OPINIÓN

El triunfo de Trump y la importancia de los perdedores

Hay un nuevo conflicto sobre los límites de la democracia liberal y sus instituciones. Un conflicto que ahora mismo aún se está disputando.

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Imagen Max Ostrozhinskiy

Una gran diferencia entre el análisis que se hace en los medios y el que se hace en la universidad está en los tiempos. Mientras que la universidad permite hacer análisis a largo plazo de los cambios que se dan en nuestra sociedad, los medios tienen la necesidad de contar el día a día, están presos de los eventos que se producen en tiempo real. Esto es así, y está bien que así sea. Cada uno tiene su función y debe centrarse en ello. El problema aparece cuando esta dinámica afecta a nuestra capacidad para entender el fenómeno. Cuando la presión de los actos del día a día centran el foco en los elementos que lo explican, acabamos ignorando otros elementos igualmente relevantes de la realidad. Y esta circunstancia nos hacer perder capacidad para entender los cambios que se están dando.

Ésta tendencia ocurre muchas veces con los resultados de las elecciones. Los análisis de todas las elecciones acostumbran a amplificar mucho los votantes del partido o coalición ganadora, ignorando que la sociedad siempre es más compleja que su partido. Que un partido haya conseguido más votos que el otro no hace que los votantes del segundo partido no sean importantes a la hora de entender la realidad. Más aún cuando estamos hablando de victorias muy ajustadas, como la de Donald Trump en Estados Unidos. Fijarnos siempre en los ganadores y en las causas que hay detrás del apoyo a los ganadores nos hace amplificar el tamaño de los cambios y percibir las sociedades de una forma mucho más monolítica de lo que son.

Los medios de todo el mundo llevan desde el día 9 hablando de crisis total del sistema, transmitiendo una fotografía de la población de Estados Unidos que parece ser a imagen y semejanza de Trump

Los medios de todo el mundo llevan desde el día 9 hablando de crisis total del sistema, transmitiendo una fotografía de la población de Estados Unidos que parece ser a imagen y semejanza de Trump. Pero, como decía Jon Stewart la semana pasada, no todos los votantes de Trump se parecen a Trump, y el país que escogió Trump como presidente sigue siendo el país que escogió a Obama como presidente. Los fundamentos, sociología y bases del país no han cambiado de forma tan drástica en cuatro años. Es más, la grandísima mayoría de los americanos que votaron en 2016 lo hicieron de forma muy parecida a como habían votado en 2012 y una parte muy importante de los candidatos que se presentaban a la reelección, han sido efectivamente reelegidos.

Es evidente que la sociedad americana, como la española, la británica o todas, han cambiado en los últimos años. También lo es que este cambio parece ir bastante en la línea de cuestionar algunos postulados del sistema actual como la apertura de fronteras o las sociedades multiculturales. Sin embargo, la magnitud del cambio aún está por determinar, y el apoyo a estas actitudes no es ni mucho menos incontestable. Existen aún hoy día muchos ciudadanos americanos, españoles o británicos, muy partidarios de la estabilidad y las ideas de la sociedad abierta y liberal. Sí, es cierto, han perdido el poder, algo que va a tener unas consecuencias que habrá que analizar al detalle. Igual que habrá que analizar al detalle la sociología del cambio electoral observado y sus potenciales consecuencias de futuro.

Ni el sistema estaba tan legitimado cuando fuerzas como el Frente Nacional o el UKIP habían conseguido convencer a suficientes de ser alternativas viables de poder, ni esta tan poco legitimado ahora que han conseguido algunas victorias claves

Sin embargo, al analizar los resultados electorales no podemos ignorar que la política es debate, y que en todas las elecciones hay unos votantes que, sin conseguir imponer sus ideas o candidatos, también expresan opiniones. Hay un cambio en las ideas legitimadoras del sistema y la opinión pública que lo sostiene, pero el análisis de este cambio no puede estar condicionado única y exclusivamente por el resultado de unas elecciones. Ni el sistema estaba tan legitimado cuando fuerzas como el Frente Nacional o el UKIP habían conseguido convencer a suficientes de ser alternativas viables de poder, ni esta tan poco legitimado ahora que han conseguido algunas victorias claves.

Hay un nuevo conflicto, un conflicto que va sobre los límites de la democracia liberal y sus instituciones. Un conflicto que ahora mismo aún se está disputando y en el que tenemos que escuchar a todas las voces, no sólo a las que acaben de ganar unas elecciones. El gobierno tiene sus lógicas y queda en manos de quienes han ganado, pero tanto los medios como los parlamentos deben huir de su lógica y ser, precisamente, un espacio dónde los perdedores puedan también estar representados.


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