El rincón austriaco

A propósito del PIB: réplica final a Laborda, Centeno, Barba y Bermejo

Los economistas Juan Laborda, Roberto Centeno, Juan Carlos Barba y Juan Carlos Bermejo, por un lado, y un servidor, por el otro, estamos enfrascados en un debate acerca de la fiabilidad de los datos del PIB. Ellos cuatro elaboraron un informe que incluso llegaron a presentar en Bruselas mostrando que el PIB de España estaba inflado en cerca de un 20% como consecuencia fundamental (aunque no exclusiva) de la manipulación de la actividad en el sector servicios; manipulación observable en la ruptura de correlación a partir de 2007 entre el Valor Añadido Bruto (VAB) del sector servicios y el Indicador de Actividad del Sector Servicios (IASS).

¿Por qué puede haber caído el IASS mucho más que el VAB del sector servicios?

Por mi parte, en un artículo previo, critiqué que se extrajeran conclusiones tan tajantes de una ruptura de correlación que podía explicarse por diversos factores: primero, VAB e IASS no miden lo mismo (uno mide la diferencia entre producción interna y consumos intermedios; el otro, las ventas totales, incluyendo en ellas la demanda final, la demanda intermedia y las exportaciones); segundo, el VAB del sector servicios y el IASS no se refieren a las mismas ramas de actividad (más de la mitad de los servicios incluidos en el VAB no aparecen en el IASS); y tercero, el peso que cada rama de actividad tiene en el IASS no es el mismo que el que tiene en el VAB (y las diferencias no son menores: en algunos casos el peso es más del doble del real). Atendiendo a esto, ¿por qué puede haber caído el IASS mucho más que el VAB del sector servicios? Basta con que los ingresos por ventas se hayan desmoronado relativamente más que la producción interna por influencia de la reducción de las importaciones; que la producción interna se haya reducido menos que los consumos intermedios; que los sectores no incluidos en el IASS hayan ganado peso dentro de nuestra economía frente a los sí incluidos; o incluso que las ramas de actividad sobreponderadas en el IASS hayan visto incrementada su ponderación en este indicador y hayan sido las que peor sobrellevaran la crisis.

Mi réplica no pretendía garantizar la absoluta fiabilidad e inexistencia de manipulación de los datos del INE. No me cierro en banda a que los datos del PIB puedan haber sido manipulados como lo han sido en otros países. Lo único que reclamo es que, si existe tal manipulación, se me demuestre con cierta solvencia: y por desgracia (recalco el “por desgracia”, pues a los liberales sí nos interesaría que el PIB español estuviera inflado y que, en consecuencia, no haya margen alguno para subir impuestos ni gasto público), no creo que, por los motivos arriba expuestos, los cuatro economistas consigan ese objetivo con su análisis de la ruptura de correlación entre el VAB y el IASS.

Desde entonces, he recibido dos respuestas: la primera, de Roberto Centeno, buscaba enrocarse en la defensa del informe original, como si todas mis críticas no hubieran tenido impacto alguno: una posición demasiado inmovilista a la que ya tuve ocasión de contrarreplicar. La segunda, una contestación coral de los cuatro, donde ya se reconoce que mis críticas comprometen muy seriamente la metodología empleada en su informe original, si bien tratan de circunvalarlas desarrollando —en apenas 72 horas— un nuevo método para sorprendentemente llegar a conclusiones cuasi idénticas a las del informe original en el que, insisto, utilizaban una metodología muy diferente (nótese, por cierto, la incompatibilidad entre la primera réplica, que negaba cualquier relevancia a mi critica, y la segunda, que las admite casi en su totalidad).

Ni su informe original ni su reelaboración acelerada en su réplica son sostenibles como defensa de la manipulación del PIB

En el presente artículo resumiré cuál es la nueva tesis de estos cuatro economistas con respecto a la manipulación del PIB español, expondré en qué puntos han cambiado súbitamente la metodología utilizada y, por último, mostraré por qué esa nueva metodología es muchísimo más débil que la anterior y, por tanto, ni su informe original ni su reelaboración acelerada en su réplica son sostenibles como defensa de la manipulación del PIB.

