El tiempo recobrado

Estadios anticonstitucionales

Ante la próxima final de la Copa del Rey a jugar entre el Fútbol Club Barcelona y el Atlético de Bilbao han abundado los comentarios y las tomas de posición en previsión de que se produzcan, como en ediciones anteriores, pitadas o insultos al himno nacional o a la Corona por parte de las aficiones respectivas. El ordenamiento legal vigente no contempla como delito estas incívicas manifestaciones de rechazo a los símbolos constitucionales, por lo que no es posible sancionar a los infractores ni suspender el encuentro como han propuesto algunos dirigentes políticos tan llenos de voluntarismo como escasos en conocimientos jurídicos. Los asistentes a este acontecimiento deportivo a los que ofendan estos comportamientos no tendrán, pues, otro remedio que aguantarse y sobrellevar el temporal, incluido, naturalmente, el propio Jefe del Estado que da nombre a la competición.

El ordenamiento legal vigente no contempla como delito estas incívicas manifestaciones de rechazo a los símbolos constitucionales, por lo que no es posible sancionar

La creación de corrientes de opinión contrarias a la unidad nacional y a la cohesión solidaria entre españoles, que tanto escandalizan al Gobierno y a la formación que le apoya, no es un fenómeno de ahora ni tampoco es casual. Los que desde las altas esferas del Ejecutivo y del PP se indignan frente a estos agresivos ejercicios de la libertad de expresión, harían bien en hacer examen de conciencia y recordar su considerable parte de responsabilidad en la gestación de este desastre. Todos tenemos en mente la célebre foto del Pacto del Majestic, mediante el cual Aznar entregó Cataluña a Jordi Pujol, en la que figuraban orondos y sonrientes cinco personajes muy concretos, aparte del entonces candidato a presidente del Gobierno, de los cuales tres se encuentran hoy imputados por graves delitos económicos o de pura y simple corrupción. El tiempo coloca a cada uno en su lugar y no deja de ser curioso que el vergonzoso acuerdo en virtud del cual el PP renunció a su proyecto en Cataluña y abrió paso a la eclosión independentista actual fuera protagonizado por un grupo de responsables públicos abundante en delincuentes. Visto con perspectiva histórica, a nadie puede extrañar que carecieran de patriotismo y de honorabilidad gentes que se han revelado como desprovistos de cualquier asomo de conciencia moral.

En cuanto a los socialistas que en Madrid hacen aspavientos cuando los hooligans independentistas catalanes y vascos se recrean en todo tipo de vejaciones a España, conviene que tengan presente que fue un presidente de Gobierno de sus siglas el que se comprometió a aceptar toda reforma estatutaria que aprobase un Parlamento de Cataluña de hegemonía secesionista y que su socio en aquella comunidad está a favor de una consulta popular anticonstitucional y ha respaldado siempre las continuas vulneraciones de los derechos fundamentales de los ciudadanos en los campos cultural y lingüístico perpetradas por los nacionalistas.

Comenzando por la cesión suicida de la educación a las Comunidades Autónomas y siguiendo por las repetidas transferencias de  competencias que han ido fragmentando la soberanía nacional y debilitando hasta extremos inauditos al Estado, el proceso que nos ha llevado al espectáculo vergonzoso que sin duda contemplaremos el treinta de mayo, tiene dos culpables: los nacionalistas, de los que no se puede esperar otra cosa, y los dos grandes partidos nacionales, que han desistido sistemáticamente de sus obligaciones como garantes de la igualdad y la unidad de todos los españoles. También es verdad que si uno se encuentra muy atareado robando y persiguiendo el poder a toda costa, no puede prestar demasiada atención a otras tareas más nobles, pero menos remuneradoras.


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