El Precio de la Civilización

La resaca del champán

Hace un par de semanas comentaba que el resultado de las elecciones europeas iba a influir en la política fiscal. Paradojas de la vida, aunque se ha producido un giro a la izquierda del electorado, las elecciones van a originar una bajada de impuestos muy superior a la prevista. Esto se debe a dos factores que no son técnicos, ni económicos, sino puramente políticos. En primer lugar, lo más relevante es el auge de partidos radicales y/o antieuropeos en casi toda Europa. En segundo lugar, están los factores nacionales.

Salvo en Italia y Alemania, en el resto de Europa han triunfado, o han mejorado sustancialmente sus resultados, opciones que se alejan del consenso bipartidista favorable a Europa: van desde el UKIP en el Reino Unido, a Syriza en Grecia, el Frente Nacional en Francia o Podemos en España. La principal característica que tienen en común todas estas fuerzas es su descarnada crítica a la política denominada de “austeridad” y recortes en Europa. Por ejemplo, el gobierno francés aprobaba antes de las elecciones europeas un programa de recorte de gasto público para reducir el déficit y financiar una rebaja de cuotas a la Seguridad Social. Este programa ha sufrido un durísimo castigo en las urnas, y la reacción ha sido anunciar una rebaja del IRPF.

El principal problema de acometer rebajas de impuestos y de no controlar férreamente el gasto público, especialmente en una coyuntura recesiva, es que se dispara el déficit público. Lo que ha impedido que se desarrollen estas políticas, que podríamos denominar populistas, es el riesgo de no poder colocar la deuda pública, no sólo la necesaria para financiar el déficit, sino también la que hay que emitir para pagar los vencimientos de la que ya está en circulación. Esto es lo que mide la prima de riesgo, la diferencia entre lo que un Estado tiene que pagar por colocar un bono a diez años, y lo que paga Alemania. Bien, la famosa prima de riesgo ha sido el principal agente “reformista” y favorecedor de “recortes” y “subidas de impuestos”.

Sin embargo, la prima de riesgo sigue bajando. En este punto, hay una doble clave. En primer lugar, la decidida intervención del Banco Central Europeo (BCE) prestando masivamente a la Banca. Esta inyección masiva de liquidez se está invirtiendo masivamente en deuda pública, y no parece estar provocando inflación. ¿Por qué? Sencillamente, porque el dinero no está afluyendo a la economía real: no se está prestando a particulares, para financiar el consumo, ni a empresas, para financiar la inversión. La normativa de Basilea III y los tests de stress exigen mucho más capital para cubrir el riesgo de otorgar créditos a particulares y empresas, pero apenas en el caso de deuda pública. En consecuencia, la Banca está comprando masivamente deuda pública utilizando el dinero que le presta el BCE.

Además, los intereses de los depósitos están bajo mínimos, puesto que la Banca puede obtener toda la financiación que necesite del BCE. En consecuencia, y dada la aversión al riesgo que ha provocado toda la crisis financiera, la alternativa más rentable de inversión para muchos particulares es también la deuda pública. En resumen, aunque ha aumentado la emisión de deuda, se ha incrementado mucho más su demanda, con lo que no hay problemas de colocación y está cayendo la prima de riesgo. En esto también tiene mucho que ver que el dinero ha huido de los países emergentes, donde se percibe muchísimo riesgo.

En estas condiciones, el BCE ha anunciado una nueva inyección de liquidez de 400.000 millones de euros. Es cierto que Draghi señala que se va a vigilar que este dinero se destina a préstamos y no a comprar deuda, pero es muy difícil de controlar. De hecho, se puede destinar este dinero a préstamos a particulares y empresas, y el que se iba a destinar a estos menesteres, se puede destinar a comprar deuda pública. Mientras no se cambien las normas de solvencia, o la Banca no se haya recapitalizado por completo, este aumento de liquidez se quedará en la deuda pública y no fluirá a la economía real. Como era previsible, tras este anuncio ha bajado la prima de riesgo de todos los países, y por ejemplo, España se financia más barato, para las nuevas emisiones, que Estados Unidos. Se ha producido una desconexión entre la situación fiscal de los países y el coste de lo que pagan por financiar su déficit.

Esto va a llevar a política fiscales más expansivas en toda Europa, simplemente porque se pueden financiar. De hecho, ésa es en mi opinión, el núcleo de la decisión histórica del BCE de hace unos días. Por supuesto, esto no resuelve ninguno de los problemas de fondo de las economías europeas: desequilibrios, exceso de deuda y falta de competitividad; simplemente se compra tiempo, lo que siempre tiene un precio, ante la eventualidad de la llegada al poder en buena parte de Europa de partidos que amenacen el status quo.

El factor nacional en España es que el PP considera que todos sus problemas consisten en que su electorado se ha abstenido. En consecuencia, la reforma fiscal se va a centrar en la reducción de la carga fiscal a las clases medias, lo que tiene un importante coste presupuestario. La clave como ha indicado el ministro Guindos es que “los ciudadanos perciban que bajan los impuestos”. De nuevo, esto no soluciona los graves problemas de ineficiencia, falta de equidad, fraude e insuficiencia recaudatoria de nuestro sistema fiscal. Como en el caso anterior, simplemente se gana tiempo. Se debería bajar los elevados impuestos a los que ya los pagan, pero a la vez habría que perseguir el fraude mucho más en serio y acomodar el gasto público a lo que podemos recaudar.

Por supuesto, con todo esto, los desequilibrios en 2016 serán superiores a los actuales: habrá más deuda pública, el déficit no estará controlado, el paro no habrá bajado sustancialmente y probablemente el endeudamiento privado tampoco lo haya hecho. Entonces, llegará la factura de la borrachera de liquidez y sus consecuencias, la resaca del champán.

Este sábado, día 11, estaré firmando ejemplares de “¿Hacienda somos todos?”- Impuestos y fraude en España (Debate) en la caseta 86 (Casa del Libro) de la Feria del libro de Madrid; allí, si ustedes quieren, nos vemos.


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