El Precio de la Civilización

El déficit, en el filo de la navaja (y II)

Como decíamos el pasado martes, había dudas sobre el cumplimiento del déficit, pero artículo se redactó antes de que el viernes pasado se hicieran públicos los datos de recaudación y ejecución presupuestaria del Estado. No fueron buenos, y a 31 de julio, el déficit del Estado ya alcanzaba el 4,38% del PIB; es decir, el desfase entre ingresos y gastos del Estado en los siete primeros meses del año sólo era inferior al del mismo periodo del año anterior en 1.500 millones de euros. Si la ejecución presupuestaria del Estado no estaba siendo muy alentadora, ahora hay aún más dudas.

Por el contrario, a primera vista, la recaudación parece algo mejor. En los siete primeros meses de 2013, la Agencia Tributaria había recaudado algo más de 96.200 millones de euros, una cuantía casi idéntica que en el mismo periodo de 2012. Pero, como se han devuelto 3.300 millones de euros más que en los siete primeros meses de 2013, parece que cuando se normalice el calendario, recaudaremos más. De hecho, lo que se denomina “ingresos homogéneos”, es decir los ingresos que se hubiesen recaudado si se hubiese seguido un calendario estándar de devoluciones han aumentado en este periodo en 3.100 millones de euros. En realidad, prácticamente todo el incremento procede del IVA, cuya “recaudación homogénea” se incrementa en 3.500 millones, mientras que cae la recaudación del impuesto de sociedades y del IRPF. Hasta aquí, las cifras, pero las cifras engañan.

Durante el segundo semestre de 2012 apenas se realizaron devoluciones tributarias. De hecho, aunque los ingresos totales fueron 168.500 millones de euros, según la propia Agencia Tributaria, si se hubiera seguido un ritmo normal de devoluciones, los ingresos hubiesen sido de 163.400 millones (ingresos tributarios homogéneos). Es decir, se dejaron pendientes de devolver algo más de 5.000 millones de euros generados en 2012, por encima del calendario previsto. Esto se debió a que en el periodo entre julio y diciembre de 2012 se devolvió mucho menos de lo que los contribuyentes habían solicitado; lo que faltaba quedó pendiente para este año. Eurostat corrigió este importe de recaudación, por primera vez en la historia, en 2.500 millones para homologar nuestras cuentas nacionales; es decir, obligó a elevar el déficit de 2012 en un 0,24% del PIB, reduciendo correlativamente la misma cuantía en 2013, ajuste que se llevó a cabo en el primer trimestre.

Esto significa que no llevamos adelantado el calendario de devoluciones, sino muy retrasado. En los próximos cinco meses habrá que devolver 2.000 millones de euros que vienen, de alguna forma, “arrastrados” del año pasado. Por otra parte, habrá que devolver, adicionalmente, otros cinco mil millones más que corresponden a las devoluciones entre julio y diciembre, que no se practicaron el año pasado. Esto da una recaudación inferior en 7.000 millones de euros a la del mismo periodo de 2012. De este importe hay que restar los 2.500 millones que Eurostat obligó a justar para homologar nuestras cuentas. En resumen, el juego de las devoluciones de 2012 supuso cuadrar el déficit de 2012 en el 7%, a costa de una gran merma de credibilidad, pero disminuirá nuestra recaudación en los próximos meses en 4.500 millones de euros, en términos de contabilidad nacional.

Por otra parte, el año pasado se incrementaron los pagos a cuenta del impuesto de sociedades de forma muy importante. De hecho, se obligó a adelantar importes a las grandes empresas sobre rentas exentas. Estos importes se ingresaron en 2012, pero hay que devolverlos en 2013 y ascienden a alrededor de 2.800 millones de euros. Evidentemente, esta normativa sigue vigente, y las empresas volverán a ingresar importes similares este año a cuenta del impuesto de sociedades 2013. Sin embargo, mientras que en 2012 se recaudaron 2.800 millones y no se devolvió nada, en 2013 se recauda para devolver. Esto quiere decir, que a partir de agosto de este año, las grandes empresas ingresarán menos o solicitarán la devolución de estas cuantías, con lo que la recaudación por este concepto disminuirá en 2.800 millones de euros.

Además, entre septiembre y diciembre de 2012 se recaudaron 1.200 millones de euros por la amnistía fiscal, que este año, evidentemente, no se recaudarán. Muchos nos hartamos de advertir que ante un déficit estructural, medidas puramente coyunturales como la amnistía no eran una buena idea: seguimos “disfrutando” sus desastrosos efectos sobre la conciencia fiscal, y, por el contrario, la recaudación de 2012 ya no nos sirve absolutamente para nada.

Por último, la enorme subida del IVA ha permitido recaudar más, salvando de momento, la recaudación. Sin embargo se agota, ya que, a partir de octubre de 2012 se empezó a ingresar el IVA con los nuevos tipos. Esto significa que en los meses de octubre a diciembre, no se ingresará más IVA que el año pasado, sino menos, ya que ha caído el consumo (y probablemente se haya incrementado el fraude). De hecho, en estos meses, con una subida de tipos media de más del 15%, la recaudación (homogeneizada) sólo ha subido alrededor de un 10%. Además, la recaudación de los impuestos directos, IVA y Sociedades, como hemos visto, está cayendo.

Sin tener en cuenta el efecto del agotamiento de la subida del IVA, hay que esperar una reducción de la recaudación de 8.500 millones de euros en los próximos cinco meses, con respecto a la recaudación del año pasado. Esto debería compensarse, en parte, con la subida del impuesto de sociedades de la “ley de fiscalidad medioambiental”, que entraría en vigor para el pago fraccionado de diciembre: podría dar unos 2.000 millones de euros.

Bien, a 31 de julio no estábamos más cerca de cumplir el déficit que en 2012. Además en 2012, nos pasamos en un 0,7% PIB. Si en los próximos meses hay más gastos que en 2012, porque los funcionarios cobrarán paga extra y las pensiones no se congelarán, tendremos más gastos.  Además, como explicábamos antes, tendremos menos ingresos. Si ante esto, el  lector se pregunta cómo se reduce el déficit gastando más y recaudando menos, que sepa que yo tampoco lo sé.

Siendo honestos, sin hacer esfuerzos adicionales no se cumplirá el objetivo de déficit, no sólo por los factores estratégicos que señalábamos la semana pasada, sino especialmente, por el efecto de muchas decisiones de 2012 que han complicado extraordinariamente la ejecución presupuestaria de los últimos meses de este año.

Pese a que el objetivo de déficit de 2013 parecía muchísimo más asequible que el de 2012, sigue habiendo un riesgo de incumplimiento, un riesgo importante. Ahora bien, en temas de crecimiento económico vamos mejor que el año pasado. ¿Es relevante el tema del déficit como para tomar ajustes drásticas que nos podrían devolver a la recesión? ¿Es afilada la navaja, y en cuál de los dos filos, el de la recesión o en el del incumplimiento del déficit, es más afilada?

En fin, esa es otra historia, y debe ser contada en otra ocasión, por ejemplo en el artículo que cierra la serie, la próxima semana.


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