El Precio de la Civilización

Lecciones de Chipre, entre la amargura y la demagogia

Estos últimos días, el interés por Chipre y por las instituciones europeas se ha disparado. Para todos los que hayan seguido la cuestión, lo primero que está claro es que es una maldición vivir en tiempos interesantes. La cuestión de Chipre era esencialmente económica y financiera. Chipre era un paraíso fiscal, es decir un lugar con bajos impuestos para las empresas, opacidad en el sistema financiero y que colaboraba de forma muy escasa en la lucha contra el fraude fiscal y el blanqueo de capitales. Por esta razón, los bancos chipriotas captaban dinero del exterior, dando, además, elevadas rentabilidades. Para conseguir esta rentabilidad, los bancos chipriotas, dirigidos y gestionados por griegos, que son la mayoría de los habitantes de Chipre, llegaron a invertir el 50% de sus activos en deuda griega.

Cuando la deuda griega fue sometida a una quita, ya que los griegos continentales no podían hacer frente a su incontrolable gasto público, de rebote, dejaron quebrada la banca chipriota. El agujero era de unos 17.000 millones de euros, inferior por ejemplo a la mitad de las pérdidas que ha asumido el contribuyente español, sólo en 2012, de las antiguas cajas quebradas. Finalmente, los europeos han 'prestado' al Gobierno chipriota 10.000 millones de euros para que con ellos se devuelvan los depósitos inferiores a 100.000 euros, garantizados por la normativa comunitaria y se sanee, en parte, el sistema financiero chipriota. El Gobierno chipriota, por otra parte, aplicará una quita a los depósitos de más de 100.000 euros en el primer banco de Chipre y liquidará el segundo, garantizando los depósitos inferiores a 100.000 euros.

En sí, la solución probablemente no sea la ideal, pero no es ningún latrocinio o disparate. Sin embargo hay dos aspectos que son enormemente criticables. En primer lugar, que la Unión Europea haya tardado 10 días en llegar a una solución a una cuestión menor, en términos comunitarios, y sobre todo, haya admitido poner en riesgo los depósitos garantizados por normativa comunitaria. Esto último ha sido un error, un error realmente grave. Además toda la gestión ha estado adobada de declaraciones públicas lamentables. A muchos jerarcas comunitarios, y dirigentes políticos de algunos países, se les ha olvidado el principio elemental de que cuando no se tiene nada que decir, lo mejor que se puede hacer es callarse.

Reacción social

De todas formas, aún más preocupante está siendo la reacción social y política, por lo menos en España. A mí, como a muchos otros, la gestión comunitaria me ha parecido una chapuza que ha intentado arreglar el enorme error de incorporar a un paraíso fiscal a la Unión Europea, y después al euro con un rescate mal diseñado y dejando que el Gobierno chipriota pusiese los intereses de inversores off-shore, en muchos casos evasores fiscales, por encima de sus propios compatriotas (aquí hay un análisis más completo). Sin embargo, la realidad es que el contribuyente europeo, y en primer lugar el alemán (que es el que más aporta) han prestado 10.000 millones de euros a Chipre con una devolución extremadamente problemática. Sin este préstamo, Chipre hubiese tenido que abandonar el euro y los depositantes en los bancos chipriotas lo hubiesen perdido casi todo, en medio de una bancarrota descontrolada, que es una de las peores pesadillas a las que se puede enfrentar una economía. Esto no se ha hecho por beneficencia, sino porque convenía más a los intereses de los demás europeos, pero es lo que se ha hecho (creo que una solución más generosa nos hubiese convenido más, pero esa es otra cuestión).

Pues bien, se ha acusado a Merkel y a los alemanes, literalmente de “declarar la guerra al resto de Europa”. Otros han hablado de “saqueo de Chipre". Todo esto no tiene sentido y no conduce a nada positivo. Al igual que los chipriotas han quebrado solos su sistema financiero, buena parte de los problemas económicos y financieros de España, nos los hemos generado nosotros solos. Cuando las entidades financieras no son solventes, alguien debe asumir las pérdidas. Esto no es optativo, ni se puede fingir que los activos malos de la banca, son buenos. Inventarse un “demonio”, a poder ser extranjero y hacerle responsable de todos nuestros problemas sólo complica más las cosas. La gestión alemana de los asuntos europeos puede no ser la mejor, ni siquiera para sus propios intereses, pero equipararlos a los nazis no sólo es injusto, sino una auténtica canallada, que sólo sirve para no afrontar nuestros propios problemas.

Mayor control

Creo que todos deberíamos reflexionar sobre el caso de Chipre de otra forma. Es necesario que las normas en el sistema financiero se cumplan: los responsables de una gestión y supervisión desastrosa tienen que responder ante la Justicia. El precio de una eventual bancarrota es tan atroz, que a su lado palidece la exigencia de mayor control y transparencia de las entidades financieras. Cuando no se tiene supervisión, finalmente no se sabe en qué situación están las entidades financieras hasta que es demasiado tarde. En España estamos mejor que en Chipre, pero la carga que está soportando el contribuyente está siendo muy importante, y se podía haber evitado.

Por último, y mucho más sencillo, el primer requisito de transparencia es llamar a las cosas por su nombre. Esto quiere decir que un impuesto de una sola vez para equilibrar el balance del banco no es un impuesto, es una quita. En consecuencia, la Unión Europea no puede admitirlo bajo ningún concepto en depósitos garantizados, so pena de cargarse la confianza en Europa. Por otra parte, una quita a un inversor, porque el banco ha elegido mal los activos en los que invierte es desagradable, pero es inevitable, y sobre todo no es un latrocinio, y mucho menos de quién no tiene nada en la torta (como el contribuyente europeo, aunque sea alemán). El precio del rescate a Chipre no era caro en términos europeos. Ha sido mucho más gravoso, en términos de confianza con la nefasta gestión europea y varias declaraciones irresponsables. No lo hagamos impagable entre todos con la negación de la realidad, la distorsión total del lenguaje y la demagogia más burda.


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