Ingresos versus valor añadido

Tal como hemos dicho, los tres problemas básicos del informe original eran que VAB e IASS miden variables distintas, que VAB e IASS no recogen datos sobre los mismos sectores y que el peso de cada sector en el VAB y en el IASS no es el mismo. ¿Cómo solucionan los cuatro economistas estas dificultades?

En primer lugar, intentan demostrar que, aunque el VAB del sector servicios y el IASS estudian variables diferentes, no hay razón que justifique una ruptura de correlación entre ambas series. Su argumento es el siguiente: el IASS mide la producción interna total de los servicios de un país (producción final + producción intermedia), de modo que el VAB sólo podría caer menos que el IASS si la productividad interna de cada sector se hubiese incrementado (esto es, si con menos producción intermedia se lograra la misma producción final). ¿Es esto lo que ha sucedido? No, de acuerdo con lo que nos narran en el artículo: si acudimos a la Encuesta Anual de Servicios (también elaborada por el INE), encontraremos que el VAB del sector servicios cae más que la producción interna. Por tanto, al no haber habido ninguna mejora de la productividad agregada, se descarta la hipótesis de que la ruptura de la correlación entre ambas series se deba a que se consuma menos producción intermedia para llegar a un mismo volumen de producción interna (esto es, que el VAB caiga menos que el IASS). Y, alcanzada esta conclusión, los autores ya se sienten legitimados para apreciar manipulación en el PIB del sector servicios siempre que este decrezca menos que los ingresos del sector servicios.

En este sentido, el siguiente problema con el que se toparán los autores es el de cómo medir los ingresos del sector servicios, dado que ya expusimos que VAB e IASS no analizan las mismas ramas de actividad (y, por consiguiente, no puede usarse el IASS como proxy de todos los ingresos obtenidos en los sectores del VAB de servicios). Pero esto lo analizaremos en unos instantes. Antes, detengámonos a reflexionar sobre si los cuatro economistas verdaderamente han logrado su primer objetivo: ¿el hecho de que la producción interna caiga menos que el VAB permite usar el IASS como proxy del VAB?

No, en absoluto. Recordemos la fórmula del PIB (lo que medimos vía VAB) y de los ingresos de un sector (lo que medimos vía IASS):

Nuestros cuatro economistas se están olvidando de las importaciones

Nuestros cuatro economistas se están olvidando de las importaciones: una empresa del sector servicios puede tener muchos ingresos porque venda muchas mercancías importadas, de modo que su facturación puede desmoronarse tan pronto como deje de importar. Este hundimiento de las importaciones, pues, afectaría a los ingresos del sector servicios pero no al VAB del sector servicios. El siguiente ejemplo numérico creo que clarifica el foco de la confusión. Supongamos que en 2008 la producción interna total es 100, los consumos intermedios 40 y las importaciones son 30. Las ventas de los servicios serán 130 (100+30), mientras que su valor añadido bruto será 60 (100-40). Si en 2009 la producción interior es 100, los consumos intermedios 40 y las importaciones 0, el valor añadido bruto será de 60 (caída del 0%) y las ventas serán 100 (caída del 23%). Aquí no se ha producido ningún aumento de la productividad (el valor añadido bruto es el mismo porque ni ha variado la escala de producción ni de los consumos intermedios), pero en cambio las ventas sí se han hundido un 23%. Pues bien, en España las importaciones entre 2007 y 2009, período al que los cuatro economistas atribuyen el grueso de la manipulación, se reducen un 25% en términos nominales. Como poco, una porción sustancial de la caída del IASS se explica por este factor cuya importancia decisiva no toman en consideración.

