El blog de Josep Prats

Plazo y riesgo

En el mundo de la inversión es bastante fácil definir la rentabilidad, pero no lo es tanto definir el riesgo. La rentabilidad suele expresarse como un porcentaje, de ganancia o de pérdida, sobre la inversión realizada, obtenida en un determinado plazo. La medición del riesgo está sujeta a mayores controversias. La volatilidad es una aproximación utilizada de forma muy común por los profesionales de la inversión. A mayor volatilidad estaríamos asumiendo mayor riesgo aunque estrictamente no tiene porqué ser así. Podría haber una inversión que produzca rentabilidades siempre positivas pero muy variables en el tiempo. Sería una inversión muy volátil, pero desde luego no sería percibida por nadie como muy arriesgada. Puesto que para el común de los mortales el riesgo de la inversión consiste, estrictamente, en perder.

Al final, cuando hablas con un inversor, especialmente si no se trata de un profesional,  lo que te pregunta, para enjuiciar el riesgo que está corriendo si invierte en tu fondo, es: ¿cuánto puedo perder? Y la respuesta de los profesionales siempre es la misma: ¿en qué plazo?

Inversiones seguras

El activo más seguro puede ser muy arriesgado si el plazo al que se compromete el inversor a mantenerlo en su cartera es muy distinto del plazo en el que se puede esperar con cierto grado de seguridad que el activo produzca sus retornos. La máxima seguridad en los flujos financieros futuros es la que nos ofrece un bono alemán a treinta años. Quien lo compra sabe, con total seguridad, que en cada uno de los ejercicios de las próximas tres décadas recibirá un pago por intereses del 2,5% del capital invertido y que en el año treinta se le devolverá todo el dinero que puso. Más seguro, o menos arriesgado, casi imposible. Pocos mejores pagadores que la República Federal Alemana podemos identificar a priori. Ahora bien, si al comprador de dicho bono le entran prisas y decide venderlo dentro de un par de años, por ejemplo, nadie le puede asegurar que ese 2,5% anual compuesto que, con toda seguridad dicho bono pagará, tenga nada que ver con la rentabilidad que el vendedor del bono obtenga. De hecho, es bastante probable que pueda perder un dineral. Bastaría con un repunte de algunas décimas en la rentabilidad exigida por el mercado para dicho emisor a dicho plazo para que ello suceda.

A largo plazo, la inversión en bolsa, diversificada en compañías de gran capitalización, es también una inversión segura. El valor de “las grandes empresas privadas”, y su precio de mercado suelen evolucionar, a largo plazo, como la economía en general. Y, hasta la fecha, el PIB nominal de las grandes economías mundiales, suele aumentar a lo largo de las décadas. Aunque el dividendo de las grandes compañías suele oscilar más que el interés que paga un bono soberano de calidad, no deja de ser bastante predecible. Lo que no lo es tanto es la tasa de capitalización del mismo que en un momento determinado el mercado exigirá. Solo la mitad del valor de una compañía está justificado por lo que ésta ganará en los próximos quince años. Y el 90% del valor restante suele estarlo por lo que ganará en los quince siguientes.

No hay mucho riesgo de que Alemania deje de pagar su deuda, intereses incluidos, a muy largo plazo. Como no lo hay de que las grandes compañías globales dejen de ganar cada vez más dinero y repartirlo entre sus accionistas en las próximas décadas. El único riesgo del inversor a largo plazo es no serlo de verdad.


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