El Precio de la Civilización

El espejismo olímpico

Cuando el sábado pasado, el presidente del COI, Jacques Rogge anunciaba que Madrid no iba a ser la sede de los JJOO muchos españoles nos llevamos una monumental sorpresa. La candidatura de Madrid había caído en primera ronda, tras un desempate con Estambul; es decir, la posibilidad de que Madrid hubiese obtenido la organización no era realista sino un mero espejismo, cualquiera lo hubiese dicho, especialmente si se había informado por los medios de comunicación en España.

No es una sensación nueva. Por ejemplo, en las elecciones USA de 2004, entre Bush y Kerry, todos los medios españoles daban por ganador a Kerry, y la victoria de Bush fue finalmente muy clara. Obviamente, estos medios estaban confundiendo sus deseos con la realidad. Esto mismo ocurrió en las presidenciales americanas de 2012 para los propios medios americanos, que pronosticaban un reñido empate, aunque en la realidad, Obama se impuso con mucha claridad. Si esto ocurre en elecciones donde participan centenares de millones de personas, y con un proceso continuo de estadística, ¿qué se puede esperar de una elección donde participan un centenar de notables?

Lo más parecido a la elección de sedes por los miembros del COI es el cónclave para la elección de un pontífice por los cardenales en la Iglesia Católica. Históricamente, esta elección ha sido bastante imprevisible, y de ahí el viejo dicho de que el que en un cónclave entra papa, sale de él como cardenal. De hecho, en la última elección, el Cardenal Bergoglio, actual papa Francisco no figuraba en las quinielas como papable, por lo menos de los medios españoles. Este hecho resulta aún más sorprendente cuando en el anterior cónclave, el citado cardenal fue el segundo que más votos obtuvo después de Ratzinger (anterior papa Benedicto XVI).

En general, en este tipo de elecciones se vota por intereses. De hecho, los intereses casi la única cuestión que importa en una elección con un centenar de miembros. Esto puede ser discutible si la elección la realizan unos ancianos que han consagrado su vida a Dios, como los cardenales. Aún asi, eso ha impedido, históricamente, que se haya elegido como Romano Pontífice, por ejemplo, a Alejandro VI, uno de los únicos dos españoles que se han sentado en el solio de San Pedro. Bien, Alejandro VI no sólo tuvo un comportamiento escandaloso con hijos, amantes, asesinatos, declaraciones de guerra… sino que para una autoridad en estos temas como Mario Puzo (autor de El Padrino), fue el gran capo de la primera “famiglia” del crimen organizado: Los Borgia. Parece que en esa ocasión, el Espíritu Santo no influyó en los electores tanto como el oro, las promesas y las amenazas; aunque lo que es un auténtico milagro es que una Organización, que predica justamente lo contrario, haya sobrevivido cinco siglos a elecciones como ésa.

Con estos antecedentes, sorprende la inmensa seguridad con la que todo el establishment español apostaba por la candidatura de Madrid, aunque sólo fuese porque era la candidatura que menos dinero iba a invertir y lo proclama abiertamente: la candidatura de la austeridad. Seguramente, el lector esté sonriendo y no se crea la supuesta austeridad, yo tampoco, pero eso no invalida el argumento: aunque seguro que hubiese habido desviaciones, el presupuesto global de nuestras competidoras, Estambul, y, sobre todo, Tokio, hubiese sido mucho mayor. De hecho, en toda esta cuestión hay una confusión entre las razones por las que le convenía, o no, a España que a Madrid se le adjudicasen los Juegos Olímpicos, y las razones por las que el COI no lo ha hecho.

Soy de la opinión, claramente minoritaria en los medios, con la notable excepción de Vozpópuli, y entre los partidos políticos (aquí la excepción es UPyD), de que a España no le convenían los Juegos. La razón fundamental es que prorrogaban un modelo insostenible de inversión en ladrillo. Un análisis más completo lo pueden encontrar en este artículo de Jesús Fernández-Villaverde.

No quiero ni pensar en las tensiones sociales que se hubiesen producido gastar e invertir sin tasa en los JJOO, mientras se recortaban prestaciones sociales e inversiones productivas. Una de las razones fundamentales del malestar social con la “clase política” es el profundo desacuerdo con los recortes, no sólo con su mera existencia, sino también con la escala de prioridades. La idea que ha calado es que se recorta en investigación, sanidad y educación para mantener una burocracia hipertrofiada, es decir los privilegios de la casta. Aunque la afirmación puede tener sus matices, esa percepción está tan generalizada que no ha habido más remedio que vender unos juegos “austeros”.

Ese planteamiento hacía más digerible la cuestión para la opinión pública española, y estaba apoyado por el hecho de que una parte sustancial de las infraestructuras ya estaban construidas. Sin embargo, son precisamente estas cuestiones las que hacían dificilísimo que el COI apostase por España. Si usted no paga y puede elegir entre unas Olimpiadas con recorte y con una inversión adicional muy pequeña, y un país muy rico como Japón, que está dispuesto a tirar la casa por la ventana, ¿qué elegirá?

La principal razón de estos espejismos es confundir los deseos con la realidad. En esta cuestión, los medios, los partidos políticos y algunas grandes empresas han confundido sus intereses no ya con los de España en su conjunto, sino también con los miembros del COI que elegían. Una buena parte de estos problemas se hubiese evitado si se hubiese abierto el debate. En toda esta cuestión, a los que discrepaban apenas se les ha dado voz. Esto ha impedido darse cuenta de la realidad y nos ha llevado a un ridículo internacional y a una cierta depresión que nos podíamos haber evitado. No era cierto que los JJOO fuesen la solución a los problemas de España, y era aún menos cierto que el COI nos los fuese a dar. Las mentiras que nos contamos a nosotros mismos son, siempre, las peores de todas.


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