El blog de Josep Prats

Prueba superada

Ya conocemos los resultados del AQR(Asset Quality Review) y de los stress tests. Sabemos que los contables de los bancos españoles son fiables, de los más fiables de la eurozona si tenemos que guiarnos por la discrepancia, mínima, entre las cuentas publicadas a cierre de 2013 y la revisión de las mismas efectuada por los inspectores del BCE.  El ratio Core Tier 1 sobre activos ponderados por riesgo apenas se ve reducido en 20 puntos básicos tras el AQR. Un mínimo ajuste, solo ligeramente inferior al de la banca francesa o alemana, pero desde luego muy por debajo del que ha necesitado la banca mediana italiana, belga, holandesa y austríaca. Por no hablar de las discrepancias realmente notables que se han puesto de manifiesto en bancos griegos y portugueses.

En el escenario adverso de las pruebas de resistencia, que asumen crecimientos negativos del PIB hasta 2016, el capital de los bancos españoles se muestra con la holgura suficiente para superar el umbral mínimo del 5,5% de Core Tier 1 sobre activos ponderados por riesgo que se determina como mínimo para evitar una ampliación de capital. La inmensa mayoría de las entidades españolas superan con amplitud ese mínimo, con niveles de capital -tras la aplicación del escenario adverso- comprendidos, por lo general, en un rango de entre el 8% y el 10%.

Tenemos pues, a juicio de los nuevos inspectores, los del BCE, que están para quedarse, unos bancos bien capitalizados. Sin dudas sobre la solvencia, sin necesidad de ampliación de capital, están sentadas las bases para que los bancos hagan, con libertad, aquello para lo que han sido constituidos, aquello que supone su razón de ser, su objeto social: tomar prestado y, sobre todo, prestar.

Que la banca recupere un signo positivo en la concesión de créditos, aunque sea mínimo, es crucial para que la economía de la zona euro pueda escapar a una tercera recesión. En Estados Unidos los bancos minoristas están aumentando el crédito a ritmos de entre el 5% y el 10% anual. En la zona euro, el crédito a las familias está estancado y el saldo vivo de crédito a empresas decrece todavía al 2% anual. Es una gran diferencia, máxime si tenemos en cuenta que la dependencia de las empresas de la zona euro del crédito bancario es superior al de las americanas o las británicas. En los países anglosajones, la tradición de las empresas de cierto tamaño de recurrir, mediante emisión de bonos, al mercado para financiarse está mucho más arraigada. Aquí, la dependencia de la financiación bancaria es elevadísima. Solo algunas empresas realmente gigantes acuden directamente a mercado en busca de financiación.

Las entidades han superado una prueba importante. Ahora, sus cuentas están bendecidas por el mismo supervisor, con los mismos criterios, independientemente de su nacionalidad. Tras la moneda única, tras la unión monetaria, llega por fin la unión bancaria. Es una importante cesión de soberanía nacional. Unión monetaria más unión bancaria es igual a unión financiera. Si le añadiéramos la unión fiscal y presupuestaria tendríamos ya, realmente, la unión económica en la zona euro. Para esta última falta algo más, pero vemos cómo los presupuestos nacionales, no solo los españoles o italianos, sino incluso los franceses, ya están siendo sometidos a un riguroso escrutinio desde Bruselas.

Lo del euro va en serio. Cuando el mercado se convenza de que la moneda única está para quedarse, el riesgo de invertir en la eurozona disminuirá. No sé si veremos algo de esto en los dos meses que nos quedan para cerrar el año bursátil. Pero si no es este año, será el siguiente. Los beneficios de las grandes empresas globales de la eurozona están respondiendo a lo que cabía esperar. Tarde o temprano, recibirán una valoración normalizada, coherente con un escenario de tipos estructuralmente bajos. Una valoración claramente superior a la actual.


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