El blog de Josep Prats

La importancia de los directivos

Las compañías sólidas, rentables, con una posición de mercado consolidada a lo largo de muchas décadas, que fundamentan su fortaleza en la calidad de los productos y servicios que ofrecen al mercado, no suelen variar de forma relevante su posición competitiva o su rentabilidad en función de qué persona concreta esté al mando de la empresa en un momento determinado.

El primer ejecutivo suele ser decisivo en los primeros años o, a lo sumo, en las primeras décadas de vida de una empresa. Muchas de las compañías que han pasado de ser pequeñas a ser grandes lo deben, en buena medida, al impulso de una persona, normalmente fundador y accionista principal de la empresa.  Pero una vez ya son grandes, y si lo son desde hace décadas, suele ser porque están bien organizadas. Las compañías bien organizadas suelen generar su cúpula directiva mediante la promoción interna. Uno de entre los cientos de jóvenes economistas, abogados, ingenieros, químicos… que entraron en la compañía casi recién licenciados, suele ser el que accede, tras veinticinco o treinta años de servicio, y de progresiva asunción de responsabilidades, al mando supremo. Una empresa realmente buena no necesita tener un excelente primer directivo para seguir siéndolo: le basta con que no sea malo.

La irrupción de “fichajes estrella”, de ejecutivos que acceden directamente al nivel superior, suele darse pocas veces. Excepto, claro está, en compañías en las que la elección del máximo directivo no atiende a su estricta competencia técnica, sino a la habilidad para manejarse con las esferas políticas. Esta habilidad suele ser muy apreciada si la administración pública es uno de los principales clientes de la empresa o si la regulación afecta de forma determinante a su rentabilidad.  Pero, excepción hecha de este tipo de compañías, la promoción interna suele ser la fórmula más segura. A lo sumo, puede plantearse el fichaje de un profesional procedente de la más estrecha competencia, con una experiencia profesional perfectamente trasladable. Y cuando eso se hace suele ser, no porque se quiera mejorar lo bueno, sino porque, realmente, la situación está francamente enrarecida.

El mercado recibió ayer con una clara revalorización bursátil la dimisión de los copresidentes de Deutsche Bank. Ambos procedían de la cantera interna. Pero, siendo francos, los resultados de los últimos años del mayor banco alemán han sido catastróficos. El nuevo máximo ejecutivo, presidente único, tiene una dilatada experiencia en finanzas, pero fuera del banco. A los copresidentes salientes les queda el consuelo de que, en un solo día, han sido capaces de crear un inmenso valor para el accionista: Deutsche Bank ha aumentado en más de 2.000 millones de euros su valor en una sola sesión,  la del día de su despido.


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