El Precio de la Civilización

El descrédito

"No credit. Insert coin": No tiene crédito, inserte dinero. Éste era el mensaje de una máquina recreativa cuando ibas perdiendo la partida y, en consecuencia, no tenías crédito. Para continuar jugando, la única solución era poner dinero. La lección es sencilla: el descrédito cuesta dinero. Probablemente, la palabra descrédito sea la que mejor defina la situación actual de España.

En primer lugar, tenemos el descrédito de casi toda la clase política. En España hay continuos escándalos de corrupción asociados a nuestra clase dirigente. Además de que un escándalo tapa a otro, la gravedad de muchos de ellos es muy notable, tanto por su importancia económica como por las personas e instituciones implicadas. Con todo, lo peor es la sensación de impunidad: cuando los hechos se descubren, a menudo han prescrito. Si no es así, a veces hay pactos con la Fiscalía, institución sometida al principio de jerarquía, cuyo máximo responsable siempre ha sido nombrado por el Gobierno. Las razones de los acuerdos pueden ser técnicas o también de ausencia de pruebas, pero, a menudo, la opinión pública no las entiende. Incluso si la Fiscalía mantiene la acusación (o hay un acusador privado o popular), los tribunales, completamente saturados, frecuentemente, no pueden resolver en un plazo razonable o no hay pruebas suficientes para condenar. Para cerrar el círculo, el abuso de la potestad gubernamental del indulto, especialmente en casos de corrupción, hace el resto: prácticamente no hay condenas efectivas de cárcel en casos de corrupción.

Además, la sensación de impunidad y descrédito se extiende a instituciones clave, como la Corona, y a parte de la clase empresarial. No hay que pensar más que en los escándalos recientes. Evidentemente, no todas las personas que forman parte de las instituciones son corruptas, pero algunas que sí lo son lanzan cortinas de humo que contribuyen a hacer el ambiente irrespirable. Ante esto, urge cambiar las reglas de juego. En este sentido, hace unos días Manuel Muela comentaba el primer manifiesto proponiendo cambiar las reglas de juego, el de UPyD

En cualquier caso, si el cambio de reglas de juego es imprescindible, todavía urge más aplicar las leyes que ya existen. Aunque hay un problema de malas leyes, es todavía más grave que las que hay, buenas o malas, simplemente no se cumplan.

Por poner un ejemplo, la normativa bancaria en España no es muy diferente de la de otros países europeos. Nos podemos escandalizar con el desastre de gestión de casi todas las antiguas cajas de ahorro, pero, desafortunadamente, algunas historias parecidas han sucedido en otros países de nuestro entorno o en Estados Unidos. Sin embargo, allí las autoridades han reaccionado. Aquí, sin embargo, la reputación del Banco de España ha caído por los suelos. No hay ninguna persona que haya sido encontrada responsable de una gestión que ha conducido al endeudamiento masivo de los españoles y a un rescate parcial de su economía. No sólo es un problema de leyes, que también, es fundamentalmente un problema de instituciones y de aplicación de las leyes.

Parece claro que este gravísimo problema institucional es una causa fundamental que nos ha llevado a esta crisis económica. Sin embargo, hay quienes defienden desde el Gobierno y desde el resto del Establishment que los casos de corrupción no están afectando a la economía. Desgraciadamente, esto es un error grave: no hay peor ciego que el que no quiere ver. Cuando los casos de corrupción españoles abren las ediciones del Financial Times o The Wall Street Journal, o cuando la foto de Bárcenas ocupa media portada del International Herald Tribune, resulta evidente que la opinión pública internacional, y los grandes inversores que mueven los mercados, conocen esta oscura y desgraciada situación de España. Esto nunca es bueno, pero menos aún en la situación de España.

Cuando en España se ha caído en picado la inversión y, consecuentemente, se ha destruido empleo como nunca en la historia, estamos en el peor momento para que los inversores huyan de un país cuyas clases dirigentes se perciben como corruptas. Además, España es un país enormemente endeudado con el exterior, en particular su sector financiero. Además, la deuda pública está subiendo de forma espectacular. Si queremos convencer a los inversores españoles e internacionales de que apuesten por España, no podemos ofrecer el espectáculo continuado de los casos de corrupción; porque es simplemente el mensaje de que su dinero no está seguro aquí. Este mensaje es tolerable en un país subdesarrollado, donde a cambio se puede obtener una elevadísima rentabilidad, pero no en un país desarrollado. Es más, debemos iniciar una tarea de limpieza. Es una cuestión ética, pero también de economía, incluso de supervivencia como país, para evitar un estallido social.

Volviendo a la máquina: nos hemos ido quedando sin crédito y esto ha obligado a poner dinero, pero el dinero también se nos ha ido agotando. Si no afrontamos urgentemente la tarea de regeneración, nos encontraremos con un temido mensaje más pronto que tarde: GAME OVER. Se acabó.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba