El Precio de la Civilización

El coste de la ruptura (III): "Les claus de la plaça Letamendi"

Como decíamos ayer, uno de los primeros objetivos de la Generalitat en el proceso de secesión es el control de la Hacienda en Cataluña: "Les claus de la plaça Letamendi", es decir, las llaves de esta céntrica plaza barcelonesa donde está sita la Delegación Especial de Cataluña de la Agencia Tributaria. A esta cuestión, le dedica el Consell Assessor de la Transició Nacional, o CATN (a la independencia, se entiende) su segundo informe: lo que han reflejado los medios de comunicación sobre el informe es que la Hacienda catalana dependerá de que los catalanes quieran voluntariamente pagar. En términos literales de la propia Generalitat: "la Generalitat, en aquests moments, no disposa d‟una organització dotada dels mitjans materials i personals necessaris per assumir la gestió de la totalitat de les obligacions tributàries dels ciutadans i ciutadanes de Catalunya, ni d‟una base de dades pròpia que reculli el cens del contribuents catalans. Aquest fet converteix l‟Agència Tributària de Catalunya en una organització depenent de la informació que li proporciona l‟AEAT, i li impedeix assumir el control de la fiscalitat a Catalunya." Es decir que, con independencia de cuestiones jurídicas, la propia Generalitat reconoce su incapacidad para controlar los impuestos que pagan los catalanes.

El informe es bueno, y se nota la mano de alguna persona que sabe de gestión tributaria. De hecho, he conocido algún directivo de la Agencia Tributaria que sabía bastante menos de estos temas. En consecuencia, más allá de la retórica, se propone incrementar drásticamente los medios humanos y materiales de la actual Agencia Tributaria de Cataluña, tanto incorporando a todo el personal de la Agencia Estatal en Cataluña, como contratando más personal y pagándolo mejor. El CATN recomienda también aumentar los plazos de prescripción (página 121 del informe), evidentemente para poder recuperar en el futuro, lo que los catalanes dejen de pagar, por la ausencia de control fiscal efectivo de la Generalitat. Esta previsible explosión del fraude en Cataluña, que no sólo es una opinión mía, que también, sino de los propios expertos de la Generalitat, tendría más consecuencias de las que a primera vista puede pensarse.

En primer término, la financiación del nuevo Estado catalán estaría seriamente comprometida desde sus orígenes, y los recortes de gasto público, de los que hablábamos en la anterior entrega de esta serie: lejos de disminuir, se incrementarían drásticamente.

Ésta es una cuestión clave y desmiente la famosa promesa del paraíso terrenal y de amortización acelerada de la deuda pública que están prometiendo los independentistas; basándose en un instrumento tan discutible como las balanzas fiscales. Según esta teoría, los catalanes aportan 16.000 millones de euros más de lo que reciben del resto de los españoles.

Sin embargo, este famoso saldo está neutralizado y no tiene en cuenta todos los gastos a los que tendría que hacer frente un nuevo Estado. La primera cuestión es la más relevante. Una balanza fiscal neutralizada es una balanza que suma cero. Sin embargo, si el conjunto de España tiene un déficit elevado, la balanza no debería sumar cero, sino el déficit total. Dicho de otra forma, en una España confederada, a día de hoy, no habría transferencias entre territorios, sino territorios con más o menos déficit, que todos ellos tendrían que financiar en el mercado.

Ésta era mi conclusión hace año y medio: y es también la tesis de Josep Borrell y Joan Llorach en dos recientes artículos en El País. Todos estos artículos han sido criticados políticamente, pero es muy complicado discutir con las matemáticas: La diferencia entre los impuestos recaudados y el gasto en Cataluña, en 2009, y siguiendo el método de cálculo más favorable a la Generalitat no sería más que unos centenares de millones de euros. Además hay que establecer nuevas estructuras como ejército, más representación diplomática (aunque ahora hay un embrión), jefatura del Estado... Adicionalmente, los catalanes tendrían que pagar todas las estructuras centrales de las que ahora se benefician, aunque no esté físicamente situadas en Cataluña, desde la Agencia Estatal de Meteorología hasta el Instituto Nacional de Estadística entre otras muchas. Cuando a esto le añadimos el grave problema recaudatorio que comentamos anteriormente, la situación se puede volver explosiva. De todas formas, el coste de la ruptura no sólo sería gravísimo para Cataluña, sino también para el resto de España. Si en Cataluña se recaude el 20% de los impuestos, la situación de la Hacienda Española sin los impuestos que pagan los catalanes sería mucho peor. Además, aunque el gasto público en Cataluña no haya que pagarlo, algunos gastos comunes apenas disminuirían. Por último, la Hacienda española también se vería afectada por la explosión de fraude que se produciría en Cataluña. Como cualquiera se puede imaginar, económicamente perderíamos todos; lo que es un poderoso argumento para que todos participásemos en una decisión que nos afectaría, nos gustase o no, a todos.

Aunque nos afectase a todos, como en cualquier otra circunstancia, no nos afectaría de la misma forma. Las agencias de rating ya han avisado de que la ruptura supondría la rebaja del bono español a la categoría de bono-basura. Probablemente, la prima de riesgo de España aumentaría de forma drástica y los problemas de financiación, tanto del Estado como de las empresas se agravarían sustancialmente.

En una Cataluña independiente, aunque probablemente no quisiese asumir nada de la deuda que ahora tiene el Reino de España, la situación sería mucho peor en todos los escenarios, porque su capacidad de repago sería menor por todo lo que hemos visto anteriormente. Aún así, no sería lo mismo que Cataluña se mantuviese en el Euro a que crease una moneda propia. Lo que estaría claro, en cualquier caso, es que la pérdida del apoyo del BCE, por la automática salida de la Unión Europea haría casi imposible la financiación del déficit, por lo menos a medio plazo. Si un país que gasta más de lo que ingresa no se puede endeudar, se pueden esperar muchas cosas, pero no bienestar económico. Pero de la ruptura de la moneda, de la pasta gansa, hablaremos en la próxima entrega.


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