El Precio de la Civilización

La memoria de lo que nunca ocurrió

En este otoño muchos personajes ilustres están publicando memorias y ensayos. Uno de los que más ha llamado la atención es el libro de Pedro Solbes, exvicepresidente económico con Rodríguez Zapatero, titulado "recuerdos". En este libro, lo más controvertido es, sin ninguna duda, lo que pudo haber sido y no fue: la reacción ante la crisis económica. ¿Qué falló? Para Solbes, claramente Zapatero que no atendió sus recomendaciones. Naturalmente, Zapatero ha negado haber recibido ningún tipo de informe de Solbes en 2009 alertando de la situación crítica de la economía.

Creo que la cuestión tiene más importancia de la que parece, porque está en la raíz de las malas políticas durante la crisis, y por tanto de su gravedad y dureza. En primer lugar, ninguno de los protagonistas discute que durante los felices años de la burbuja no se hizo casi nada en términos de política económica, porque todo parecía ir de cine. Aquí conviene recordar que los inspectores del Banco de España advirtieron de que el sistema financiero no descansaba sobre bases sólidas precisamente. Por supuesto, y como todo el mundo sabe, no se hizo caso al aviso a navegantes.

De hecho, casi la mitad del sistema financiero eran las cajas de ahorro que estaban dirigidas por políticos. Para controlarlo, se designó al primer y único Gobernador del Banco de España con carnet de un partido político, Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO), que venía de ser secretario de Estado de Hacienda. Esto no hacía presumir mucha independencia frente a los políticos, sin embargo, lo más sorprendente y menos conocido, es que la gestión de MAFO en Hacienda había sido tan “brillante” que es el único secretario de Estado, por lo menos de momento, del que la Asociación de Inspectores de Hacienda había solicitado formalmente su cese. 

Otra cuestión “sorprendente” es que, a estas alturas, Solbes siga considerando que el sistema financiero español, en 2009, no es que fuera sólido sino que, citando textualmente, "decíamos que teníamos el mejor sistema financiero del mundo y era verdad". En ese año, el 2009, no sólo aumentó la mora, sino que se produjeron adjudicaciones masivas de inmuebles a las entidades financieras. Además, muchas entidades financieras emitieron masivamente participaciones preferentes, simplemente porque no podían cumplir las exigencias de solvencia. Los indicios de crisis financiera eran evidentes en 2009. Siendo benévolos, si a estas alturas hay quien sigue pensando que el deterioro de las entidades financieras se produjo, casi por arte de magia, en 2011 y 2012, es que a día de hoy sigue sin entender la crisis, por lo que mucho menos podía haberla comprendido en sus orígenes.

Esta cuestión es simplemente crucial. Si en 2009 se hubiesen limpiado los balances bancarios, se hubiesen exigido responsabilidades y entonces, cuando aún éramos solventes, se hubiese recapitalizado la banca, ahora estaríamos muchísimo mejor. Muchas pérdidas que luego hemos pagado entre todos no se hubiesen producido. Además, la prima de riesgo muy probablemente no se hubiese disparado y sobre todo, a estas alturas las entidades financieras podrían dar algo de crédito al sector privado. Pero claro, para eso había que empezar por considerar que no teníamos el mejor sistema financiero del mundo.

Recaudación de impuestos

Hay otra cuestión relevante, los impuestos. La recaudación fiscal se cayó en 2008. Sin embargo, el Gobierno no tomó ninguna medida. En realidad, pretendió salir de esta situación gastando más, con medidas como el plan E, los 2.500 euros, que eso sí, Solbes “ostensiblemente” no aplaudió, o finalmente en 2009, el nuevo sistema de financiación autonómica, que supuso un aumento de más de 11.000 millones de euros anuales en el gasto autonómico. Todo esto supuso pasar de un superávit público del 2% a un déficit superior al 11% en dos años. Esta escalada es la que se hubiese detenido, según cree Pedro Solbes, si Zapatero le hubiese hecho caso en su famoso informe de principios de 2009.

Desconozco si el informe existió, pero, en la práctica, es como si no hubiese existido. No sólo porque no hay el menor rastro de un intento de cambio de política hasta mayo de 2010, sino fundamentalmente porque se intentó silenciar a quién sí advertía de lo que se nos venía encima. En septiembre de 2008, los Inspectores de Hacienda avisamos de “luces de alarma en la recaudación tributaria” y de que “un aumento de los impuestos era inevitable”. Por supuesto, el equipo económico del gobierno de Zapatero no sólo no hizo caso, sino que criticó todas estas manifestaciones públicas, considerándolas, seamos suaves, como “irresponsables” y con “intencionalidad política”.

No sé si Solbes y su equipo no habían entendido nada en el tema fiscal, como parece que pasó en el ámbito financiero, o si no supieron convencer al presidente Zapatero. Lo que no se entiende es que para convencerle se dedicase a criticar y ningunear como “antipatriotas” a todo el que alertaba de que estábamos en crisis, especialmente, si efectivamente querían convencer a sus superiores de que había crisis y que era inevitable tomar medidas drásticas. En consecuencia, no sé si el famoso informe existía, pero en el fondo da lo mismo; sólo sería el testimonio de lo nunca se hizo.

En fin, evidentemente la historia de esta crisis es una historia de responsabilidades compartidas, que comienzan por un electorado que votó, en 2008, y también en 2011 con otro partido, por los programas que prometían menores cargas fiscales y eran, en consecuencia, los menos realistas. Sin embargo, la responsabilidad máxima recae, obviamente en los dirigentes políticos. La responsabilidad de Rodríguez Zapatero es, sin duda, muy importante, porque claramente no había entendido la profundidad de la crisis. No sé si sus vicepresidentes, Solbes y Salgado, no la entendieron hasta que fue demasiado tarde; pero si lo hicieron, creo que su responsabilidad sería mucho mayor, porque se podía haber hecho más y mejor.

Incluso buena parte de lo que se hizo fue contraproducente y se hizo por su iniciativa o con su consentimiento, aunque no fuese entusiasta. Todos tendemos a creernos mejores de lo que en realidad somos; sin embargo, presumir que éramos más listos de lo que en realidad fuimos es un error, que sólo hace más exigente el juicio de la Historia.


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