Pero hay más: no es verdad que, según la Encuesta Anual de Servicios, el Valor Añadido Bruto del sector servicios se redujera entre 2007 y 2013 más que sus ingresos o producción interior. En el año 2007, los ingresos ascendían a 517,9 millones de euros y seis años después a 402,5 millones (caída del 22,2%); la producción interior del sector servicios totalizaba en 2007 los 397,9 millones y en 2013, los 323,4 (caída del 18,7%); por último, el valor añadido bruto a precios de mercado pasó de 219,6 millones a 180,1 (disminución del 17,9%). Por consiguiente, si algo muestra la Encuesta Anual de Servicio es justo lo contrario de lo que sostienen los cuatro autores del informe: primero, las ventas caen más que la producción interior, lo que indica una reducción sobreproporcional de las importaciones; segundo, el valor añadido bruto desciende menos que la producción interior, lo que apunta a una mejora de la productividad. Ambos factores nos conducen a esperar una caída del IASS bastante mayor que la del VAB… que es justamente lo que sucedió.

Hay que tomar los datos de la Encuesta Anual de Servicios con cierta cautela

Con todo, hay que tomar los datos de la Encuesta Anual de Servicios (o de la Central de Balances del Banco de España, a los que continuamente se remiten los autores) con cierta cautela: el PIB pretende medir la totalidad de las empresas de la economía, mientras que la Encuesta Anual de Servicios sólo una submuestra: en 2013, por ejemplo, la Encuesta sólo computaba el 25% del VAB total del sector servicios (180,1 millones frente a un VAB de 701); por tanto, no es posible averiguar nada sobre el comportamiento del otro 75% a partir de esta Encuesta. Ahora bien, lo que no tiene mucho sentido es utilizar la Encuesta Anual de Servicios para respaldar tu tesis cuando ésta afirma justamente lo contrario.

Nuevos argumentos, nuevos (y peores) métodos

A la vista de lo expuesto, no es posible presuponer que el VAB del sector servicios deba caer tanto como los ingresos del sector servicios (IASS): los ingresos pueden caer en mayor medida que el VAB debido a la reducción de las ventas con cargo a las importaciones; a su vez, el VAB puede caer menos que los ingresos por un incremento de la productividad (menos consumos intermedios por unidad de producción interna). En tal caso, que los ingresos caigan un 20% entre 2007 y 2013 no implica que el VAB deba caer también un 20%, tal como suponen los autores.

Por desgracia, estos cuadro economistas desoyen tales problemas y deciden seguir usando el IASS como parámetro para medir la evolución del VAB. Pero, como ya indicamos más arriba, sigue habiendo otro problema para hacerlo: el IASS no mide la totalidad de los servicios incluidos en el VAB y, además, las ponderaciones de los que sí recoge el IASS no coinciden con su peso en el VAB. La segunda de estas dificultades tiene una solución relativamente sencilla que es la que pasan a utilizar los cuatro economistas: estimar desagregadamente la sobrevalorización de cada una de las ramas de actividad del sector servicios.

Pero el primer problema no tiene un remedio tan sencillo: el IASS sólo nos ofrece un índice de ingresos para el comercio al por mayor, el comercio al por menor, la hostelería, la venta y reparación de vehículos, el transporte y almacenamiento, la información y las comunicaciones, las actividades profesionales, científicas y técnicas, y las actividades administrativas y servicios auxiliares. Para todos los otros servicios incluidos en el VAB, el IASS no nos sirve. Como digo, la mayor parte de los servicios del VAB no están incluidos en el IASS. Por tanto, para todos ellos no podrá usarse el IASS como índice de sobrevalorización del VAB (aun cuando admitiéramos que el IASS es un buen índice para ello, algo que como hemos explicado no es cierto).

