El blog de Josep Prats

Riesgo cotizado

Conocemos ya los resultados del primer semestre de todas las grandes compañías globales. Tenemos ya algunos datos concretos, como las ventas de automóviles o el tráfico en autopistas, correspondientes al mes de julio. Contamos con las proyecciones de ventas y resultados oficializadas y actualizadas hace apenas quince días por los directores generales o financieros de una buena parte de grandes empresas para el conjunto de 2014. Y con toda la información que ya disponemos, difícilmente nos vamos a equivocar si pronosticamos que el crecimiento de la economía global, en términos reales, se situará en niveles próximos al 3% en 2014.

Sabemos la rentabilidad que nos ofrecen, a distintos vencimientos, los bonos soberanos. Sabemos que, con las tasas de inflación actuales, las rentabilidades reales que nos ofrecen son negativas en el medio plazo y rozan el cero en el largo. Si no queremos hacer asunciones de inflación futura, podemos comprobar que para obtener una rentabilidad real positiva en deuda del tesoro de una calidad alta, como los franceses o los norteamericanos, hay que irse a plazos muy largos, y que incluso en dicho caso, los rendimientos reales difícilmente superan el punto porcentual anual.

Conocemos aproximadamente la rentabilidad por beneficio y por dividendo que podemos esperar del conjunto de grandes compañías. Y podemos asumir que dicho beneficio y dicho dividendo, de forma agregada, no deberán evolucionar de forma muy dispar a cómo lo haga el crecimiento económico mundial. La diferencia entre el rendimiento que nos puede ofrecer la inversión en bolsa -la que resulta de añadir la rentabilidad por beneficio actual a la tasa de crecimiento previsible a largo plazo- y la que nos da una inversión “sin riesgo” (o, para ser más precisos, de riesgo bajo) como la deuda soberana de calidad es lo que se conoce como prima de riesgo. Es el riesgo cotizado.

Y este riesgo cotizado sigue siendo alto, muy alto en términos históricos, sobre todo en Europa, donde tanto los múltiplos de cotización sobre los beneficios de las empresas, como los tipos de interés de la deuda soberana, son más bajos que en Estados Unidos. Aunque las perspectivas de crecimiento de las grandes compañías europeas, por lo general, tan expuestas al crecimiento global como las americanas, son muy similares.

¿Por qué percibimos tanto riesgo? ¿Por qué lo percibimos mucho mayor en Europa que en Estados Unidos? Es verdad que Rusia y Ucrania están más cerca, y que los bancos europeos están todavía sub júdice, como implícitamente lo está también el mismo euro. Pero tarde o temprano, en cuestión de meses o trimestres, pero no de años, tendremos ya el veredicto. Y si el veredicto es paz en Ucrania, bancos sanos y euro duradero, como espero, bajará el riesgo cotizado y subirá la bolsa.


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