El tiempo recobrado

Datos desoladores

La información suministrada por el Ministerio de Hacienda sobre la actual estructura salarial en España ha caído como un jarro de agua fría sobre una ciudadanía que ya tiene suficientes motivos de pesimismo y frustración. Ver negro sobre blanco que casi la mitad de los asalariados españoles gana menos de 1.000 euros mensuales, que el 75% de los jóvenes entre 18 y 25 años que tienen la suerte de trabajar -más del 50% de esta franja de edad no gozan de esta oportunidad-  percibe el salario mínimo interprofesional, es decir, 9.000 euros al año, y que únicamente el 0,7% de la población que dispone de un empleo recibe una retribución de más de 90000 euros anuales, refleja la imagen de una economía exangüe y de una sociedad incapaz de crear riqueza en la medida suficiente para proporcionar a sus integrantes un nivel medianamente decente de vida.

Si a esto unimos un paro del 24% de la población activa, 740.000 hogares sin ingresos y 1.300.000 desempleados de larga duración, no es extraño que cada vez que un ministro o el propio Presidente del Gobierno se asoman a la pantalla de los televisores para cacarear la baja prima de riesgo, el final de la crisis y la llegada de la recuperación, los votos corran en grandes oleadas hacia la abstención o hacia Podemos. En unas recientes declaraciones, Pedro Sánchez, que se está revelando tan agradable de gestos como liviano de mente, le reprochaba a Mariano Rajoy que hubiera aprovechado la crisis para imponer su modelo de sociedad. Infundado optimismo, ojalá el jefe del Ejecutivo tuviera algo parecido a un modelo de sociedad en su cabeza, o un modelo territorial, o un modelo educativo, o un modelo institucional, o un modelo demográfico, o algún modelo de alguna cosa.

Por desgracia, lo único que ocupa sus afanes es rentabilizar al máximo la acción mínima, lo que hasta el momento le ha proporcionado una pérdida de 17 puntos de apoyo electoral, 300.000 millones más de deuda pública, la inminencia de la declaración unilateral de independencia por parte de los separatistas catalanes y la irrupción como tercera fuerza -por ahora- de un extraño remedo del colectivismo castrista-chavista pasado por la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense. Como balance de tres años de mayoría absoluta no está nada mal y es lógico que pretenda repetir como candidato de su partido en las generales de 2015. No creo que haya nadie en el PP capaz de hazañas tan sobresalientes.

Se ha comentado mucho en estos días un estudio prospectivo de una prestigiosa consultora que anuncia que necesitaremos veinte años para recuperar el nivel de empleo de 2007, futuro no demasiado estimulante. Ahora bien, esta predicción no cuenta con la posible desaparición de España como Nación, la aparición truculenta de un frente popular encabezado por Pablo Iglesias instalado enLa Moncloa y el estallido de una crisis geopolítica global de las varias posibles que se están cociendo en Oriente Medio, en Europa Oriental y en los confines de Asia.

Los políticos hablan sin parar y la realidad les desmiente incesante. Sería maravilloso elegir a diputados, concejales, alcaldes y presidentes de Autonomías o disfrutar de ministros cuyas palabras se ajustasen fielmente a los acontecimientos que observamos todos los días. La reconciliación del discurso y la evidencia empírica, hermoso e imposible sueño.


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