El tiempo recobrado

Dolor sobre dolor

El divorcio entre el partido del Gobierno y un amplio sector de las víctimas del terrorismo etarra resulta ya inocultable y en la reciente ceremonia en recuerdo de Gregorio Ordóñez afloró con sobrecogedora intensidad. El discurso de Consuelo, hermana del héroe mártir, sonó como un aldabonazo en las conciencias de todos los presentes, salvo en las de aquellos que la tienen anestesiada. Asistentes al acto confirman que la tensión latía en el aire aterido del cementerio de Polloe, en el que se reunieron sin juntarse miembros de la cúpula del PP vasco, representantes de la nueva formación VOX y ciudadanos deseosos de rendir una vez más homenaje a la memoria del hombre que, si no hubiera sido vilmente asesinado, habría cambiado la historia de su ciudad, de su tierra y muy probablemente de España.

En la primera mitad de los noventa se produjeron dos hechos que determinaron la evolución del problema de los nacionalismos en nuestro país, el disparo homicida sobre Gregorio Ordóñez en enero de 1995 y el cambio de estrategia del PP en Cataluña a partir de marzo 1996. Hoy el constitucionalismo está en caída libre en el País Vasco mientras la banda ha regresado a las instituciones y al disfrute del dinero del contribuyente, y el separatismo catalán ha fijado ya día y procedimiento para liquidar a España como Nación. Este fracaso colectivo, esta claudicación ante el enemigo interior, obsesionado por hacer trizas la matriz de nuestros derechos y libertades, se reflejaba en la amargura de las palabras de Consuelo Ordóñez, en los rostros circunspectos de los desertores de su legado y en la expresión resuelta de los que están decididos a revivirlo.

ETA no mata porque su recorrido de sangre y barbarie le está rindiendo los frutos políticos que se marcó en el inicio de su actividad y la negación de esta verdad lacerante es una forma de colaboración con sus fines. Se comprende que, tal como lamentaba la presidenta de COVITE, el Gobierno no reciba a las asociaciones de víctimas y las ignore. Ha de ser muy difícil mirar a la cara a los deudos de los muertos después de la excarcelación de Bolinaga y la pasividad frente a la afrenta sufrida a manos del Tribunal de Estrasburgo. La ruptura del PP oficial con las víctimas no ha de interpretarse como un acto de crueldad, es una demostración de vergüenza. Y es que gobernar con mayoría absoluta es difícil, en efecto, pero para los irresolutos. 


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