El Precio de la Civilización

El déficit, en el filo de la navaja (I)

Aunque muchos españoles lo han descartado, podría haber nuevos “ajustes”, es decir subidas de impuestos y recortes de gasto, en este otoño que se avecina. El pasado 26 de julio, según informaba Antonio Maqueda, el Consejo de Ministros rechazó realizar nuevos ajustes, confiando en la reactivación económica. En mi opinión, con una presión mediática y política brutal a raíz de las revelaciones del 'caso Bárcenas', parecía muy complicado que el Gobierno se atreviese a anunciar nuevos ajustes, lo que no significa que no se acaben materializando.

En este tema hay dos visiones contrapuestas. La primera es la del profesor Manuel Lagares, presidente del comité de reforma fiscal, que ha escrito recientemente que, como el déficit total de la Administraciones Públicas en en el primer semestre de 2013 ha sido inferior en un 0,8% PIB al de hace un año (4,80% frente a 5,60%), extrapolando, a final de año tendremos un déficit de un punto menos, 6% en lugar de 7%. Sin embargo, para el profesor Juan José Rubio-Ramírez, asesor de la Reserva Federal e investigador de Fedea, como un 3,8%, que ha sido el déficit de la Administración Central sin Seguridad Social, es todo el déficit previsto para todo el año, habría falta un déficit 0 en el segundo semestre. El año pasado se consiguió, pero recortando una paga extra a los funcionarios y congelando las pensiones, por lo que, para algunos economistas como el citado profesor, los ajustes este otoño son inevitables.

Creo que, aunque no son necesarios los brutales recortes y subidas de impuestos del segundo semestre de 2012, habrá que hacer algo más de lo ya hecho si no se quiere incumplir el objetivo de déficit. El esfuerzo al que se ha comprometido el Estado es bastante inferior al del año pasado, ya que sólo tiene que reducir medio punto el déficit. Pero, si no se toman medidas adicionales, no se cumplirá, porque, creo que algunos elementos no se están valorando adecuadamente.

En primer lugar, la reducción de la prima de riesgo supondrá un ahorro en intereses, pero no tan fuerte como todo el mundo espera. Parte de esta reducción es incremento de los tipos de interés en Alemania. Como la prima de riesgo se calcula por diferencia entre el tipo de interés del bono alemán a diez años y el tipo del bono español, la prima se reduce, pero el pago de intereses no. Por otra parte, hay más deuda emitida de la prevista, que ya ha alcanzado el 90% del PIB. Además, la reducción del pago de intereses sólo afecta a las nuevas emisiones, que, por otra parte, se concentraron en el primer semestre por miedo a que la coyuntura fuese peor. Por último, los presupuestos se calcularon con un tipo medio de 4,8%, y actualmente estamos pagando alrededor de un 4,5%: es un ahorro, pero no es la panacea. De hecho, los gastos financieros en el primer semestre han crecido un 14,4% respecto del primer semestre del año anterior, llegando a casi 14.000 millones de euros.

El segundo efecto que se está sobrevalorando es la reactivación económica. Efectivamente, España ha batido récord de exportaciones y el déficit comercial está en mínimos. Esto ha supuesto, junto con una extraordinaria temporada turística, que España haya pasado a tener superávit por cuenta corriente. Las implicaciones positivas son extraordinarias; España ha cerrado un ciclo, pasando de ser en 2007 uno de los países con mayor déficit por cuenta corriente del mundo a estar en superávit. Como economía, España “vende” productos y servicios en una cuantía mayor de lo que compra: hemos dejado de vivir por encima de nuestras posibilidades y empezamos a reducir la ingente deuda externa. Sin embargo, la demanda interna está bajo mínimos y cayendo.

Esta combinación hace más sostenible en algunos aspectos la economía española, sobre todo de cara a nuestros acreedores. De hecho, el FMI y la Comisión Europea proponían acentuarlo artificialmente reduciendo salarios linealmente un 10%, acompañado de un aumento del IVA y una reducción de las cotizaciones sociales. Sin embargo, prácticamente todos los tributos gravan la demanda interna y no la externa: las exportaciones de las empresas no pagan IVA ni impuestos especiales en España, sino en el país donde se consume; los beneficios exteriores de las empresas españolas generalmente tampoco pagan el impuesto de sociedades. Por último, como la concentración de exportaciones se da en pocas empresas, tampoco es una fuente apreciable de creación de empleo en España. Además, la devaluación salarial que se está produciendo, está disminuyendo la recaudación tanto del IRPF como la derivada de las cotizaciones sociales.

Todo esto no afecta al turismo, que sí supondrá mayores ingresos públicos, pero como todo el mundo sabe, estos ingresos son estacionales como la propia temporada turística. En fin, aunque la reactivación económica se consolide, que esperamos que lo haga, tardará en generar recaudación fiscal, y producirá menos que en la época de la burbuja. Más allá de estos elementos estructurales, la recaudación fiscal está muy influenciada, negativamente, por algunas decisiones de 2012, que complican aún más el panorama del segundo semestre y que explicaremos la próxima semana.


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