El Precio de la Civilización

Espejismos en la encrucijada

Parece que fue ayer, y fue el 26 de abril. Ese día, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría y los ministros Montoro y De Guindos presentaron las previsiones macroeconómicas más deprimentes de la historia de España. Estas previsiones fueron, afortunadamente, efímeras porque el verano ha sido mucho mejor, económicamente hablando, de lo esperado. Aún así, resulta sorprendente el número de analistas, opinadores y tertulianos que se han lanzado a proclamar el fin de la recesión. No existe nada más difícil en la economía que predecir un cambio de tendencia, y en estos momentos, mucha gente parece haberlo previsto con anticipación. A todo esto, aunque todo el mundo, y aquí me incluyo, da por supuesto un ligero crecimiento positivo de una décima en el PIB del tercer trimestre, es decir, en el verano, el dato estadístico oficial del INE todavía no está disponible.

Es cierto que todo el mundo, empezando por el Gobierno, está matizando esta previsión: la economía está mejorando pero los ciudadanos no están notando sus efectos, y además, tardarán en hacerlo. O en palabras de Rajoy, "España ha salido de la recesión pero no de la crisis". ¿En qué quedamos? Para muchos ciudadanos, simplemente, la economía no sirve para nada. Para algunos catastrofistas o nobrotólogos, todo va a peor, pero los datos se manipulan. En fin, para otros, los neobrotólogos, actuales o de otros momentos pasados de la crisis, siempre existe algún dato positivo. Para estos últimos, la mejora económica es una cuestión religiosa o de fe. El que niega esta mejora es catastrofista, antipatriota o desinformado, según la última moda.

Efectivamente, una supuesta "mejora económica" que no se refleja en la vida de los ciudadanos no parece tener mucha sustancia. Ahora bien, eso no significa ni que todos los datos hayan sido manipulados por una conspiración judeo-masónica (ni de otro tipo), ni tampoco que la economía no sirva para nada. En general buena parte de estos datos no creo que sean falsos, simplemente no significan lo que nos gustaría que significasen. La mayor parte de esta errónea percepción viene determinada por puros problemas estadísticos y de perspectiva.

Por ejemplo, los datos de paro y empleo de los últimos meses son buenos. Maticemos, parte de la bajada del paro se debe a que hay inmigrantes que vuelven a sus países de origen y españoles que emigran. También hay muchos españoles que están dejando de buscar trabajo, por puro desánimo. Por último hay más españoles que se jubilan porque piensan que si siguen trabajando, empeorarán sus condiciones de jubilación. En resumen, disminuye la población que busca empleo. Incluso si descontamos todo eso, que tiene poco de positivo, hay algo más de empleo. Esto resulta sorprendente en dos semestres en los que el crecimiento económico ha estado entre el -0,1% y el +0,1% (¿+0,2% quizás?). Ahora bien, no le busquen tres pies al gato, la razón es relativamente sencilla: la destrucción de empleo del año 2012 fue tan brutal que las plantillas de muchas empresas estaban bajo mínimos. Ante un leve incremento de la demanda, estas empresas han aumentado su contratación de trabajadores. Por supuesto, con empleo temporal, tanto porque es un tema que no abordó la reforma laboral, como también por las enormes dudas sobre el futuro.

Si tomamos los datos bursátiles, ha habido un crecimiento importante de los valores en los últimos meses. Obviamente, no hay mucha gente que crea que todo esto ha sido manipulado durante muchos meses. Sin embargo, tampoco es del todo cierto que la bolsa esté descontando una subida masiva de beneficios futuros de las empresas cotizadas. Simplemente, muchas empresas tenían su cotización seriamente dañada porque muchos analistas e inversores estaban descontando una posible salida de España del euro en el verano pasado. Esto suponía que cualquier empresa española valía mucho menos que en una situación normal. A medida que estos temores han ido quedando atrás, los valores bursátiles han subido. Lógico, partían de muy abajo.

Podríamos seguir, pero en esencia la estructura económica de España no se ha modificado en los últimos seis meses. Para tener una idea cierta de cómo estamos y de cómo evolucionará la economía española es preciso conocer el punto de partida: tenemos más de un 26% de paro y en estos niveles es mucho más fácil que baje el paro y no que vuelva a subir. Los datos de déficit por ejemplo, son una materia complicada de estimar a futuro, calcular en el presente o incluso entender. Por eso, aquí le dedicamos una serie de tres artículos. Aún así, si la deuda pública no para de crecer, es que nuestras cuentas públicas no están todo lo controladas que deberían.

En resumen, estamos ante lo que podríamos denominar un rebote técnico de la economía española. Esto quiere decir que la economía continuará mejorando unos meses, si no se produce un shock de algún tipo. Sin embargo, sólo ha variado realmente un factor en la economía española: se ha producido una devaluación interna. Esta devaluación interna la ha acelerado la reforma laboral. El lado positivo ha sido la mejora de las exportaciones por la vía del aumento de la competitividad vía precios. El lado negativo ha sido la debilidad recaudatoria, que sólo ha sido compensada por los mayores aumentos de impuestos de la democracia. El efecto de las subidas de impuestos ya se ha agotado y España sigue sin controlar el déficit. El tirón del sector exterior continuará pero no será suficiente para compensar la falta de demanda interna, especialmente en lo que se refiere a la recaudación fiscal.

Para conseguir que estos meses de relativa calma sean la antesala de la recuperación y no de una nueva recaída, habría que acometer las reformas pendientes, que son casi todas: una reforma institucional y contra la corrupción que devuelva a los ciudadanos la confianza en el sistema y una reestructuración de un modelo territorial, que no sólo crea graves disfunciones en la unidad de mercado, sino que, simplemente, no nos podemos pagar. La imprescindible reforma fiscal y la potenciación de la lucha contra el fraude son otras cuestiones claves que siguen pendientes. Por último, habría que abordar en serio la falta de competencia en muchos mercados esenciales de la economía española. Sólo así, una economía de un país avanzado puede volver a crecer. No podemos esperar que nuestro crecimiento dependa de bajar cada vez más los salarios, no porque sea anti-social, sino porque es imposible bajar los salarios españoles a niveles del sudeste asiático. No nos dejemos engañar por los 'brotes verdes', no porque no existan, sino porque hay muchas tareas pendientes que no debemos aplazar.


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