El tiempo recobrado

Cabezadas contra la pared

El Gobierno ha impugnado, al igual que hizo con la primera convocatoria oficial, el nuevo simulacro de referendo de autodeterminación que pretende celebrar Artur Mas el 9 de noviembre. Esta vez, además, el Consejo de Estado en su dictamen previo ha empleado terminología gruesa, utilizando expresiones como "deslealtad constitucional" y "responsabilidades". La fosa que está cavando el Presidente de la Generalitat para enterrar su vida política cada vez es más profunda. Se le abre así al ocupante del Palau de la plaza de Sant Jaume una nueva y dramática disyuntiva. Si desobedece y sigue adelante contra la previsible suspensión del Tribunal Constitucional, el Gobierno, incluso a su pesar, se verá obligado a exigirle las responsabilidades a las que se ha referido su máximo órgano consultor. Inmerso en el lodo de la corrupción que invade su partido, Mariano Rajoy no se puede permitir una pasividad ante el desafío separatista catalán que liquide del todo sus ya menguadas perspectivas electorales, eso sin mencionar la fronda interna que ya se agita en sus propias filas. Si, como parece lo más probable en un personajillo que combina sus bravuconadas retóricas con su pusilanimidad real, Mas renuncia también a este segundo intento de violentar el orden legal vigente, se arriesga a un enfrentamiento letal con Esquerra y a perder los restos de credibilidad que le quedan ante los catalanes partidarios de la independencia. Por consiguiente, los acontecimientos apuntan a las elecciones anticipadas como única salida que le queda al aprendiz de brujo para intentar salvar algún mueble.

Situados en este contexto de urnas abiertas legalmente, la posibilidad de una mayoría independentista parece verosímil, lo que desencadenaría un  nuevo calvario para Mas. En caso de acceder a la proclamación unilateral de independencia estilo Kosovo, pero sin ninguna de las razones aplicables a la antigua Yugoslavia, el choque con la Constitución y con el Estado será frontal y al Gobierno de la Nación no le quedará otro remedio que aplicar sin paliativos el artículo 155 de nuestra Carta Magna e intervenir la Autonomía catalana. Si le faltan agallas y no la proclama, entonces deberá huir de Cataluña antes de que sus correligionarios le corran a gorrazos. O sea, que Mas, haga lo que haga, no tiene salida, es un cadáver político, un gallo sin cabeza que corre alelado hacia un destino fatal. La conclusión es que ha perdido el juicio o que su inteligencia es extremadamente limitada. El hecho de que los ciudadanos de Cataluña hayan situado en el puesto de máxima responsabilidad ejecutiva de su Comunidad a un orate o a un débil mental nos da una idea del nivel tan bajo en el que ha caído el otrora motor de España. Cataluña no necesita una mejor financiación o mayores competencias, Cataluña necesita ser salvada de sí misma, de la paranoia colectiva que la posee desde que se aprobó el aciago Estatuto de 2006. La técnica de dar cabezadas contra la pared, cuando la cabeza no está protegida por un casco y la pared es de grueso hormigón armado, sólo tiene un desenlace, y no es precisamente favorable al dueño de la cabeza percutante. En otras épocas, los dioses cegaban a los que querían perder, hoy los que se precipitan al fracaso lo hacen arrastrados por su incompetencia, por su venalidad o por su contumaz estupidez.


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