El blog de Josep Prats

Se acabó

Escribo estas líneas a las tres de la tarde del lunes 22 de junio de 2015. A esta hora están reunidos los ministros de economía europeos y no sabemos todavía qué les dirán a sus jefes, que se reunirán a última hora de esta tarde, con el mercado cerrado. En teoría no sabemos si habrá o no acuerdo con Grecia. Los medios anglosajones de referencia en el mercado financiero, obviamente, en tiempo real lo siguen poniendo en duda. Los bajistas dudan entre ponerlo en duda o ya, más abiertamente, empezar a decir que la solución, si se alcanza, será un parche, que no remediará nada. Buena señal. Ya no se niega tajantemente la posibilidad de un acuerdo y, mucho menos, se afirma que el euro ha empezado a romperse por Grecia y seguirá haciéndolo, poco a poco, por el resto del Mediterráneo.

Siempre me ha parecido mentira que partiendo de un análisis objetivo alguien pudiera llegar a dicha conclusión. El impago de la deuda griega, y la consiguiente salida del euro y hasta de la Unión Europea, es un desastre de tales consecuencia para el pueblo heleno, que con la vuelta a la dracma perdería por lo menos la mitad de su poder adquisitivo, que solo pensando que los políticos de Syriza eran unos suicidas iluminados y no unos simples demagogos que le contaban a la gente lo que les gustaba oír para acceder al poder, podía sostenerse como opción a plantear, en serio, en una negociación.

Por el contrario, los intereses que dejarían de percibir los estados europeos acreedores de Grecia, en caso de impago, son tan insignificantes (en el caso de España, inferiores al presupuesto de un club de fútbol como el Real Madrid o el FC Barcelona), que ponían bien a las claras quien tenía que ser el ganador. Europa forzará a Syriza a hacer las reformas que Grecia, con deuda o sin deuda, con euro o sin euro, tiene que hacer necesariamente. La primera y principal, acabar con un sistema absurdo e insostenible de prejubilaciones.

No es una cuestión de que falten 1.000 o 2.000 millones anuales para dejar el déficit en medio punto más o menos sobre el PIB. Esto son minucias. Si hay que ayudar a los griegos se les ayuda, pero no pagando prejubilaciones a cincuentones, sino invirtiendo en infraestructuras, planes de empleo juvenil o cualquier otra medida que esté dirigida a trabajar más, no menos. Si no pueden pagar los intereses, se los seguimos refinanciado, si es necesario a mayor plazo, con mayor carencia y menor interés. No hay problema. Lo que sí es un problema, y endémico, es tener déficit primario. Esto es lo que hay que resolver. Con la excusa de que Europa se lo impone, los políticos griegos tendrán que hacer, como han hecho antes otros en el sur, como en Portugal o España, y van a hacer otros más al norte, como Francia, lo más importante a la par que impopular: una reforma del sistema de pensiones.

Se acabó. No sé si me estoy anticipando solo unas horas o quizás tres o cuatro días. Pero el martes que viene lo que escribo ya no será una predicción, sino un hecho. Grecia ha firmado un acuerdo con sus acreedores que seguirán financiándole a cambio de reformas estructurales importantes, más que de recortes de gasto coyunturales. Malas noticias para los que pretendían jubilarse a los cincuenta. Buenas noticias para los que prefieran cobrar su pensión en euros antes que en dracmas.


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