El rincón austriaco

Quienes atacan al euro son los gobiernos europeos

El Gobierno me acaba de sorprender positivamente: habiendo tardado apenas una semana en emular las peores prácticas confiscatorias de Zapatero con su salvaje subida de impuestos a las clases medias, uno esperaba que no fuera a esperar demasiado para copiar su discurso populista. Pero, oh sorpresa, ha sabido reprimirse seis meses: heroica y prolongada mordedura de lengua que esperemos no haya envenenado a todos aquellos ministros ansiosos por echarse al monte socialista y a los que sólo el sentido del decoro les refrenó de dejar patente su total conexión con la mentalidad estatista y liberticida de sus preclaros antecesores en el cargo.

Así las cosas, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros de este viernes, el titular de Hacienda, el impulsor entusiasta de cuanto sangrado fiscal imaginar quepa, Cristóbal Montoro, se vistió sin complejos de Zapatero y volvió a arremeter contra “las gentes que atacan al euro”, léase, contra los especuladores antipatriotas que tratan de desestabilizar la divisa europea y de empobrecer a los ciudadanos tan sólo con el vil propósito de lucrarse.

Ay, pobre e incomprendido Gobierno del PP, bregando contra la herencia socialista, contra los extremistas internos y ahora contra la injustificada desconfianza exterior. Habiéndolo hecho todo a las mil maravillas, ¿cómo les puede estar pasando esto a ellos? ¿Qué otra explicación cabe buscar al estallido de la prima de riesgo que alguna confabulación exterior para hundir a España y a Europa?

El incierto futuro del euro

Pues acaso quepa hallarle una explicación menos bilderbergiana y más monclovita a todo este asunto: los inversores ni siquiera saben si el euro va a sobrevivir como divisa en el corto o medio plazo. Desde el momento en el que el papel moneda que utilizamos en Occidente no está atado a ningún activo líquido y tangible (como el oro), su valor queda al albur del uso presente y futuro que se espera que vaya a poder hacerse con él. Remarco lo de uso futuro. ¿Puede alguien, ahora mismo, asegurar que el euro va a tener un futuro brillante y esplendoroso cuando su supervivencia es, siendo suaves, incierta? ¿Quién puede, por consiguiente, estar interesado en mantener no ya activos nominados en esa divisa de futuro ignoto, sino incluso saldos líquidos en la misma?

Por ejemplo, ¿en qué moneda se pagará dentro de cinco años la deuda pública española? ¿En cuál la italiana? ¿Y la griega o lusa? ¿En qué divisa serán convertibles los depósitos de la banca española o incluso los de la francesa? ¿En qué mercados podremos adquirir mercancías o activos a cambio de euros dentro de unos años? ¿Alguien puede, por otro lado, asegurar que el Banco Central Europeo no optará por tirar por la calle del medio y procederá a monetizar una billonada de deuda europea, diluyendo todavía más el valor de la moneda única? Con tales interrogantes encima de la mesa, ¿alguien puede extrañarse que los inversores estén, simple y llanamente, guardando sus lentejas fuera del marasmo europeo?

No. Y coincidiremos en que los culpables no son quienes intentan proteger sus garbanzos desvinculándose del euro y de la periferia europea. No: quienes desde hace años están atacando con saña al euro no son los especuladores que se juegan su hacienda en la complicada tarea de anticipar cuál será el valor futuro de esa divisa –si es que sobrevive–, sino los políticos que, como Zapatero o como Montoro, se dedican a dilapidar sin freno las haciendas ajenas hasta el punto de amagar con la bancarrota nacional y la ruptura del euro.

La responsabilidad del Gobierno

Si España y el euro se encuentran en el ojo del huracán es simple y llanamente por el estatismo que ha contaminado toda la Unión Europea, incluyendo a unos países periféricos que han creado unas superestructuras estatales muchísimo mayores de lo que incluso el desorbitado expolio a sus contribuyentes permite sostener. Es responsabilidad de los políticos el machacar día tras día al euro conforme van enterrando cualquier expectativa de que la ciudadanía levante cabeza sin pasar por un generalizado default de las muchas deudas que sus déficits públicos y sus compañeros de viaje, los banqueros, nos han legado.

¿Que los populares están ojipláticos porque, después de creer que han hecho los deberes con nota, los mercados los siguen suspendiendo? Aquí tienen una lista no exhaustiva de todos los despropósitos que en apenas seis meses han sido capaces de acumular: subida salvaje de impuestos a familias y empresas, aumento continuado de la tarifa eléctrica para cubrir la mayor parte del agujero renovable, reducción apenas cosmética del gasto del conjunto de las Administraciones Públicas para 2012, mantenimiento de la mayor parte del tejido público empresarial, emisión masiva de deuda para sufragar el pago a proveedores, la refinanciación autonómica o el fondo de rescate europeo (sin a su vez reducir sus necesidades de emisión por otros rublos), nacionalización creciente del sistema bancario español a costa del contribuyente, reforma laboral bastante menos ambiciosa de lo necesario, subida del IVA y de otros indirectos en ciernes, y escasas perspectivas de que vayan a cumplirse los objetivos de déficit para 2012 y 2013.

¿Podría haberlo hecho peor un Gobierno? Sí, probablemente sí. Todo es empeorable, pero los puntos negros básicos –nula austeridad, atroz subida de impuestos, socialización de las pérdidas de la banca y parquedad de reformas estructurales– figuran todos en su haber. Sólo le faltaba buscarse el enemigo externo al que echarle todas las culpas de su incompetencia interna. Para mi sorpresa, han esperado seis meses. Felicidades. Supongo que les habrá sido harto complicado reprimir durante tanto tiempo sus instintos demagogos.


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