El blog de Pictet

Vehículos autónomos: al volante de la industria del transporte

De coches sin conductor a drones, la tecnología del vehículo autónomo se está convirtiendo en realidad. En la década de los 80 del pasado siglo la serie de televisión Knight Rider mostraba una tentadora visión del coche del futuro, completamente autónomo, con escáner médico, detector de mentiras e incluso sentido del humor. Por su parte Will Smith en Yo, Robot disfrutaba de una siesta en su Audi RSQ por la autopista, antes de tomar el control de un volante que emerge del salpicadero. McKinsey pronostica que hasta el 15% de los vehículos de pasajeros que se vendan en el mundo en 2030 serán completamente autónomos y que las ventas en el sector del automóvil casi se doblarán hasta 6,7 billones de dólares, por la movilidad compartida y los servicios de conectividad de datos.

Por supuesto, todavía hay muchos obstáculos. Los automóviles totalmente automatizados -sin conductor- requieren tecnología todavía en desarrollo y precisan la confianza del público, especialmente en transporte, con un nuevo código de circulación. Además, con los drones hay que resolver problemas de duración de batería y la manera de convivir con seguridad con los demás objetos voladores del espacio aéreo. Con el tiempo, sin embargo, la tendencia es que los robots tomen mayor control de nuestras carreteras y cielos, una oportunidad para los inversores de situarse al volante del cambio en la industria del transporte.

Aunque la tecnología, barreras de regulación y dilemas éticos retrasen el lanzamiento a escala comercial de vehículos sin conductor hasta más allá de 2020, la automatización parcial ya está introducida, con mejora continua de sistemas avanzados de asistencia al conductor, un mercado que puede crecer hasta 34.000 millones de dólares para entonces, a tasa anual compuesta del 40% para una penetración global del 48%. El caso es que los nuevos jugadores como Tesla Motors, gigantes de la tecnología Google y Microsoft y nuevas empresas ya están compitiendo -y a menudo trabajando- con las tradicionales como Ford y General Motors.

Además, un área clave de mejora tecnológica y oportunidades de inversión es la seguridad. En Estados Unidos la National Highway Traffic Safety Administration del tráfico de carretera estima que los accidentes de vehículos a motor cuestan a la economía casi un billón de dólares al año, incluyendo la pérdida de productividad. Las causas principales incluyen distracción o somnolencia, conducir bajo influencia de drogas, exceso de velocidad y no usar cinturones de seguridad. Pero puede mejorar con un mayor control tecnológico. Autoliv, fabricante sueco de equipos de seguridad para automóviles, estima que sus productos (asistentes a la conducción mediante radares infrarrojos, visión nocturna, tecnología airbag y cinturón de seguridad) pueden salvar 30.000 vidas al año y evitar un número de lesiones diez veces mayor.

La revolución del vehículo autónomo se está extendiendo también a aeronaves no tripuladas para entrega de paquetes, transportes de órganos, monitoreo de cultivos, cartografía y fotografía en zonas de difícil acceso

A ello se añade que, aunque no es probable que su coche empiece a contar chistes, será capaz de reconocer su voz, gestos y 'hablar' con otros vehículos y servicios de emergencia. Los de gama alta de Cadillac y Mercedes-Benz para 2017 son de los primeros en incluir tecnología de comunicación vehículo a vehículo. En su nivel más simple permitirá compartir posición, velocidad, estado del volante y frenos para detectar vehículos próximos y reducir probabilidad de accidentes. En el siguiente nivel podrán advertirse mutuamente de atascos de tráfico y condiciones peligrosas de las carreteras, así como comunicarse con puentes y semáforos. Mientras el eCall será obligatorio en Europa para todos los coches nuevos desde abril de 2018. Entrará automáticamente en contacto con los servicios de emergencia en caso de accidente, comunicando la ubicación del vehículo y otros detalles. Se espera que evite la pérdida de 1.000 vidas al año.

Incluso la última tecnología automotriz está arraigada en robótica e inteligencia artificial. Los sistemas de visión artificial para conducción de la empresa israelí Mobileye identifican peatones, puntos ciegos e interpretan señales de tráfico. Valeo, en Francia, está trabajando en una nueva generación de parking que permite salir del coche y usar un teléfono inteligente para que aparque solo.

Por su parte, Amazon es una de las empresas que tiene pruebas no tripuladas, con intención de ofrecer entregas automatizadas en treinta minutos. Además, utiliza robots autónomos para mover mercancías y paquetes en sus almacenes. La revolución del vehículo autónomo se está extendiendo también a aeronaves no tripuladas para entrega de paquetes, transportes de órganos, monitoreo de cultivos, cartografía y fotografía en zonas de difícil acceso. Los hospitales están adoptando estas máquinas para transporte de muestras de laboratorio, medicinas y otros suministros. Otras pueden esterilizar habitaciones matando gérmenes, mientras los vehículos subacuáticos ya pueden trabajar en condiciones muy severas para los seres humanos, como inspección de tuberías y plataformas de perforación.


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