OPINIÓN

Acomodadores y acomodados

España está pues en manos de unas elites políticas que no sólo no parecen dispuestas a defenderla de los que quieren liquidarla, sino que, por el contrario, se afanan en facilitarles la tarea.

Acomodadores y acomodados.
Acomodadores y acomodados. EFE

El Ministro de Asuntos Exteriores ha declarado a la BBC en una entrevista en la que la cadena británica se interesaba por la crisis catalana que existe una comisión en el Congreso que va a explorar la posibilidad de reformar la Constitución para “acomodar mejor las aspiraciones de algunos catalanes” y añade que la situación política en Cataluña “merece ser observada”. También recuerda que, si se celebra un referéndum para aprobar dicha reforma, en él votarán todos los españoles. Esta idea coincide, por lo menos en espíritu, con las apreciaciones del expresidente de la Generalitat José Montilla, que ha afirmado que “hay una parte de verdad en el discurso independentista” y que “hay que atender las demandas” de los separatistas. No le ha ido a la zaga Miquel Iceta cuando ha llegado a la conclusión de que la solución del conflicto secesionista pasa por “más autogobierno” y “mejor financiación”, así como por un Estado federal en el que “Cataluña se sienta cómoda”. De hecho, una de las dos condiciones impuestas por Pedro Sánchez para apoyar la aplicación del artículo 155 -la otra, dejar que TV3 siga diseminando su pútrido veneno- ha sido precisamente que la Comisión Constitucional del Congreso estudie una reforma de nuestra Ley de leyes.

De acuerdo con los planteamientos del PP y del PSOE, el camino para domesticar la insurrección es dar a los golpistas más y más potentes instrumentos para liquidar la integridad territorial de España

De acuerdo con los planteamientos de Dastis, Sánchez, Montilla e Iceta, es decir, del PP y del PSOE, el camino para domesticar la insurrección de una parte de la población catalana promovida y organizada por las autoridades autonómicas debidamente financiadas por el Estado al que pretenden destruir, consiste en dar a los golpistas del futuro más y más potentes instrumentos para liquidar la integridad territorial de España.

Este colaboracionismo con el peor enemigo interno de su país por parte de los dos grandes partidos nacionales comenzó ya en la Transición y tras cuatro décadas de persistir en este error, resulta asombroso que lo mantengan y estén examinado la posibilidad de agrandarlo. Incluso en estos días en los que se han visto obligados, notoriamente contra su voluntad, de intervenir la Comunidad catalana en manos de los golpistas, no sin antes haberles facilitado con su pasividad la realización del golpe, procuran limitar todo lo posible la acción de las instancias centrales. Las razones por las cuales el Ministerio del Interior ha permitido que unos pocos centenares de revoltosos, bastantes de ellos imberbes, paralizasen las comunicaciones ferroviarias y terrestres de Cataluña causando ingentes pérdidas económicas y la alteración traumática de la vida y el trabajo de millones de ciudadanos, contando con un total de 30.000 efectivos sobre el terreno entre Mossos, policías nacionales y guardias civiles, permanece en el misterio.

La impresión que transmite esta extraña benevolencia es que los dirigentes populares y socialistas creen efectivamente que las delirantes exigencias de los subversivos tienen fundamento

La impresión que transmite esta extraña benevolencia es que los dirigentes populares y socialistas creen efectivamente que las delirantes exigencias de los subversivos tienen fundamento y que habrá que darles, aunque sea parcial, una satisfacción. La situación es comparable a la de unos agentes del orden que, tras sorprender a una banda de delincuentes en pleno alunizaje de una joyería, dialogasen cortésmente con ellos, escuchasen atentos los motivos por los que se dedican al robo con violencia, y a continuación negociasen la cantidad de relojes, pulseras, pendientes, broches y collares que se pueden llevar como botín.

España está pues en manos de unas elites políticas que no sólo no parecen dispuestas a defenderla de los que quieren liquidarla, sino que, por el contrario, se afanan en facilitarles la tarea. La mezcla de ausencia de convicciones, pusilanimidad, ignorancia, oportunismo electoral y nula calidad humana que refleja semejante comportamiento despierta a la vez indignación, incredulidad y asco. En este contexto, es más que probable que el Gobierno aplique la táctica de quedarse quieto mientras las empresas huyen, las inversiones se paralizan, los hoteles se vacían, la Agencia Europea del Medicamento se evapora, el Mobile World Congress prepara su cambio de sede y hordas de energúmenos fanatizados siembran el caos, porque calcula que este clima de miedo y desesperación le favorezca en las urnas el 21 de diciembre.

Únicamente quedan en pie el Rey, Albert Rivera y el buen pueblo español. Si alguno de ellos desfallece, perderemos el resto de esperanza

Únicamente quedan en pie el Rey, Albert Rivera y el buen pueblo español. Si alguno de ellos desfallece, perderemos el resto de esperanza que todavía aletea en nuestros fatigados y maltrechos corazones. España se disolverá en el galope de la Historia y en el solar arrasado y fragmentado que la reemplace acomodadores y acomodados pasearán su bajeza moral y su miseria material. De una gran Nación que ensanchó el tamaño del orbe, asombró con la excelsitud de su arte e inspiró con su impar literatura pervivirá apenas un pálido recuerdo, una dolorosa nostalgia, un hiriente vacío.


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