De hecho, recordemos que los cuatro autores estimaban en su informe original que el VAB del sector servicios estaba inflado en 175.000 millones de euros debido a su divergencia con el IASS. En este nuevo artículo, sin embargo, la comparativa desagregada entre el VAB y el IASS sólo les permite estimar una sobrevalorización del VAB de 73.500 millones de euros (13.000 millones por comercio al por mayor, 8.000 millones por comercio al por menor, 11.000 millones por hostelería, 8.000 millones por venta y reparación de vehículos, 11.000 millones por transporte y almacenamiento, 7.000 millones por información y comunicaciones, 12.000 millones por actividades profesionales, científicas y técnicas, y 3.500 millones por actividades administrativas y servicios auxiliares). Tal como reconocen, el IASS ya no les sirve para estimar los otros 100.000 millones.

Esta corrección supone una enmienda a la práctica totalidad de la metodología de su informa original

A mi entender, esta corrección supone una enmienda a la práctica totalidad de la metodología de su informa original. Repito: de la sobrevalorización del PIB en 175.000 millones que pretendían estimar a partir del IASS, ahora reconocen que sólo son capaces de calcular una sobrevalorización de 73.500 millones… menos de la mitad. Dicho de otro modo, 100.000 millones de euros de manipulación del PIB que en su informe creían haber detectado con absoluta precisión mediante el IASS se han convertido ahora en un “gazapo metodológico”.

Bien, todos nos equivocamos en muchas ocasiones y los debates económicos sirven precisamente para eso: para que muchas personas descentralizadamente analicen un documento en busca de sus fortalezas y debilidades. Ahora bien, una vez detectado y reconocido un error, la cuestión pasa a ser la de qué hacemos a continuación: o rectificar o perseverar en él. Por desgracia, mucho me temo que los autores ha optado por perseverar en él: tras admitir que sus cálculos basados en el IASS contienen un agujero de 100.000 millones de euros, proceden a buscar otros indicadores de ingresos de aquellas ramas de actividad del sector servicios no incluidas en el IASS. Y, de ese modo, pretenden emplear un razonamiento análogo: si esos otros indicadores de ingresos crecen más que el VAB, entonces es que el VAB está sobrevalorado por la desviación.

¿Y cuáles son los nuevos indicadores que utilizan como alternativa al IASS? En las actividades inmobiliarias de mercado, utilizan la evolución del empleo en ese sector; en los alquileres imputados, recurren a la evolución de los precios del alquiler a partir del índice Fotocasa; para el sector de entretenimiento y actividades artísticas, echan mano de un informe de la SGAE sobre caída de facturación editorial y en taquilla; para los servicios prestados por el Estado, usan la evolución del gasto público; en el sector financiero, ni siquiera se atreven a estimar sobrevalorización alguna por ausencia de indicadores fiables (menos mal); y, por último, para el sector de la construcción (excluido de su informe original) utilizan la evolución del empleo por cuenta ajena (ni siquiera del empleo total, incluyendo a los autónomos).

Debería ser evidente que si la comparativa entre el VAB del sector servicios ya era harto discutible, pretender tutelar la evolución del VAB a partir del índice de precios de alquiler de Fotocasa o del empleo en una rama de actividad no tiene absolutamente ningún sentido: los alquileres imputados no sólo recogen la evolución de los precios del alquiler, sino la incorporación de nuevas unidades residenciales; las muestras de viviendas en alquiler de Fotocasa no son comparables (el precio por alquiler puede bajar porque el tipo de viviendas alquiladas haya cambiado); en una crisis, el empleo que se destruye es esencialmente el menos productivo, de modo que su influencia sobre el VAB es infraproporcional (sobre todo en España, donde el empleo destruido es temporal), etc. En otras palabras, el método original del informe (analizar la brecha IASS-VAB servicios) se ha desvirtuado por entero y ha sido sustituido por otro método objetivamente peor pero con el que se quieren alcanzar conclusiones análogas.

El comodín que no es: la comparación internacional

El argumento de cierre con el que se pretende demostrar la manipulación del PIB en España es la apelación a la comparativa internacional: en España, a partir de 2007 se abre una amplia brecha entre el VAB del sector servicios y el IASS, fenómeno que no sucede en ninguna otra parte de Europa.

