El rincón austriaco

No más impuestos

Con tal de criticar la urgente necesidad de ajustar intensamente el déficit público, la izquierda suele repetir un slogan que en parte es cierto: el gran problema de España no es el volumen de deuda pública sino la extraordinaria acumulación de deuda privada. Las cifras no engañan: los pasivos privados ascienden al 300% del PIB y los públicos apenas al 70%.

Bien es verdad, empero, que el auténtico problema de nuestro país no es ni el uno ni el otro, sino su endeudamiento total con respecto a su capacidad para generar ingresos: si cae la banca y no se la rescata, caen las empresas y las familias y, por tanto, cae el Estado (ayuno de ingresos); y si, por el contrario, cae la banca y se la rescata, muy probablemente también caiga el Estado (ahogado por un monto adicional e indigerible de malas deudas). Sea como fuere, dolor por exceso de deuda, cuyo único bálsamo cabe acaso encontrar en su reducción y saneamiento.

Acertada determinación, pues, la de reconducir la situación desequilibrada de nuestras finanzas públicas­­­ –como lo está siendo, también, que familias, empresas y bancos incrementen sus fondos propios tanto como les resulta posible–, mas repárese que la senda correcta para tal consolidación fiscal es aquella que tanto le gusta recordar a la izquierda: no castigando los ingresos de un superendeudado y potencialmente más insolvente sector privado, sino atajando los gastos del sector público.

Por desgracia, parece que el Gobierno socialdemócrata del Partido Popular está más empeñado en apuntalar nuestro hiperestado paternalista que en tomar las decisiones correctas para sacar al país del radar de la suspensión de pagos. Así, el nada liberal Partido Popular aumentó en apenas un trimestre dos de los cuatro grandes impuestos que atenazan a nuestras familias y empresas: el IRPF, cuyos tipos impositivos elevó salvajemente hasta los niveles más elevados de Europa, y Sociedades, machacando con saña a un tejido empresarial ya muy debilitado.

Devaluación fiscal

Le quedaban dos grandes tributos por tocar: el IVA y las cotizaciones sociales. Y con ambos ha anunciado que piensa empezar a hacer algo así como “política fiscal”. A saber, subir el IVA con el propósito de bajar cotizaciones sociales y emular los efectos de una devaluación (a los exportadores se les rembolsa el IVA nacional mientras que a los importadores se les cobra, de modo que se desincentiva el consumo nacional y se rebaja el coste del trabajo, todo lo cual estimula la demanda exterior). Teniendo como tiene España el problema de una brutal tasa de desempleo así como el de una insuficiente demanda externa, parecería que estamos ante la primera idea sensata del Gobierno en materia tributaria (tal como, por otro lado, han defendido destacados economistas).

Sucede, sin embargo, que este no es el momento para hacer malabarismos con nuestro sistema tributario. Uno puede aceptar que el IVA, en tanto en cuanto impuesto sobre el consumo, es un gravamen menos dañino para nuestra prosperidad que todos aquellos que recaen sobre el ahorro; y uno podría incluso desear, en consecuencia, que nuestra presión fiscal recayera más sobre el consumo que sobre el ahorro o sobre la generación de renta. Ahora bien, lo que uno realmente querría y lo que desde luego resulta del todo punto exigible en estos momentos es que se bajen los impuestos no subiendo otros, sino a través de un recorte muy sustancial en el nivel de gasto público.

Tras dos inclementes rejonazos fiscales por parte del Gobierno central (más otros tantos por parte de sus gobiernos autonómicos) no es el momento de subir ningún impuesto más… ni siquiera para rebajar otros. El Partido Popular lleva demasiados meses tomándonos el pelo a todos los españoles: del “no vamos a subir los impuestos” en campaña han pasado desvergonzadamente al “vamos a subir todos los impuestos tanto como podamos” en el Gobierno. Si quieren reducir cotizaciones sociales, perfecto, pues es una manera de reducir el coste de nuestra mano de obra facilitando la contratación; que lo hagan, pues, pero que no liguen ni hagan depender esta saludable medida de la subida del IVA.

Un nuevo atraco

Hay un margen amplísimo para minorar cotizaciones sociales (y Sociedades e IRPF) sin necesidad de subir otros impuestos como el IVA. Para ello sólo hay que tener la valentía y el empuje suficientes como para agarrar el toro por los cuernos y reformar en profundidad nuestro modelo de Estado, eliminando funciones disparatadas (como toda la maraña de milmillonarias subvenciones que contaminan nuestra economía) y devolviéndole competencias a la sociedad (en todo lo relativo al mal llamado Estado de Bienestar).

Pero, como ya se ha dicho en innumerables ocasiones, el PP ha optado por mantener incólume el chiringuito estatal a costa de un más concienzudo sangrado fiscal de la ciudadanía. Un error que incluso la izquierda debería ser capaz de apreciar: si la mayor carga de nuestra deuda recae sobre el sector privado, no parece que la política más inteligente sea la de maltratar a ese debilitado y enjuto sector privado. Tampoco, dicho sea de paso, que el sector público continúe endeudándose para añadir más leña al fuego de la hoguera de nuestra insolvencia nacional, acicateando el pánico y la fuga de capitales de nuestro país: lo que toca, sí, es que nos desapalanquemos todos, pero, en lo que al Estado respecta, con muchos menos gastos y no con más impuestos.

En suma: mejor no andarse con medias tintas. Esto es un nuevo atraco en toda regla a los ciudadanos. Que se bajen las cotizaciones sociales no camufla que se esté subiendo sin necesidad el IVA después de haber hecho lo propio con IRPF y Sociedades. Cuando hay espacio para financiar las rebajas de algunos impuestos recortando el gasto, subir otros no deja de ser un capricho ideológico propio de socialdemócratas redomados: es decir, propio del Partido Popular de Rajoy.


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