El Precio de la Civilización

Las devoluciones y el déficit “desaparecido”

Reabro el blog con una petición de disculpas a los lectores. Hace algunas semanas que no escribo porque estoy ultimando la redacción de un libro “El precio de la Civilización. Impuestos y fraude en España” y me está absorbiendo todo mi tiempo libre, que habitualmente dedico, entre otras cuestiones, a este blog. Hoy interrumpo la redacción para intentar aclarar una cuestión sobre la que se está hablando mucho últimamente, la sorprendente reducción del déficit público entre agosto y septiembre: casi 11.000 millones de euros, de los que informaba Antonio Maqueda.

Si uno observa el informe mensual de recaudación de la Agencia Tributaria, la recaudación de septiembre de 2013 es casi la misma que en septiembre de 2012, incluso ha disminuido ligeramente. Por otra parte, es cierto que el gasto ha disminuido, pero simplemente porque el Estado ha dejado de aportar a la Seguridad Social, como estaba previsto en el calendario, y lógicamente, se ha incrementado el déficit de la Seguridad Social. Hasta aquí todo correcto, pero esto sólo explica 3.700 millones de euros de una reducción de 10.700 millones de euros en el déficit del Estado (sin Seguridad Social). El resto se corresponde con la contabilización de las devoluciones tributarias. ¿Qué ha pasado?

La mecánica de los tributos implica que algunos contribuyentes no sólo ingresen sino que soliciten y perciban devoluciones. Por ejemplo, casi todos los ciudadanos han solicitado su devolución de IRPF en alguna ocasión. Si un contribuyente tiene que pagar en 2012, 15.000 euros de impuestos y su empleador le ha retenido 16.000, solicitará su devolución en mayo o junio de 2013. Podría ocurrir que el contribuyente obtuviese la devolución, por ejemplo, en enero de 2014. La devolución es un menor ingreso fiscal del Estado, que ya ha percibido el IRPF del contribuyente a través de las retenciones. Siendo puristas, el derecho a devolver de nuestro sufrido contribuyente nace el último día del periodo impositivo, es decir, en 2012. Sin embargo, en esa fecha se suele desconocer cuánto hay que devolver. Hasta ahora la devolución se contabilizaba en contabilidad nacional, en las cuentas del Estado que sirven para calcular el déficit público, cuando Hacienda reconocía la solicitud de devolución como correcta. Esto casi equivalía a decir que la devolución se reconocía cuando se pagaba, porque desde que la devolución se consideraba correcta por Hacienda hasta el pago suelen pasar unos 15 días.

En principio, si las devoluciones son estables, no estamos en la génesis del universo y el mundo no se acaba mañana, da bastante igual cuándo se compute la devolución. Si todos los años el Estado devuelve unos 50.000 millones de euros en devoluciones tributarias, y el calendario de devoluciones no se altera sustancialmente, da lo mismo computar las devoluciones que un contribuyente ha devengado, es decir aquéllas cuyo derecho ha nacido un año, las que ha solicitado al año siguiente, o las que Hacienda efectivamente le ha pagado el segundo año siguiente.

Sin embargo, durante la crisis el calendario de devoluciones se ha ido posponiendo. Por ejemplo, en 2012 los ingresos tributarios “homogéneos” fueron inferiores a los ingresos reales en casi 5.000 millones de euros. Esto significaba que ese año si se hubiesen acordado devoluciones a un ritmo normal, se hubiesen recaudado 5.000 millones de euros menos. En la práctica, eso suponía que devoluciones por unos 5.000 millones de euros que ordinariamente se hubiesen acordado en 2012 quedaron pendientes para 2013. Eurostat, la institución europea que homologa las cuentas nacionales obligó a ajustar 2.500 millones de euros provisionalmente. Eso significaba que, aún así, la recaudación de 2012 estaba artificialmente hinchada en 2.500 millones, y que correlativamente la recaudación de 2013 debía minorarse en 2.500 millones, es decir se devolverían 5.000 millones del año pasado, y sólo se ajustarían en contabilidad nacional 2.500. Esto, como ya comentamos en la serie de posts “El déficit en el filo de la navaja” hacía muy complicado conseguir el objetivo de déficit.

Ahora, definitivamente Eurostat ha obligado a que se contabilicen las devoluciones cuando el contribuyente las solicita. Efectivamente, un contribuyente puede solicitar un importe excesivo, así que se debe aplicar un porcentaje corrector de acuerdo con la experiencia histórica. Por ejemplo, si el año pasado se encontró correcto y se devolvió el 92% de los importes solicitados en el impuesto de sociedades, se debe aplicar un ajuste al importe solicitado del 8%, a la hora de calcular cuánto hay que devolver este año. Este nuevo criterio significa que da lo mismo cuánto tarde Hacienda en devolver, devuelva cuando devuelva, el momento no afecta al cálculo de la recaudación en contabilidad nacional, ni por tanto al déficit público.

Ahora bien, el nuevo criterio ha supuesto poner el marcador a cero. Esto quiere decir que lo que se ha devuelto en 2013 y que se había solicitado en 2012 computa en déficit de 2012, no de 2013. Esto ocurre igualmente con 2012, respecto a las devoluciones de 2011 y así sucesivamente. Como habíamos dicho antes, si las devoluciones permanecen estables, y no estamos ni en el primer año ni en el último, el resultado no debería variar. Sin embargo, el resultado sí varía porque cada año, a lo largo de la crisis, se devolvía más tarde, es decir se generaban devoluciones por 5, que solicitaban los contribuyentes, y sólo se devolvía por 4. Esto ha supuesto que en 2009 y en 2011 se ha aumentado el déficit. En 2012 ha permanecido más o menos igual, porque ya se había hecho un ajuste. En 2013, claro el déficit será inferior, pero no por 7.000 millones de euros. En estos momentos hay devoluciones pendientes de computar, y hasta final de año seguirán entrando solicitudes que habrá que computar como menor ingreso de este año, y que hasta ahora, como se pagaban al año siguiente, no se computaban. Lo que se echa de menos, además de una explicación oficial, es la publicación de los importes solicitados por los contribuyentes, dato imprescindible para el seguimiento de las cifras.

En resumen, no han aparecido 7.000 millones de la nada, ni se han hecho trampas. Simplemente, el déficit de este año sólo computará lo que los contribuyentes han solicitado y previsiblemente habrá que devolver, este año o el que viene, pero, repetimos, solicitado en 2013. Con todo, el nuevo criterio favorece el cumplimiento del déficit, porque si Eurostat hubiese obligado a ponerse al día, pero además hubiese habido que computar las devoluciones pendientes de 2012, esto hubiese supuesto añadir unos 5.000 millones de euros al déficit de 2013, en lugar de a los ejercicios anteriores con lo que el objetivo de este año no se hubiese cumplido.

En cualquier caso, creo que la contabilización de devoluciones es más correcta, pero todo esto no deja de ser contabilizar flujos de ingresos y pagos de distinta forma. La situación real de nuestras cuentas públicas no ha cambiado y sigue siendo complicada. Aún así, este cambio es positivo y debe ser explicado porque impide que retener devoluciones en una situación de falta de liquidez, maquille el objetivo de déficit. Sobre todo, el cambio debe ser explicado porque la credibilidad de las cifras no debería ser cuestionada, y si las cifras no se entienden, siempre se cuestionan.


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