El Precio de la Civilización

El déficit en el filo de la navaja (III)

Concluíamos el anterior artículo planteando la cuestión de si merecía la pena efectuar recortes de emergencia para asegurarnos el cumplimiento del déficit. Bien, el artículo llega con retraso no sólo por la oportunidad de hablar de la elección olímpica, sino también por dejar algo de tiempo para la crítica. En estos días, no parece que, desafortunadamente, me hayan corregido los números, ni se apunten nuevos elementos que permitan esperar un mejor cumplimiento presupuestario.

No obstante, algunos expertos en economía sí me han dejado caer que el análisis está incompleto: no están las Comunidades Autónomas. No están por dos razones: creo que no son el principal elemento de desviación, y aquí estamos hablando de política, cuestión que quería reservar a esta tercera parte. Dado el inmenso volumen de transferencias estatales e impuestos cedidos, el cumplimiento de un objetivo del 1,38% del PIB no es una utopía para las CCAA. Sin embargo, el esfuerzo de recorte de gasto es muy superior en las comunidades del arco Mediterráneo: Murcia, Valencia y Cataluña. Ante esto, se decidió dar un mayor margen de déficit a estas Comunidades respecto de las demás. Esto es lo que se denomina el déficit asimétrico. En un mundo ideal, esto quizás hubiese funcionado. Sin embargo, como era previsible, todos los gobiernos de las CCAA se han sentido maltratados.

Por otra parte, algunas CCAA con elevado déficit, como Cataluña o Valencia no van a ser capaces de conseguir el déficit incrementado. Sin embargo, las que podrían reducir su déficit más no lo van a hacer. Por ejemplo, Madrid ha solicitado autorización para agotar la deuda que puede emitir. Ningún gobernante va a presentarse ante la opinión de su región diciendo que ha recortado más de lo que le exigen, “en solidaridad” con el Estado o con otras CCAA; especialmente si alguna de éstas, entiende que la están sometiendo a un “expolio fiscal”. Es fácil de comprender que si unas Comunidades se desvían al alza y otras se limitan a cumplir, el déficit autonómico se va a desviar. Por otra parte, a las entidades locales se les exige un déficit cero. De nuevo, si algún ayuntamiento se desvía no es fácil que otros estén en superávit, es decir no se gasten lo que han ingresado, para compensar.

No creo que el déficit de las Administraciones Territoriales vaya a ser la principal causa de incumplimiento, pero, desgraciadamente no va a ayudar a cumplir. Los dos principales problemas son que el crecimiento, esperado, no va a generar mucha más recaudación, y, sobre todo que los datos de 2012 estaban muy distorsionados por decisiones coyunturales. España tiene un problema estructural grave con el déficit público; para solucionarlo son necesarias medidas estructurales y no salir del paso coyunturalmente.

Los recortes de emergencia de finales de 2012 nos lavaron la cara y tuvieron no sólo coste social, sino también una tasa de decrecimiento económico del -0,8% trimestral (-3,2% anual) en ese trimestre. En 2013, el lavado de cara del año anterior no nos ha servido de casi nada, puesto que tenemos una situación presupuestaria, como poco parecida. En consecuencia, al menos en teoría, no deberíamos realizar recortes de emergencia, y en todo caso, concentrarnos en alcanzar los objetivos de 2014, por lo menos si los mercados nos lo permiten.

Como el lector se imagina, la clave está ahí: que los mercados nos lo permitan, es decir, que nos lo financien, y parece que es así, pero podría ser engañoso. En estos momentos, la calificación de la deuda a largo plazo de España, aunque parezca pasar por un momento dulce en cuanto a prima de riesgo se refiere, está calificada por Moody’s y S&P a un paso del bono basura, con perspectiva negativa. El rating de Fitch sitúa a la deuda soberana española también al borde del bono basura, mientras que DBRS califica algo mejor a la deuda española. Lo peor es que cualquiera de las agencias podría degradar la calificación si España no cumple los objetivos de déficit, y estamos demasiado cerca de la calificación de bono basura. Esto se puede cumplir o no, pero el BCE puede aumentar el diferencial que aplica cuando concede créditos basándose en deuda española. Incluso, podría decidir no admitir la deuda soberana española como garantía, y la liquidez de España sigue dependiendo del BCE.

Ésta es una hipótesis de pesadilla, que espero y creo que no va a materializarse, pero que convendría analizar para saber a qué nos podríamos enfrentar. Si la Banca española, que es el principal comprador de deuda pública no la puede utilizar como colateral o garantía en los préstamos al BCE, disminuirá “sensiblemente” su apetito comprador, por decirlo suavemente. Esto puede, a su vez, llevar a una prima de riesgo disparada o a extremas dificultades de liquidez. De aquí, a estar obligado a pedir un rescate, sólo hay un paso.

Usted puede pensar que Draghi no estará por la labor, pero, a raíz de sus declaraciones, el presidente del Bundebank sí. Weidmann opina que se ha sido demasiado flexible con España y que hay que poner límites a la adquisición de deuda por la banca del mismo país. Weidmann es un halcón, poderoso, pero de momento solo. Sin embargo, esta soledad también podría ser engañosa. Nadie, salvo el Bundesbank está dispuesto a abrir una posibilidad como ésta en plena campaña electoral alemana. Esto equivale a decirle a los alemanes que los esfuerzos de estabilización han fracasado y que el contribuyente alemán vuelve a estar en riesgo. Lo que no es tan seguro es qué ocurrirá a partir del día después de esas elecciones. Si gente como Weidmann considera que el objetivo de déficit español es demasiado fácil, no es difícil imaginarse que pensarán de un incumplimiento o de prácticas políticas "heterodoxas", como la política de devoluciones tributarias de 2012.

Los efectos de una eventual desviación dependerán de su cuantía. Claramente, los peores efectos sólo se darán si España tiene un déficit superior al 7%. Esto significaría que España tendría más déficit que el año anterior. Parecería que España ha abandonado la consolidación presupuestaria. La realidad, como habrá podido comprobar si ha llegado hasta aquí en su lectura, es más compleja y se resume en que los datos de 2012 estaban distorsionados. Sin embargo, lo que cuenta es la opinión de las Agencias de Calificación y del Banco Central Europeo.

Sólo ante una situación así, creo que habría que valorar el coste de la eventual restricción financiera del BCE contra el coste de los recortes y subidas de impuestos para evitarla. Creo que los recortes coyunturales no solucionan nada y son anti-económicos, pero pueden llegar a ser inevitables. Esto ya ocurrió con mucha más crudeza en mayo de 2010 y en julio de 2012.

En fin, aunque parecía que todo esto había quedado atrás, la cuchilla del déficit, el filo de la navaja, puede ser sangriento no sólo en términos de recortes sino de liquidez financiera. Confiemos en que nuestra ejecución presupuestaria bata las previsiones, y, por ejemplo, que el sorprendente y casi increíble dato de que la recaudación del impuesto de sociedades en agosto va a ser 2.500 millones de euros superior a la prevista no sea un espejismo. Si no es así y la recaudación no se recupera, confiemos en que, al menos, el BCE, las agencias de calificación y en última instancia los mercados no sean demasiado inflexibles. Nos va mucho en ello, porque aunque no nos guste, incumplir tiene un precio.


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