El blog de Josep Prats

Pesimistas subjetivos y profesionales

La cara de la inversión es la rentabilidad, su cruz el riesgo. La cara de la economía es el progreso material, su cruz la miseria. Que cada año hay un mayor número de personas que salen de la miseria y empiezan a disfrutar del progreso material y disminuye el número de personas que hacen el recorrido en el sentido opuesto es un hecho comprobable y cierto a nivel global. La economía global crece y en los países emergentes cada vez son más las personas que acceden a bienes y servicios que desde hace años disfrutamos los habitantes de los países más desarrollados. El número de consumidores de productos y servicios que ofrecen las grandes compañías cotizadas aumenta y por ello aumentan también sus ventas y sus beneficios. Los propietarios de acciones de estas compañías, los inversores en bolsa, se ven beneficiados, en su condición de inversores, por este proceso. Aunque a título particular, el progreso económico global haya podido perjudicar a una parte de estos inversores en su condición de asalariados, presionando a la baja sus sueldos o incluso dejándoles sin puesto de trabajo.

Decir que las cosas mejoran, porque objetivamente, con datos reales agregados, mejoran, puede resultar molesto para muchas personas. Decir que las cosas van mejor no quiere decir que las cosas vayan bien. Millones de parados, y muchos más millones de personas que han visto disminuir de forma relevante sus ingresos, por ejemplo en España, nos obligan a desterrar la palabra "bien" para definir cómo va la economía. Pero la honestidad intelectual, la objetividad, no nos permite desterrar la palabra "mejor".

Cuando a alguien las cosas le van mal la tentación de encontrar culpables es grande. "L'enfer c'est les autres", decía el pesimista Sartre. Y el infierno, los otros, suelen ser los políticos, los banqueros centrales, los banqueros privados, los especuladores de los mercados o los fieles sirvientes de todos los anteriores. Una turbamulta de conspiradores que cuando la economía crece, amén de falsear datos estadísticos, lo hace porque la están hinchando artificialmente con estímulos que se cobrarán una dura factura más tarde; y que cuando no crece, cae como consecuencia de sus malas acciones presentes o pasadas.

Los pesimistas subjetivos no son pocos. Algunos son crónicos, otros coyunturales, que abandonan su condición tan pronto como cambia su fortuna. Pero siempre son los suficientes como para mantener viva a otra rama de pesimistas, los profesionales. Estos personajes son bien conscientes de cuál es su cometido: buscar argumentos objetivos que apoyen la conclusión querida por los pesimistas subjetivos. La de que las cosas están muy mal y que, si no lo parece, es porque van a estar muy pronto mucho peor. Y algunos de ellos no se ganan mal la vida, desaconsejando permanentemente la asunción de riesgos en busca de rentabilidades.

Afortunadamente, todavía quedan optimistas subjetivos, que asumen riesgos, obtienen rentabilidades y, objetivamente, hacen que la economía progrese y que el mundo avance.


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