El tiempo recobrado

Bienvenida sea la deflación

Desde julio el índice de precios al consumo se ha situado en España en tasa anual negativa encendiendo la luz de alarma de muchos economistas, que han advertido de los males de la deflación. En el conjunto de la Eurozona, el IPC ronda el 0.4% y esta preocupación se ha extendido a todo el continente. Sin embargo, en la calle la gente está satisfecha si las cosas están más baratas y los ahorradores observan con satisfacción como sus depósitos no son devorados por el alza del coste de la vida. La pregunta que cabe formular es quién tiene razón, si los expertos que reclaman inyecciones de liquidez al Banco Central Europeo o los ciudadanos de a pie satisfechos al comprobar que su cesta de la compra les resulta menos onerosa y sus huchas ganan poder adquisitivo.

En la calle la gente está satisfecha si las cosas están más baratas y los ahorradores observan con satisfacción como sus depósitos no son devorados por el alza del coste de la vida

En una reciente entrevista en el semanario alemán Wirtschafts Woche, uno de nuestros economistas más brillantes y también más controvertidos, Jesús Huerta de Soto, rompiendo, como es su costumbre, con la corriente académica mayoritaria en el ámbito de la moneda y el crédito, afirma sin ambages que la deflación no es un problema, sino “una bendición”. Sus argumentos son convincentes y la experiencia los avala. Dice Huerta de Soto que la oferta monetaria en Europa no se está contrayendo, al contrario, experimenta un crecimiento moderado, pero sostenido. Además, recuerda que una inflación del 0.4% corresponde al cumplimiento del objetivo fundamental de la política del BCE, que es mantenerla por debajo del 2%.

En el caso español, señala que mientras los precios decrecen, el PIB ha empezado a crecer al igual que el empleo, aunque todavía muy lentamente. Por consiguiente, concluye, no será tan nociva la deflación si coexiste con más ocupación y más creación de riqueza. Su tesis es que la deflación es saludable si se debe a un aumento de la productividad en un marco de oferta monetaria estable. El patrón oro imperante en el siglo XIX, cuando la cantidad total del precioso metal se incrementaba muy poco cada año, coincidió con los aumentos más espectaculares del PIB mundial generados por el fabuloso dinamismo de la industria de la época.

Su recomendación es que el emisor europeo controle el agregado monetario para que su volumen evolucione suavemente y a la vez los Gobiernos lleven a cabo reformas estructurales en sentido liberalizador con el fin de conseguir un crecimiento del orden del 3%. En estas condiciones, según su criterio, Europa entraría en una espiral positiva de más competitividad, más empleo y precios estables. Frente a los críticos de la deflación que la culpan de causar un incremento de la carga de la deuda real, contraataca apuntando a que los acreedores se benefician de ella, lo que anima su demanda. Por otra parte, no cabe duda que la deflación reduce el incentivo para endeudarse, lo que representa una garantía ante políticos manirrotos.

En definitiva, que una sana contención de precios nos protege de los excesos de nuestros gobernantes, invariablemente dominados por cortos ciclos electorales y ansiosos, por tanto, de ganarse a sus clientelas mediante dádivas de todo tipo, pagándolas con créditos que son pan para hoy y hambre para mañana. Véase lo que está sucediendo en Venezuela. Desde esta perspectiva, Huerta de Soto se muestra favorable al euro porque actúa como un patrón oro virtual en la medida que impone la disciplina fiscal de la que tan necesitados andamos si no queremos acabar en otra catástrofe. Su planteamiento suena sólido y coherente y goza de una enorme ventaja práctica de la carecen sus oponentes: que la señora Merkel está de acuerdo con él y eso pesa hoy más que cualquier lógica y cualquier evidencia, por aplastantes que sean.


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