Por desgracia, los cuatro autores del informe sacan conclusiones generalizadas para el conjunto de Europa a partir de la evidencia de dos países: Francia y Alemania. Si en cambio ampliamos la comparativa a más países europeos, comprobaremos que la ruptura de correlación entre el VAB y el IASS, si bien no extraordinariamente frecuente, tampoco es una completa rareza. Así, si acudimos al Services Turnover Index de Eurostat (el equivalente al IASS español) y lo representamos junto con el VAB del sector servicios, comprobaremos que para España obtenemos exactamente el mismo gráfico que los cuatro economistas incluyen en su informe.

Si replicamos este mismo procedimiento para Grecia, Malta, Irlanda o Portugal, obtendremos divergencias muy parecidas a las de España entre su VAB y su IASS.

Según los autores, el VAB del sector servicios de Grecia estaría inflado en un 37,5%, el de Malta, un 20%, el de Irlanda lo habría estado en 2009 cerca de un 30%, y el de nuestro vecino Portugal, un 37%. En otras palabras, si hay manipulación del PIB en España… también tendrá que haberlo en bastantes otros países europeos.

En realidad, hay otra explicación más verosímil: el perfil de crisis que ha golpeado a España, Portugal, Grecia o Irlanda es muy parecido y ha acarreado repercusiones similares sobre su VAB e IASS. En concreto, se trata de una crisis que ha provocado un hundimiento de las importaciones (algo que afecta al IASS pero no al VAB) y que ha obligado a incrementar la productividad de los sectores productivos supervivientes (algo que lleva a que el VAB caiga menos que el IASS). Además, puede haberse dado la circunstancia de que aquellos sectores no incluidos en el IASS hayan sido, globalmente, los que mejor resistieran la crisis.

Conclusión

Los economistas Juan Carlos Barba, Roberto Centeno, Juan Laborda y Juan Carlos Bermejo elaboraron un informe exhaustivo en el que pretendían demostrar la manipulación del PIB español. Tal informe sufría varios problemas metodológicos graves (VAB e IASS no miden ni la misma variable ni los mismos sectores) que lo inhabilitaban para alcanzar las conclusiones a las que pretendía llegar, algo que los propios autores han reconocido en su réplica. El problema es que, en lugar de dejar en suspenso las polémicas conclusiones del informe, los cuatro autores han optado por huir hacia adelante: rehacer casi por entero la metodología (ahora la clave ya no es la brecha entre el VAB y el IASS, sino toda discrepancia entre el VAB y cualquier otra serie que lejanamente esté relacionada con la actividad de un sector) para, de un modo asombroso, llegar exactamente a las mismas conclusiones que al comienzo. Pero si el informe inicial fue el fruto de varios meses de trabajo, no parece de recibo que en apenas 72 horas se reelabore ese informe casi desde cero con el propósito de construir de manera acelerada un soporte teórico para unos controvertidos resultados cuya base se había desvanecido tras las críticas.

Los cuatro autores del informe deberían reflexionar honestamente sobre qué les queda en pie de su hipótesis inicial

Una vez descubierto que el IASS puede caer sin que lo haga el VAB (por influencia de las importaciones), que el IASS no analiza la mayoría de las ramas de actividad incluidas en el VAB del sector servicios o que la ruptura de la correlación entre ambas series no es un fenómeno exclusivo de España sino un patrón que se repite en países que han atravesado una crisis similar a la española, sinceramente creo que los cuatro autores del informe deberían reflexionar honestamente sobre qué les queda en pie de su hipótesis inicial. Y, si continúan empecinados en probar que el PIB español está inflado, sería harto recomendable que se tomaran un tiempo lo suficientemente prolongado como para presentar una metodología robusta que soporte tales conclusiones. Si lo logran, yo seré el primero en reconocérselo, especialmente porque, como ya he dicho, desde un punto de vista ideológico me encantaría que tuvieran razón. Pero este debate no va —o no debería ir— de preferencias o prejuicios ideológicos. Por eso, mientras no consigan demostrar con solvencia su hipótesis, no podré más que rechazarla.


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