El blog de Josep Prats

The game is over

La partida que intentaba jugar el doctor griego experto en teoría de juegos está llegando a su fin. De hecho, parece que el experto jugador, el que tenía que poner contra las cuerdas a los grises ministros de Economía de la eurozona, va a ser apartado de la mesa de juego antes de que termine la partida.

Al final, como en todos los juegos en los que media dinero, ganarán los que más tienen, los que pueden aguantar. Grecia se presentó a la mesa con unas cartas mucho peores de las que, en principio, con los números oficiales en la mano, cabía suponer. Se decía que ya había alcanzado un superávit primario en sus cuentas. De ser ello cierto, la amenaza de no pagar las deudas sería hasta creíble. Si de verdad, cada mes, la recaudación impositiva de Grecia hubiera superado las necesidades de pagos por salarios de funcionarios, pensiones y facturas a proveedores, podrían haber amenazado, con cierta credibilidad, con no llegar a un acuerdo.

Hubiera sido un auténtico desastre para el país, puesto que el superávit primario no garantizaba en absoluto la liquidez del sistema bancario, que, ante la posibilidad de una confrontación abierta con los que tienen la máquina de imprimir billetes, se habría de ver muy mermada, con una fuga de depósitos que terminaría por abocar a la banca a una suspensión de pagos. Pero podría hacerlo, por lo menos durante unas semanas.

Pero ni eso. El Gobierno griego no tiene dinero para pagar a pensionistas y funcionarios y los bancos griegos no lo tendrían para rellenar los cajeros automáticos si Draghi no se lo da. Sin superávit primario, sin acceso a los mercados, sin la liquidez del BCE, Grecia está obligada a obedecer, a llegar a un compromiso con los prestamistas (con la odiada troika, aunque la rebauticen), si quiere que sus funcionarios y jubilados reciban su paga en euros a final de mes y que los que trabajan en el sector privado puedan retirar sus nóminas en la ventanilla bancaria.

La alternativa es salirse del euro, aunque temporalmente pudieran intentar ganar algo de tiempo a base de corralito y patacón, restringiendo las retiradas en efectivo e intentando pagar, a falta de euros de curso legal, con bonos, pagarés o vales patrióticos. No lo harán. Si lo hicieran, podríamos ver, de verdad, cómo se indigna la calle cuando llega la verdadera austeridad.

Tsipras ha decidido que le interesa seguir como primer ministro. Y si los que tienen que darle el dinero para que sobreviva odian a su ministro de Finanzas y ponen como condición hablar con otro para que firme el contrato de préstamo, donde estaba Varoufakis, ponemos a Tsakalotos y aquí paz y después gloria.


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