El Blog de Pedro Javaloyes

Primer Año Triunfal de María Seguí al frente de la DGT: los mismos trucos; idénticas mentiras

Pocos días después de cumplir un año al frente de la Dirección General de Tráfico (DGT), María Seguí escoltó a su jefe, el ministro del Interior, en la presentación de los datos de siniestralidad correspondientes a 2012. Digámoslo de entrada: escasos, incompletos, sesgados y manipulados. Como siempre. Nada ha cambiado en la DGT. Las bellas palabras por ella pronunciadas en las semanas que siguieron a su toma de posesión se han diluido como un azucarillo en la propaganda política que todo lo impregna y todo mancilla. Vuelven las consignas triunfales que caracterizaron al inefable Pere Navarro.

Al grano. Comparar los muertos de 2012 con los de 1960 no solamente es falaz y absurdo, sino absolutamente demagógico. Fue Pérez Rubalcaba quien, hace un par de años, inauguró la “saga” de comparativas con épocas en las cuales el coche más rápido de España era el 2Cv. La aberración estadística es tal (con el paso del tiempo han ido cambiando criterios en cuanto a la recogida de datos y posterior elaboración) que a la señora Seguí, experta en este campo, se le debería caer la cara de vergüenza, a menos que convengamos en que el cargo o carguete convierte en manipulador al más pintado.

Es evidente que tenemos más coches y más conductores, pero, sobre todo, lo que tenemos son mejores carreteras, coches más seguros, asistencias sanitarias más eficaces, etc., etc. Comparar series históricas de fallecidos con épocas en las que el cinturón de seguridad ni se había inventado es faltar al respeto a los ciudadanos o considerarlos cortos de entendederas. Lo mismo ocurre al comparar con las carreteras diseñadas y construidas con el llamado Plan Redia, implantado durante la dictadura de Primo de Rivera, es decir, antes de la II República y durante el reinado de Alfonso XIII. No es necesario recordar que el factor que de manera decisiva ha contribuido a reducir la siniestralidad vial en España ha sido el desdoblamiento de las vías.

Por otro lado, siguen sin contabilizarse en el provisional las vías interurbanas dependientes de los Ayuntamientos, que la DGT considera “travesías”, pese a que dispone de inventario detallado de cada uno de los accidentes -muertos y heridos- ocurridos en esas vías. Siguen sin aclararse los “agujeros negros” estadísticos detectados en ejercicios anteriores, en alguno de los cuales llegaron a desaparecer alrededor de 300 fallecidos. La promesa de Seguí de revisar esta cuestión ha caído, como casi todo lo demás, en saco roto.

Por primera vez, albricias, se incluye en la información facilitada un cuadrito (mínimo y al final de la nota) sobre evolución de los desplazamientos. Según la DGT, su descenso en 2012 ha sido del 4,5%, medido como “desplazamientos absolutos de largo recorrido”, una terminología que ningún país desarrollado utiliza y que obvia el ratio básico -índice de siniestralidad- del número de accidentes en relación al número de vehículos en la carretera. En el cuadrito aludido se comprueba que, en una serie de 10 años, por cada punto que caen los desplazamientos (advirtiendo de nuevo que es imposible que esa medida refleje realidad alguna), los accidentes con víctimas caen a su vez cuatro puntos.

Lo correcto sería utilizar el factor millón de vehículos/km, pero el dato, incluido en el anuario del Ministerio de Fomento, contiene tantas variaciones metodológicas de un año a otro que resulta imposible llegar a una conclusión cierta. Recordemos que según el International Traffic Safety Data and Analysis Group (IRTAD), organismo de la OCDE encargado de la supervisión de las políticas de seguridad vial de los países miembros, al que España está adherido, el criterio de víctimas por millón de kilómetros recorridos “es el indicador más fiable para describir el riesgo en la red de carreteras”, lamentando que “algunos países no incluyan esta medición en sus estadísticas".

¿El 60% de los conductores conducen “drogados”?

De los 43 países que forman parte del IRTAD, sólo 11 (Argentina, Camboya, Grecia, Hungría, Italia, Lituania, Luxemburgo, Polonia, Portugal, Serbia y España) no emplean este criterio, más riguroso por cuanto introduce una variable esencial en el análisis de la siniestralidad: el número de vehículos que circulan por la carretera en un periodo dado. Todo ello, en definitiva, invalida cualquier comparación entre países pertenecientes a la IRTAD, razón por la cual resulta pintoresco que la DGT se ufane de que “España se sitúa a la cabeza de los países que más han reducido la mortalidad por accidente de tráfico, situándose por delante de Francia, Alemania o Finlandia”, países que sí emplean el criterio de los desplazamientos y cuya siniestralidad se ha reducido notablemente.

Muy llamativo resulta el dato sobre positivos de alcoholemia y controles de droga, implantados a lo largo del año pasado. Resulta que sólo el 2% de los controlados por alcohol dieron positivo, mientras que los efectuados por drogas fueron ¡un 60% nada menos! La señora Seguí ha llegado a afirmar en la radio que sí, que un 60% de los conductores conducimos bajo los efectos de las drogas. ¿Alguien puede creerse cosa semejante? Se trata, de nuevo, de una aberración estadística, esta vez por el lado del muestreo que, lejos de incluir algún factor de aleatoriedad (como sí sucede, en cierta medida, con las alcoholemias), se ha centrado en hacer el test a conductores en zonas y horarios “propicios” para el consumo de drogas, con el criterio, además, de parar para someter a la prueba a quienes los agentes consideraban que iban “colocados”, que no en vano hay que rentabilizar los test de drogas, a razón de 500 euros por multa.

Poco se dice sobre velocidad, salvo que sólo el 5% de los conductores han sido “cazados” circulando por encima de la velocidad máxima permitida en autopista y autovía, porcentaje que sube a un 10% en carretera convencional. ¿Reacción? Bajar el límite en esas vías, cuando resulta obvio que el límite de los 100 kilómetros/hora se supera por ser anacrónico, irreal e invivible.

Y, por supuesto, menos aún sobre evolución real de la siniestralidad, en el bien entendido que la siniestralidad no son los accidentes con muertos, sino todos los accidentes, una estadística que lleva un cuarto de siglo estancada. Por lo demás, la misma filosofía que en la DGT presidió la “era Navarro”: los gobernantes somos cojonudos y los conductores unos gañanes tirando a delincuentes. Razón tenía Einstein cuando dijo aquello de que hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las mentiras gordas y las estadísticas.


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