El blog de Josep Prats

Pánico injustificado

La semana pasada vivimos algunos días de caída en la bolsa americana que fueron, en algún momento, de pánico en los mercados europeos. En dos días en los que, al final, el S&P 500 terminaba perdiendo menos de un 1%, el Euro Stoxx 50 llegaba a retroceder casi el 7%, para perder prácticamente un 5% en dos sesiones. En las peores horas de la caída algunos fantasmas que parecían ya enterrados volvían a hacer acto de presencia. La ampliación de diferenciales entre deudas soberanas periféricas y centrales, que en último término no significa otra cosa que una seria duda sobre la continuidad del euro como moneda única, llegó a ser significativa.

La fuerte recuperación bursátil registrada en la sesión del viernes, con ganancias del 3% en los principales índices de la zona euro, paralela a la reducción de diferenciales entre deudas soberanas, parece dejar lo que fue pánico en simple temor. Para que el temor pase a simple preocupación, será necesario contar con datos reales, como los resultados trimestrales, que solo empezaremos a conocer de forma abundante a partir de esta semana en Estados Unidos y de la siguiente en Europa.

De momento, han publicado cuentas los bancos norteamericanos, sin sorpresas (con crecimientos en depósitos y créditos de dígito medio-alto, en línea con el progreso general nominal de la actividad económica), y ventas algunas compañías francesas (Danone, LVMH, Carrefour), que muestran un mantenimiento, con ligera tendencia al alza en el mercado europeo, del ritmo de crecimiento de actividad registrado en los dos trimestres anteriores.

Cuando una bolsa, como la norteamericana, cotiza a máximos históricos y a 17 veces beneficio, que haya correcciones del 5%, o incluso del 10%, no es algo que tenga que extrañar. Nunca se sabe si dichas correcciones se darán a PER 16 o esperarán a que el PER alcance las 20 veces, pero entran dentro de lo que es una evolución normal del mercado. Y, en la medida en que los beneficios sigan aumentando, se quedan en eso, en correcciones coyunturales que no impiden una tendencia larga al alza en las cotizaciones, máxime en escenarios de tipos que se prevén estructuralmente bajos durante un largo período.

Ahora bien, cuando una bolsa como la europea cotiza más de un tercio por debajo de los niveles previos a la crisis, con unos bancos a 0,7 veces libros, unas aseguradoras ofreciendo rentabilidades por dividendo próximas al 5%, unas fabricantes de automóviles a PER 8 y, todo ello, con un euro devaluado, unas cifras de crecimiento positivo en ventas y resultados y unos bonos soberanos que, de media, ofrecen rentabilidades reales negativas, una caída del 15% no es algo que entre dentro de lo normal. No es una recogida de beneficios, no es una prevención ante múltiplos exigentes que solo estarían justificados por unas perspectivas muy holgadas de crecimiento. Es, como ha venido siendo en los últimos años, una muestra de pánico específicamente europea.

La Unión Europea no es un conjunto de estados unidos, como sí lo es Estados Unidos. Algunos países, los de la zona euro, tienen una única moneda. Y a partir de este domingo, tendrán también, en la práctica, un único banco central, el BCE, que será el nuevo regulador, supervisor y liquidador de entidades bancarias.  Los presupuestos nacionales están sujetos, cada vez más, al visto bueno de las autoridades de la Unión. Son avances lentos, pero significativos. Que, a la postre, deberían redundar en una percepción de riesgo más normalizada.


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