El blog de Josep Prats

Vuelve la calma

Las tres últimas semanas la evolución del mercado bursátil ha estado marcada por la marcha de otros dos mercados, el de bonos y el de divisas, que han registrado altos niveles de volatilidad. El fulgurante repunte de la TIR del bono alemán descabaló los niveles de riesgo de muchas carteras y determinó, en buena medida, la revalorización del euro frente al dólar, que llegó a recuperar en tres semanas más de la mitad de lo perdido desde principios de año.

En los últimos tres días, tanto el mercado de bonos soberanos como el de divisas han recuperado cierta calma. La TIR del bono alemán retrocede veinte puntos básicos y el euro vuelve a cambiarse más cerca de 1,10 dólares que de 1,15. La reacción alcista de las bolsas ha sido inmediata. No habían caído por malos resultados empresariales, ni por aparición de nuevos riesgos geopolíticos. Sencillamente, se trataba de un activo que consume mucho riesgo en cartera, cuando este lo medimos por volatilidad, y muchas carteras habían agotado su margen de riesgo debido al repunte de la TIR del bund que, a su vez, había originado la revalorización del euro.

Medir el riesgo de una inversión por la volatilidad de su cotización es un enfoque tremendamente cortoplacista, pero así lo hace el mercado y tenemos que contar con ello. El auténtico riesgo de una inversión a largo plazo es no saber qué flujos procurará. El comprador de un bono alemán a vencimiento invierte sin riesgo a largo plazo, puesto que tiene la completa seguridad de que el emisor, el estado alemán, pagará los cupones y devolverá el principal. No hay duda alguna sobre los flujos.

El comprador de una cartera diversificada de acciones de grandes compañías globales, invierte a largo plazo con un riesgo equiparable al que pueda estimar para la evolución de la economía mundial. Si cada año hay más consumidores que compran más productos y pagan por ellos, el conjunto de las grandes compañías globales, venderá más, ganará más, pagará más dividendos y valdrá más dinero en bolsa. Nada, absolutamente nada, en estas tres últimas semanas, ha hecho variar la estimación que cada uno pueda tener sobre la posible evolución de los beneficios empresariales a nivel global en el largo plazo. En nada ha cambiado su valor fundamental. Pero sí lo  ha hecho el precio.

Y cuando esto ocurre, cuando los precios de las acciones bajan porque hay quien identifica riesgo con volatilidad, el que invierte a largo plazo tiene que manejar simultáneamente dos teléfonos: uno para tranquilizar al inversor, el otro para comprar más bolsa


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