El rincón austriaco

Montoro, enemigo del sector exterior

A cierre de 2011, el 67% de las exportaciones españolas las realizaban el 1% de las empresas exportadoras; el 93%, lo acaparaba apenas el 10%. Una elevada concentración que sólo demuestra que el razonable dinamismo que todavía exhibe nuestro sector exterior (las exportaciones crecieron un 4% y las importaciones se redujeron un 7% en el primer trimestre de este año) se debe fundamentalmente a las grandes compañías nacionales; las pymes, para nuestra desgracia, todavía no han dado el salto a internacionalizarse.

Es evidente que, sin embargo, tanto la salvación de las pymes como del conjunto de nuestra economía pasa en gran medida por la exportación. Por un lado, España sigue exhibiendo un altísimo endeudamiento exterior (equivalente al 92% de nuestro PIB, cuando en 2001 era del 35%) como consecuencia de la borrachera crediticia vivida entre 2001 y 2008, y la única forma de reducir semejante volumen de pasivos pasa por acumular superávits por cuenta corriente. Por otro, las pymes españolas tienden a quejarse de que la falta de demanda y de financiación internas las están abocando a la desaparición, mas no deberían esperar que el gasto y el crédito interiores vayan a regresar en el futuro previsible: si quieren beneficiarse de ambos elementos deberán salir a buscarlos al extranjero, donde los planes de negocio tienen más probabilidades de ser viables y solventes y donde las fuentes para obtener capitales se hallan más diversificadas.

Contra la internacionalización

Así las cosas, uno esperaría que el gobierno de la nación, comprometido como dice estar en que levantemos cabeza lo antes posible, no dificultara sino que alentara este proceso de internacionalización del decadente tejido productivo español: verbigracia, que no obstaculizara el que nuestras empresas puedan instalarse, explorar, conocer y familiarizarse con los mercados extranjeros para que así, una vez colocada una pica en Flandes, amplíen su escala de negocios. Pero la realidad es justo la contraria: la única preocupación del PP pasa por sangrar a la población para consolidar un Estado sobredimensionado y burbujístico. No de otro modo cabe entender el enésimo sablazo tributario que hace dos semanas perpetró el ministro de Hacienda contra la internacionalización de nuestras empresas: eliminar la deducibilidad de las rentas negativas generadas por establecimientos permanentes en el extranjero. Vamos, que Hacienda no reconocerá las pérdidas generadas en el extranjero como pérdidas y, por tanto, no minorarán a efectos fiscales los beneficios obtenidos dentro de nuestras fronteras.

Por ejemplo, supongamos una empresa española que, tras ver declinar sus beneficios hasta 300.000 euros anuales, decide lanzarse a hacer las Américas abriendo un establecimiento permanente en Chile. Dada las complicaciones para arrancar el negocio al otro lado del Charco, asumamos que esta compañía pierde durante el primer año 400.000 euros por sus actividades en el país andino. En total, la firma ha enterrado durante el presente ejercicio 100.000 euros, con lo que no sólo debería verse exenta de pagar el Impuesto de Sociedades de este año, sino que debería contar con una base negativa de -100.000 euros que compensar con eventuales ganancias futuras. Pero hete aquí que, merced a las nuevas medidas de Montoro, esta empresa tendrá que pagar impuestos por importe de 60.000 euros.

El mensaje para nuestros empresarios resulta palmario: no asuma el riesgo de internacionalizarse porque no sólo deberá soportar las pérdidas que de tal osada aventura resulten, sino que deberá seguir pasando por la voraz caja del Fisco en caso de que su negocio dentro de España no se haya secado completamente y siga devengando alguna ganancia.

Así es, justamente, cómo nuestro gobierno contribuye a acelerar la recuperación: machacando tributaria y regulatoriamente a aquellas escasas compañías que se expongan a salir al extranjero para ampliar sus actividades, sanear su situación financiera o, simplemente, sobrevivir. Si algún día conseguimos levantar cabeza, desengáñense: no será por la pulsión antiempresarial y antimercado del Partido Popular, sino muy a su pesar.


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