El Blog de Rafael Juan y Seva

Pensiones, una bomba de relojería

Cuando hace años, desde una entidad financiera en la que trabajé, organizamos unas conferencias para clientes donde pusimos de manifiesto la necesidad imperiosa de comenzar a construir un ahorro complementario a lo que el Sistema Público de Pensiones pudiera ofrecer en el futuro, nos llamaron de todo menos bonitos y las críticas llovieron desde todo el espectro político, no sólo de aquellos que, por principios ideológicos, podían tener más justificación en su ataque. El tiempo, casi siempre, da y quita razones y lo que manteníamos entonces es hoy una realidad: el actual sistema de pensiones de reparto es insostenible en el tiempo. Tenemos una bomba de relojería entre las manos.

En 1881 Bismark, el Canciller de Hierro, introdujo en Prusia el primer sistema de reparto. Pero cuando lo instauró, con una edad de jubilación establecida en sesenta y cinco años, la esperanza de vida de un prusiano era de cuarenta y cinco, y por cada persona jubilada diez estaban en activo. ¿Cuáles son nuestras cifras ahora? La esperanza de vida es de 81,9 años y somos 1,9 trabajadores por cada jubilado. No hace falta ser licenciado en Ciencias Exactas para estimar las consecuencias. Además, cuestiones demográficas y de empleo aparte, un sistema en el cual los trabajadores actuales pagan las pensiones de los jubilados del presente (muy diferente a construir la cantidad que garantizará las suyas) se dirige hacia su desaparición per se, al eliminar cualquier nexo entre contribuciones y beneficios, entre esfuerzos y responsabilidades.

Por qué no un sistema de capitalización

Sin embargo los políticos, en todo su espectro, se empeñan en negar la evidencia y van aplicando parches como alargar la edad de jubilación, aumentar la base de cálculo, reducir las prestaciones futuras y, últimamente, desvincular la revalorización del IPC. Ninguno de ellos parece escuchar el inquietante tic-tac y cuando se les plantea por qué no ir hacia un sistema de capitalización, o bien te envían a la hoguera por blasfemo y apóstata del Estado del Bienestar o bien despejan el balón con argumentos falaces (provocaría un crecimiento de la deuda pública, ¿cómo se reconocerían los derechos adquiridos?, etc.)

Digo falaces porque son ya muchos los países en los que se ha instalado un sistema de capitalización con resultados impensables incluso para sus más acérrimos defensores. El caso más conocido es el de Chile que, tras la reforma de Piñera, pasó de un sistema de reparto quebrado a uno de capitalización. Alguien me dijo una vez que ese cambio sólo fue posible porque se hallaban bajo una dictadura y que, de no haber sido así, la conflictividad social lo hubiera impedido. No lo creo, hay otros países que han emprendido el mismo camino con regímenes democráticos como Colombia, México o Perú. El tema es que se ha contado la verdad a los ciudadanos y se han asumido las consecuencias. Los resultados en todos ellos son parecidos a las del caso chileno, con ya más de treinta años de historia. Las finanzas públicas han mejorado notablemente, los mercados de valores se desarrollan, los inversores empiezan a tener una visión de largo plazo, se crea la posibilidad de financiarse también en el largo plazo (porque los gestores de esos Fondos invierten parte de sus carteras en la deuda emitida por las empresas del país), se desarrolla el mercado de financiación hipotecaria (dando acceso a vivienda a trabajadores con menores ingresos), la capitalización bursátil se multiplica exponencialmente atrayendo a inversores extranjeros y los activos gestionados suponen un porcentaje medio del  20% del PIB (el 60,4% en Chile).

Pero ¿y los trabajadores? Pues mejor, porque aparte de tener una prestación que será función del esfuerzo que realicen a lo largo de su vida laboral, en Chile por ejemplo, pueden optar por cinco perfiles de riesgo para su inversión, ajustando el mismo a su distancia a la jubilación y evitando sorpresas de última hora. Por ley, tienen una cartera diversificada. Sólo recordar el escalofriante dato de que un 87,9% de la cartera de sistema público de previsión social en España está invertido en deuda pública española, lo que atenta contra cualquier teoría de gestión adecuada del riesgo.

Los trabajadores que lo deseen pueden aportar a un segundo pilar una cantidad adicional para mejorar sus prestaciones futuras. Y último, pero no menos importante, según el último informe de la FIAP (Federación Internacional de Administradores de Pensiones), la rentabilidad histórica de los fondos de perfil intermedio fue hasta diciembre de 2011 del 9,25% anual, lo que no está nada mal, teniendo en cuenta de por medio el batacazo de 2008.

Y mientras, aquí: tic, tac, tic, tac… ¿booom?


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba