El rincón austriaco

Krugman añora la burbuja inmobiliaria española

Afirma Paul Krugman que la dolorosa depresión española no es difícil de explicar: no se trata de que, como supone la Comisión Europea, se haya producido un incremento del desempleo estructural en nuestro país durante el último lustro sino que, tal como preconiza el keynesianismo estándar, estamos experimentando un hundimiento de la demanda agregada que condena a buena parte de la población al desempleo.

El Nobel de Economía respalda su punto de vista construyendo una curva de Phillips para la economía española, tomando los datos desde su entrada en el euro. La curva de Phillips ilustra la relación empírica entre desempleo e inflación: si tomamos la inflación como un indicador de la intensidad del gasto agregado de una economía (cuando el gasto es muy alto, la economía se recalienta y suben los precios; cuando éste se hunde, la economía se enfría y caen los precios), cabe esperar que, a mayor inflación, menor desempleo y a mayor desempleo, menor inflación. Y, en efecto, ésta es la correlación histórica que exhibe España entre 1998 y 2012.

Fuente: FMI

La conclusión que alcanza Krugman es bien sencilla: si España incrementara su gasto interno lo suficiente como para generar una inflación anual del 2%, su tasa de paro sería de, aproximadamente, el 15% y no del 26% actual (basta echarle un ojo a la recta de regresión del gráfico). Por consiguiente, las políticas de austeridad y de devaluación interna impuestas en España por Alemania y por la Comisión Europea sólo han logrado disparar el paro en 10 puntos porcentuales.

Sucede que, al parecer, el Premio Nobel estadounidense debe haber olvidado una de las lecciones básicas de todo buen economista: correlación no es igual a causalidad. Una cosa es pintar un gráfico reflejando que durante los últimos 15 años ha habido una correlación negativa entre desempleo e inflación en España y otra muy distinta concluir que la tasa de variación de los precios (o el nivel de gasto agregado) haya generado la mayor o menor tasa de paro. La historia bien podría discurrir en el sentido inverso: la tasa de desempleo es la que genera una mayor o menor inflación (o un mayor o menor nivel de gasto), de manera que provocar un aumento de precios no jugará influencia alguna sobre la ocupación.

De hecho, si en lugar de tomar los últimos 15 años de la historia de España, representamos los últimos 32 (es decir, si tomamos todos los datos disponibles en la misma base de datos que utiliza Krugman), descubriremos que, en contra de lo que sugiere Krugman, no existe correlación alguna entre desempleo e inflación. Es más, si existe alguna correlación es justo la inversa: a más inflación, más paro. Tal vez sea que necesitamos una narrativa distinta a la expuesta por el keynesianamente confundido Nobel.

Fuente: FMI

Una explicación alternativa

Según Krugman, el desempleo español se debe a la falta de gasto agregado. Sin embargo, semejante afirmación peca de perogrullada. Es obvio que podemos crear ocupación recurriendo a la palanca del gasto: si el Gobierno español consiguiera colocar 90.000 millones de deuda adicional en los mercados sin minar su credibilidad y los dilapidara en pagar un salario de 15.000 euros anuales a los seis millones de parados españoles para que comiencen a contar el número de árboles que pueblan todo el territorio nacional, el desempleo se esfumaría durante un año (o durante los años en que lograra repetir semejante operación). Más gasto (despilfarro), más empleo. Keynesianismo aplicado en estado puro.

Claro que el problema nunca ha sido ése, sino cómo conseguimos que el gasto aumente en España de manerasostenible para generar seis millones de empleos sostenibles. Y para semejante cuestión sólo existe una respuesta posible: la única manera de aumentar de manera sostenible el gasto es generando riqueza a través de ese gasto, es decir, obteniendo un retorno positivo sobre la inversión para que los nuevos recursos generados autofinancien su reinversión futura.

La diferencia entre austriacos y keynesianos es justamente ésa: los primeros se preocupan por que los patrones de producción sean sostenibles; a los segundos, en última instancia, les resulta indiferente (si el gasto puede ser productivo, tanto mejor; si no puede serlo, aun así vale la pena gastar y generar empleo en lo que sea). Por eso los austriacos sólo ven provechosa la deuda en tanto en cuento genere riqueza suficiente como para amortizar esa deuda, mientras que los keynesianos como Krugman reputan la deuda como una herramienta ideal para sufragar cualesquiera gastos que, en consecuencia, deberá ser renovada incesantemente cual esquema Ponzi.

Si, llegados a este punto, usted está pensando que el modelo de crecimiento que promueven los keynesianos se parece mucho al del pelotazo burbujístico, está en lo cierto. Hace más de una década, Krugman ya se destacó por defender las burbujas como una herramienta óptima para salir de las recesiones. Con España, retoma viejos vicios. Las relaciones históricas entre paro e inflación que caracterizaron a nuestro país durante los años del pelotazo inmobiliario los toma como los ladrillos con los que construir la curva de Phillips de referencia para España. Es verdad que el Nobel afirma que durante esos años la economía se sobrecalentó, pero lo cierto es que, aun así, las relaciones que le permiten afirmar que con un 2% de inflación tendríamos un 15% de paro no son más que las relaciones que surgieron durante esos años de sobrecalentamiento: a saber, la estructura económica de España sólo le ha permitido bajar el paro a un 15% con un 2% de inflación… cuando nuestra economía ha estado en modo burbuja.

Uno no puede basar sus razonamientos sobre cuál sería el funcionamiento normal de una economía a partir de la experiencia que nos proporciona el funcionamiento anormal de esa economía. No puede hacerlo, claro está, a menos que su propósito último sea el de promover que la anormalidad burbujística debe convertirse en el modelo normal de crecimiento de España. Porque, al final, esa es la cuestión de fondo: nuestro país se halla tan maniatado por regulaciones, impuestos y privilegios oligopolísticos que en las últimas tres décadas sólo ha sido capaz de reducir significativamente su tasa de paro encaramándose a la cresta de una burbuja de mala deuda y de malas inversiones.

Para España no existe algo así como “una inflación neutral del 2% que minore el paro hasta el 15”; más bien, lo que existió fue una inflación crediticia que, exteriorizándose en una inflación de precios del 2%, permitió reducir el paro hasta el 15%. Algo evidente tan pronto tomamos datos históricos de España que vayan más allá de esta última burbuja y que incluyan períodos no marcadamente burbujísticos pero durante los que la inflación sí fue harto elevada: en esos episodios, como hemos comprobado, la inflación fue estratosférica y el paro también lo fue. De ahí que volver a la burbuja (gastar por gastar sin generar riqueza) puede que reduzca el desempleo durante un tiempo –como pretende Krugman– pero lo hará a costa de un sufrimiento y de una destrucción de empleo mucho mayor (como los que padecemos ahora como consecuencia del hundimiento de una modelo de crecimiento con pies de barro).

La culpa de nuestro alto desempleo no es de la (inexistente) austeridad sino de la conjunción de dos devastadores efectos: una tasa de paro estructuralmente elevadísima (consecuencia de los ya mentados privilegios, impuestos y regulaciones) que se ha visto agravada por el hundimiento de nuestra burbuja inmobiliaria. Esa burbuja a la que a Krugman le encantaría regresar.


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