El Precio de la Civilización

Déjà Vú

"Déjà vú", esto ya se ha visto; los datos de paro han sido, por primera vez buenos en mucho tiempo: el paro ha bajado en casi 100.000 personas y la afiliación a la Seguridad Social ha aumentado en, nada menos que en... 134.660 cotizantes más. La economía española siempre ha creado empleo entre mayo y agosto, y lo ha destruido el resto del año. Como señalaba Soraya Sáenz de Santamaría: "el paro baja en abril y bajará en mayo y en junio, eso ya lo sabemos todos. Igual que los días son más largos, las temperaturas más altas y el sol brilla más, señores del Partido Socialista. Eso se llama estacionalidad". Claro que entonces, la flamante vicepresidenta del Gobierno, y máxima responsable de la economía española en ausencia de Rajoy, era la portavoz parlamentaria del PP en la oposición, y era mayo de 2011: entonces jugaba en el equipo de los no-brotólogos, que negaban los brotes verdes, y ahora parece jugar en el equipo de los neo-brotólogos, que los vuelven a ver.

Aún, teniendo en cuenta la estacionalidad, el dato sigue siendo bueno. La cruz de este dato positivo es un 92% de temporalidad. Que dada la situación económica, casi ningún empresario se atreva a hacer contratos fijos con elevadas indemnizaciones, no es sorprendente. Lo que sí resulta sorprendente es que todos los partidos, salvo UPyD, quizás porque no forma parte del establishment, hayan descalificado la única alternativa viable que se ha propuesto: el contrato único con costes de indemnización crecientes.

La situación se parece a la de 2011, es un hecho. El sector privado de la economía se está recuperando; particularmente el que depende la demanda exterior, en primer lugar el turismo. Esto se ha conseguido con un horrible coste en destrucción de empresas y de empleo. Además, el planteamiento de la reforma laboral ha tenido otros costes, pero ha conseguido forzar una devaluación interna, es decir ha reducido los costes salariales de las empresas: que las empresas hayan tardado más de un año en volver a contratar para aprovechar las mejores condiciones indica el enorme bache que ha atravesado la economía española.

Como ya ocurrió en 2011, las economía está empezando a tener un efecto rebote después del castigo al que le sometieron la subidas de impuestos y, en menor medida, los recortes del año pasado. Finalmente, 2011 acabó con un leve crecimiento económico del 0,4%. Sin embargo, durante 2011 se deterioraron todos los equilibrios económicos y eso llevó a la política restrictiva de 2012. Parece que ahora la historia se repite, y hay nubes oscuras que amenazan tormenta.

En primer lugar, la más obvia es la caída recaudatoria, y el consiguiente descontrol del déficit público. Los datos de recaudación fiscal y de ejecución presupuestaria, que fueron hechos públicos el martes de la semana pasada, son, simplemente, los peores de la historia de España en un primer cuatrimestre. El déficit público de la Administración General del Estado ha alcanzado la impresionante cifra en términos de contabilidad nacional del 2,37% del PIB, más de 25.000 millones de euros.

Esencialmente, hay dos factores clave, ambos recaudatorios. En primer lugar, la caída de la recaudación fiscal por el decrecimiento económico, el aumento del desempleo y la caída de la demanda interna. La caída del consumo está minando la recaudación del IVA y de los impuestos especiales. Por otra parte, el desempleo está llevando a menores ingresos tanto de IRPF como de cotizaciones sociales. Los menores ingresos por cotizaciones sociales han hecho inevitable que el Estado tenga que realizar mayores aportaciones a la Seguridad Social. Todos estos factores se van a mantener en el tiempo, con lo que no se pueden esperar mejores datos en el futuro.

Lo más preocupante de todo es que las bases imponibles se están estrechando cada vez más, pese a que la caída económica se está desacelerando: esto anticipa mayores problemas recaudatorios en un futuro próximo, como ya comentamos el sábado pasado. En cualquier caso, como ya señaló en este medio Antonio Maqueda, la reforma laboral que está permitiendo crear, por fin, algo de empleo, ha supuesto también una redistribución de la renta nacional en favor del capital y contra del salario. Esto, además de injusto, está suponiendo una menor recaudación: como todo el mundo sabe, se recauda más de las nóminas que de los rendimientos empresariales y del capital.

Traduciendo, el reparto del déficit por el que se están peleando las CCAA simplemente es una pelea por un margen que no existe, salvo que se realicen recortes sociales muy importantes. En cualquier caso, estamos ante el preludio de nuevos recortes y/o subidas de impuestos; sería preferible planificarlos ahora y no tomar medidas desesperadas en los últimos meses del año. En cualquier caso, a corto plazo, cualquier tipo de recortes y/o subidas de impuestos perjudicarán el crecimiento económico y serán negativos para la creación de empleo.

Otra amenaza en el horizonte son los balances bancarios. La banca ha acometido un proceso de saneamiento importante de sus activos inmobiliarios. Sin embargo, este proceso no ha incluido ni los créditos a las empresas, ni los créditos al consumo, ni tampoco los hipotecarios. El pasado domingo, en un correo filtrado al diario El Mundo, el director de supervisión del Banco de España, ponía de manifiesto un "defecto de provisiones" en nuestras dos mayores entidades financieras de 2.500 millones de euros, porque no estaban contabilizando correctamente la morosidad en los créditos hipotecarios. Como estas dos entidades han concedido el 20% de los créditos hipotecarios, una simple extrapolación lleva a unas pérdidas no reconocidas en la banca, y sólo por los créditos hipotecarios, de unos 12.500 millones de euros.

La gran banca está más controlada, y, sobre todo, el interés de sus directivos en no reconocer la mora es menor: una gran entidad internacionalizada puede reconocer pérdidas en España y compensarlas con dividendos de filiales extranjeras. Para las entidades intervenidas o que han solicitado ayudas públicas, la cuestión puede ser simplemente dramática: obligando a un cambio de control, o forzando mayores ayudas públicas. Evidentemente, los balances bancarios se han resentido por el desempleo y la falta de crecimiento económico. Si esto no cambia, en algún momento habrá que reconocer las nuevas pérdidas, lo que el año pasado, con la intervención de Bankia, llevó a un shock financiero. Esta segunda amenaza es más incierta que la caída recaudatoria, pero si no se comienza a crecer y a reducir el desempleo, de forma consistente y continuada, la situación del sistema financiero sólo puede empeorar, y ahora no es buena.

En fin, prescindiendo de factores externos, que ahora no son negativos, pero podrían serlo en el futuro, no hay bases para un crecimiento sólido a corto plazo: no soy neo-brotólogo. La raíz de los problemas está en la ausencia de reformas económicas, y políticas, todo sea dicho, de calado. En esta crisis, la historia se repite, cuando se vislumbra alguna luz, los desequilibrios económicos se han acentuado, y los recortes y subidas de impuestos de emergencia vuelven a sumergirnos en la oscuridad: ha pasado... volverá a pasar, la pregunta es ¿cuándo?

La respuesta es que volverá a pasar hasta que abordemos los problemas de raíz.


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