El tiempo recobrado

Encuestas y apuestas del 20D

Mi experiencia con las encuestas electorales me ha conducido a un matizado escepticismo sobre sus predicciones. He visto notables aciertos y fallos garrafales, ocasiones en que han clavado los resultados y días de consternación en los que no han dado ni una. Además, la sospecha de que la empresa encargada del sondeo y de su interpretación es sensible a los intereses del partido o del gobierno que la paga no parece aventurada en un gran número de citas con las urnas. Mi conclusión después de un cuarto de siglo de actividad política es que lo único que revelan las encuestas de manera fiable son tendencias, es decir, por mucho que se manipulen o que sus confeccionadores sean profesionalmente incompetentes, hay algo que no pueden alterar, la evolución cualitativa de la opinión más allá de los errores en el plano cuantitativo.

No hay que descartar que al final Ciudadanos sea segunda fuerza porque su velocidad de marcha en sentido ascendente se mantiene desde hace meses

Por eso mis propios pronósticos se basan en la observación de la dirección del viento, más que en su intensidad. Lo que sucederá el próximo 20 de diciembre está claro: el Congreso de los Diputados tendrá cuatro actores principales y no dos como ha venido sucediendo a lo largo de los últimos treinta años. Su posición relativa es otro punto de gran interés y se consolida la impresión de que el orden será PP. PSOE, Ciudadanos y Podemos. La situación durante el último año ha sido muy volátil y hemos asistido a subidas y bajadas sucesivas a tenor del transcurso de los acontecimientos y de los correspondientes titulares. Sin embargo, en esta recta final en la que nos encontramos, no hay que descartar que al final Ciudadanos sea segunda fuerza porque su velocidad de marcha en sentido ascendente se mantiene desde hace meses.

Pedro Sánchez es aún más liviano que Zapatero y si éste era de consistencia líquida, el apolíneo Secretario General actual exhibe un marcado estado gaseoso. La impresión que causa –al igual por cierto que María Dolores de Cospedal– es la de un muñeco de ventrílocuo que habla movido por una mano oculta y con una voz ajena que suena a través de su boca. En esa cabeza no hay una sola idea digna de mención y sus afirmaciones, todas ellas de una decepcionante trivialidad, fluctúan según las presiones sobre él sean más o menos fuertes o su pánico a sus dos competidores emergentes se vuelva incontrolable y le provoque bandazos en uno u otro sentido. Su última rectificación sobre la reforma laboral le sitúa en la categoría de lo que los ingleses llaman una non-entity. Recordando a Churchill y su mordaz observación sobre Attlee, se puede decir que cuando Pedro Sánchez se apea de un taxi el vehículo lleva puesto el cartel de libre.

Si bien PP y PSOE cuentan con una base clientelar de estómagos agradecidos tras décadas en el poder municipal, autonómico y estatal que les proporcionan un suelo inamovible, del que carecen Rivera e Iglesias, queda un amplio margen para los cambios del mapa parlamentario. Ciudadanos se está afianzando en los sectores más preparados y urbanos frente a Podemos porque representa una forma de acabar con el viejo régimen partitocrático, sus ineficiencias y corruptelas, de menor riesgo que Podemos, cuyas fórmulas colectivistas trasnochadas asustan con razón a los millones de españoles que tienen algo que perder.

En temas tan fundamentales como la unidad nacional, los enfoques tibios o inconcretos, tal como ha quedado patente en la caída libre del PSC en Cataluña, se pagan muy caro

Tampoco hay que olvidar que en temas tan fundamentales como la unidad nacional, los enfoques tibios o inconcretos, tal como ha quedado patente en la caída libre del PSC en Cataluña, se pagan muy caro. Y en este asunto crucial, en el que Rivera muestra una firmeza de roca, Pablo Iglesias se pasea por tierra de nadie provocando la desconfianza de no pocos de sus propios simpatizantes. Por otra parte, los naranja se pueden permitir captar voto a su derecha y a su izquierda, cosa que no está al alcance del PSOE, y por tanto en el estanque de Ciudadanos desembocan dos ríos procedentes de antiguos votantes populares y socialistas, lo que hace plausible que acaben por sobrepasar al liviano candidato de Ferraz. Los españoles entre el centro y la derecha que ya no puedan apoyar a Rajoy por una simple cuestión de fisiología gástrica, disponen de la opción de Ciudadanos como una alternativa nueva, fresca y atractiva, y los que se colocan entre el centro y la izquierda y están hartos de un PSOE de pasado corrupto encabezado hoy por una pompa de jabón también contemplan a Rivera como una posibilidad tranquilizadora y fiable.

Mi quiniela es, pues, primero el PP muy por debajo de la mayoría absoluta, segundo Ciudadanos con capacidad de decidir quién gobierna, tercero el PSOE a muy poca distancia y cuarto Podemos, destinado a la irrelevancia. Una variante de este cuadro es la permuta de lugares entre Ciudadanos y PSOE, separados por un estrecho margen, pero con Ciudadanos siempre como king maker. Pronto sabremos si he acertado o no, aunque en cualquier caso nada será igual dentro de seis semanas y no precisamente como en la Sicilia del Gatopardo.


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