El orden natural

Grecia y otras democracias

Alexis Tsipras ha escrito un capítulo notable en la historia de los ridículos políticos. Pocos fracasos tan notables, rotundos, completos, como el del gobierno griego. Como todos los fracasos, tiene una explicación. Y como la mayoría de ellos, está en el choque de las ideas con la realidad. 

Syriza podía haber contado con Potami, una formación moderada y europeísta, pero recaló en Griegos Independientes; xenófobos, antisemitas, nacionalistas y antieuropeos

La posición de Syriza está lejos de ser absurda. La coalición de izquierda radical, que así se llama, necesitaba el apoyo de otro grupo para formar un gobierno estable, que pudiera sostenerse durante el gran pulso que le iba a echar a las instituciones europeas y a los socios y acreedores de Grecia. Podía haber contado con Potami, una formación moderada y europeísta, pero recaló en Griegos Independientes; xenófobos, antisemitas, nacionalistas y antieuropeos. Estas dos últimas “virtudes” de GI son las que explican el acuerdo de gobierno, y la confluencia de estrategias. 

El planteamiento de Tsipras es que Grecia 1) Tiene que darle un giro a la política de recortes y reformas seguido por los dos gobiernos anteriores, 2) el resto de Europa tiene que aceptar los deseos del pueblo griego, pues se han manifestado democráticamente en las urnas, y 3) Hay una comunidad política común europea, que tiene como corolario el apoyo de las regiones más ricas a las más pobres. 

Con estos tres elementos se ha llegado a un planteamiento absurdo: Usted y yo le decimos a un tercero que hemos acordado, democráticamente, que éste tiene que prestarnos dinero. Él accede, pero nos exige que vivamos ahorrando porque de otro modo no le devolveremos nunca su dinero. Y nosotros le replicamos que está atentando contra nuestra democracia, y que quiere que vivamos de un modo indigno.

La griega es una democracia representativa, y no necesita de un refuerzo plebiscitario para tener eficacia política

No puede triunfar un planteamiento tan contradictorio. Por un lado las apelaciones permanentes a los deseos del pueblo griego, y a su voluntad democrática, y por otro la pretensión de que hay una comunidad política europea, con el corolario de las transferencias de ricos a pobres. En cuanto ha apelado a la democracia europea, los socios le han hecho ver que ellos también son democracias, y sus pueblos no tienen por qué sufragar el desorden financiero heleno. En cuanto han mencionado la solidaridad europea, les han hecho ver que les exigen, como contraparte, su responsabilidad. Estos fueron los términos del acuerdo entre Angela Merkel y François Hollande el día antes de la primera reunión del Eurogrupo de la pasada semana: solidaridad europea sí, pero responsabilidad griega también. 

El propio referéndum es manifestación de esa contradicción, de esa gran confusión ideológica por parte de Tsipras. La griega es una democracia representativa, y no necesita de un refuerzo plebiscitario para tener eficacia política. Lo convocó para oponerse a unas condiciones al rescate (el tercero ya). Acabó firmando esas condiciones, pero mantuvo su apoyo al “no” del referéndum. Así, ponía en contradicción el principio representativo, que le sostiene como gobierno, con el de la voluntad popular del momento, y para un asunto específico. 

Por si no fuera suficiente toda esta confusión, luego Tsipras llevó al Parlamento su contraoferta a los socios europeos. Logró de nuevo la aquiescencia de la Cámara, pero era un papel tan mojado como los “oxi” del plebiscito: Nunca se iba a aprobar las condiciones propuestas por Grecia sino, como mucho, las pactadas con el resto de socios.

Alexis Tsipras ha combinado la confusión de comunidades políticas, principios democráticos, nacionalismos y europeísmos, con un estilo marrullero, mentiroso y a veces zafio en las negociaciones

Esta confusión de comunidades políticas, principios democráticos, nacionalismos y europeísmos, se ha combinado con un estilo marrullero, mentiroso y a veces zafio en las negociaciones. El resultado es que Alexis Tsipras se ha ganado el descrédito general. Los inversores, nacionales y extranjeros, sacan el capital del país. La economía, que había reencontrado el crecimiento, se vuelve a hundir. Y en crédito político del nuevo gobierno heleno (lleva sólo seis meses en el poder), está sometido a un corralito más cicatero que el que sufren sus ciudadanos. Nadie se fía de él. 

Tsipras hablaba de la dignidad del pueblo griego, y tasaba esa dignidad en la ayuda incondicional por parte de los socios europeos, no en la capacidad del pueblo griego de sostener sus necesidades sin el concurso de otros. Y él, que ha hablado de democracia a cada discurso, ha acabado por firmar unas condiciones que ni él ni su pueblo desean.

Democracia es una palabra griega, sí, pero también lo es catástrofe.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba