El tiempo recobrado

Acción sin reacción

La tercera ley de Newton establece que a toda acción le corresponde una reacción igual y de sentido contrario. En el caso de la ofensiva separatista del nacionalismo catalán que se inició desde el momento mismo de la Transición, aunque disimulada hasta el Estatuto de 2006, la violación de este principio elemental de la Mecánica ha sido flagrante e incomprensible.

Los dos grandes partidos nacionales, lejos de aplicar estrategias conducentes a frenar y neutralizar los planes  subversivos y anticonstitucionales de los secesionistas, les han facilitado sistemáticamente a lo largo de treinta años los instrumentos políticos, financieros, educativos y culturales para que fueran avanzando en su propósito. No sólo han auspiciado sucesivas reformas estatutarias, sistemas de financiación y transferencias de competencias estatales vía el artículo 150.2 de la Constitución que han ido dotando de un poder creciente a los particularistas, sino que, en una demostración inaudita de pulsión suicida, han debilitado a sus propias organizaciones en Cataluña hasta transformarlas en entidades colaboradoras del nacionalismo mediante la asunción directa de sus tesis o la renuncia a cualquier iniciativa efectiva capaz de derrotarlo.

Esta actitud sumisa y acomplejada se ha debido, por un lado, a conveniencias cortoplacistas y, por otro, a la carencia de una base conceptual e ideológica sólida más allá de los lugares comunes retóricos.

Ahora mismo, la Generalitat en manos de los separatistas está impulsando proyectos como la Agencia Tributaria, el Servicio Exterior, el Consejo de Transición, el Servicio de Inteligencia, el Documento de Ciudadanía, el referendo de autodeterminación o el  Simposio "España contra Cataluña", todos ellos conducentes de forma directa a la liquidación de España como Nación, sin que el Gobierno, que dispone de la mayoría absoluta en el Congreso y en el Senado, mueva un dedo para contrarrestarlas.

Esta pasividad responde a una visión extraordinariamente peligrosa, la de que estamos ante un desafío tan absurdo e irrealizable que se disolverá solo y que lo más inteligente es dejarle que se cueza en su propia salsa. Puede que sea así, pero el riesgo que se corre si al final triunfa el disparate es tan alto que un mínimo sentido de la precaución aconseja tomar medidas fuertes para apagar la hoguera mientras sea controlable. Lejos de eso, los días, las semanas y los meses transcurren ante la plácida indiferencia del Presidente del Gobierno que ve acercarse la fecha fatídica de la celebración de la consulta independentista envuelto en las lentas volutas de sus aromáticos habanos.

Cuando las urnas estén instaladas y se abran los colegios, ¿Qué sucederá? ¿Quién intervendrá para impedir el desafuero? ¿Con qué medios? ¿O seguiremos en la feliz inopia del avestruz con la cabeza hundida en la arena? No parece prudente permitir que el país se exponga a un trance de esta gravedad sin haber previsto las consecuencias ni haber preparado una respuesta proporcional a la magnitud del embate. Gobierno sin sangre en las venas, acción sin reacción, derrota asegurada. 


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba