El tiempo recobrado

Conciliábulos

Francesc Homs, ese estadista, se ha reunido con empresarios madrileños de primer nivel para pedir árnica, porque ha entrado en pánico ante  las probables consecuencias de su irresponsable locura separatista. La ayuda que les solicita es que convenzan al Gobierno de la Nación para que se preste a una comedia que permita a su atribulado líder salir del atolladero imposible en el que se ha metido él solito. El resultado final del paripé sería, como sucede siempre con esta tropa insaciable de los nacionalistas, soltar todavía más dinero, ya que el Fondo de Liquidez Autonómica, las partidas para pago a proveedores y el cubrimiento del déficit de las pensiones de los jubilados catalanes no es, al parecer, suficiente para calmarles.

Alfredo Pérez Rubalcaba se junta también discretamente con grandes figuras del empresariado español con el objetivo de ponerles al corriente de su solución milagrosa al problema separatista catalán, que no es otra que una reforma de la Constitución para transformar España en un Estado Federal, es decir, la uniformización de las competencias de todas las Comunidades, el reforzamiento del poder central, la desaparición de los regímenes forales vasco y navarro y el fin de las relaciones bilaterales entre Autonomías y Moncloa. Como se ve, un programa realista y nada conflictivo que no hay duda que los nacionalistas aplaudirán con las orejas.

Y, como colofón de tan productivos encuentros entre genios de la política y sufridos grandes contribuyentes, una conversación secreta de dos horas, tan secreta que la conoce todo el mundo, entre el Presidente del Gobierno y el lehendakari cuyo objetivo es examinar juntos de forma constructiva y desprejuiciada la suelta masiva de criminales de la peor especie. Se supone que la respuesta de Rajoy a tan interesante pretensión ha sido negativa, aunque un no a la liquidación del imperio de la ley en nuestro desfalleciente país que requiere ciento veinte minutos de elaboración refleja el hecho diferencial galaico hasta un punto inquietante. 

El panorama es desolador. Las elites políticas y económicas cenando y almorzando para discutir del sexo de los arcángeles mientras la gente en la calle o no llega a fin de mes, o ni siquiera lo empieza o lo recorre para malvivir y llenar las arcas de la Agencia Tributaria. Si de verdad existe algo llamado sociedad civil, si todavía alienta eso que denominamos ciudadanía, se impone una reacción incontenible de abajo arriba que se lleve por delante el tinglado  ineficiente, elefantiásico y despilfarrador que nos han vendido  hinchándolo hasta cotas de pesadilla con el pretexto de que así disfrutaríamos de una verdadera democracia constitucional. Ya está bien de perder nuestro tiempo y nuestros recursos en idioteces inútiles. 


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