El tiempo recobrado

Democracia interna, ¿para cuándo?

El terremoto sufrido por el Partido Socialista de Madrid ha sido interpretado por sus víctimas como un ataque flagrante a la democracia interna y una vulneración inmisericorde de los estatutos del PSOE. Sobre el papel, no les falta razón porque en su día Tomás Gómez fue elegido candidato a la presidencia de la Comunidad por una amplísima mayoría de militantes y la brutalidad y las malas formas de su destitución como Secretario General y como futuro cabeza de lista han sido realmente notables, incluso dentro de los hábitos de los dos grandes partidos del sistema, que no se distinguen precisamente ni por su respeto a sus propias reglas de juego ni por su finura en las relaciones humanas.

Gómez maniobró para ser el único candidato y se valió de su posición preeminente como máximo dirigente de la organización para ahuyentar a cualquier posible rival

Ahora bien, el propio cesado tampoco fue muy escrupuloso durante el proceso de su designación por las bases. Maniobró para ser el único candidato, jugó con la enorme ventaja de disponer del aparato del partido a su exclusivo servicio y se valió de su posición preeminente como máximo dirigente de la organización para ahuyentar a cualquier posible rival al estilo de los grandes primates que se golpean ferozmente el pecho para asustar a otros machos de la manada si se atreven a poner los ojos sobre su harén. En otras palabras, la democracia interna que le situó en las alturas desde las que ahora ha caído fue formalmente válida, pero más que dudosa en la realidad. Lo mismo hizo Susana Díaz en su confrontación con Luis Planas por la dirección del Partido Socialista de Andalucía. Acaparamiento de avales valiéndose del uso de los resortes burocráticos en su beneficio, manejo del calendario para dejar a su oponente sin margen de maniobra y demás martingalas y trapacerías propias de estos casos.

Hay que reconocerle al PP una total claridad en este tema. Todo el mundo admite en público y en privado que las listas las confecciona el líder con criterios arbitrarios de los que no da cuentas a nadie y los afiliados son espectadores pasivos de las evoluciones del dedo cesáreo hasta que tiene a bien señalar a los afortunados. En el partido del Gobierno no es que no haya democracia interna, es que se considera una excentricidad e incluso una muestra de mal gusto. Entre las nuevas formaciones, probablemente sea Ciudadanos la que opera con mayor respeto a la voluntad de sus militantes y donde la dirección se mantiene, por lo menos en apariencia, más neutral frente a las distintas candidaturas en pugna.

 En el partido del Gobierno no es que no haya democracia interna, es que se considera una excentricidad e incluso una muestra de mal gusto

En cuanto a Podemos, su jefe supremo tampoco es un dechado de prudencia a la hora de implicarse en la arena electoral de sus cargos orgánicos y de sus listas de candidatos. Se manifiesta claramente a favor de unos y en contra de otros, da apoyo público a sus favoritos y desde luego se vale contundentemente de su ascendiente sobre el cuerpo electoral de militantes y simpatizantes para impulsar la carrera de las personas que le son afines.

En definitiva, que en nuestro panorama político la norma general es que la democracia interna es repudiada o fingida, pero rara vez ejercida con limpieza. Mientras las cúpulas de los partidos sigan interfiriendo en los procesos electorales internos ajustando los tiempos, monopolizando los censos, inclinándose explícitamente por las opciones de su cuerda y discriminando a las molestas, no habrá auténtico juego limpio y los métodos de selección de las elites que pueblan Ayuntamientos, Parlamentos y Gobiernos, obedecerán a los principios letales de la endogamia, el clientelismo, el nepotismo y la cooptación, con la consiguiente y progresiva pérdida de calidad del capital humano de nuestras instituciones.  


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