geografía nacional.

Este hecho vergonzoso demuestra que el oligopolio que controla la vida institucional del país, a saber, los jefes de filas de los grandes partidos, no está dispuesto a ceder ni un milímetro de su férreo dominio. Para los millones de españoles que creen en una justicia verdaderamente independiente, el pacto que se ha cerrado a costa de la salud de nuestra cosa pública es una herida profunda en la conciencia moral colectiva. El núcleo del problema de España en estos días de fin de ciclo histórico radica en la degeneración de nuestra democracia en partitocracia y mientras esta aberración no se corrija no conseguiremos volver a la senda del crecimiento material y de la regeneración ética.

Casi todos los males de la patria nos vienen impuestos por un pequeño grupo de dirigentes políticos que tienen en sus manos todas las palancas del Estado impidiendo que los mecanismos de representación, participación y control de los gobernantes por los gobernados funcione con la eficacia y la continuidad requeridas. Su prepotencia es tal que no advierten que sus desmanes tendrán consecuencias y que se avecina un tsunami que probablemente los barrerá a ellos y al tinglado que han montado para su exclusivo beneficio. Confían en la rigidez del mercado electoral y en sus electorados cautivos y se carcajean de aquellos que denuncian sus abusos y exigen reformas de fondo.

Encerrados en sus torres ebúrneas y abotargados por el incienso de sus aduladores no oyen el rumor sordo de la gigantesca ola que crece imponente en el horizonte.


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