El blog de Josep Prats

Juegos de guerra

La bolsa norteamericana ha retrocedido poco más de un 2% desde máximos. La europea ha caído más de un 10%. Los resultados publicados por las grandes compañías europeas y norteamericanas difieren en bien poco. Y los múltiplos que se pagan por sus beneficios son bastante inferiores en las europeas.

¿A qué se debe este comportamiento diferencial en el último mes? En una pequeña parte, digamos dos puntos porcentuales, podría explicarse por la inveterada condición gregaria de los inversores europeos frente a los americanos, especialmente marcada en los momentos de caída. Cuando la bolsa norteamericana recorta, la europea, “por si acaso”, por si la pequeña bajada americana es prólogo de una mayor, recorta el doble. Esto sucede siempre y solo tras un período relativamente prolongado, de varias semanas, en el que podamos comprobar que los americanos no se hunden, antes bien, siguen estables o subiendo, los europeos recuperamos el diferencial perdido.

Pero en esta ocasión el diferencial de pérdidas es más abultado. Y si tenemos que encontrar una razón lo más fácil es buscarla en Ucrania. Que los dos países más grandes de Europa, los dos con mayor superficie, Rusia y Ucrania, estén en conflicto y que este conflicto haya generado ya más de dos mil muertos no es tranquilizador. Aunque ninguno de estos dos grandes países europeos sean miembro de la Unión Europea ni, mucho menos, de la zona euro. Pero están muy cerca, nos venden gas, y les vendemos una parte no muy significativa, pero tampoco absolutamente despreciable, de nuestras exportaciones.

La falta de control del Gobierno ucranio sobre lo que sucede en su territorio es evidente. Amplias zonas del este del país están bajo el dominio de grupos armados (terroristas según unos, patrullas de autodefensa según otros) contrarios al gobierno. Y en las zonas en las que el Gobierno parece tener el control no son pocos los grupos armados, en principio no opuestos al poder establecido, que van por libre. Si las mentiras son siempre moneda de uso común en cualquier conflicto bélico, cuando no se sabe con certeza quien habla en nombre de quien, laconfusión es completa.

Cualquier analista frío de la realidad política y económica en el siglo XXI debería llegar a la conclusión de que Rusia no tiene ningún interés en quedar aislada del orden económico global y que, por ello, renunciará a ocupar, mediante lo que sería un paseo militar de un par de días, la mitad oriental de Ucrania.

Pero un día alguien, no se sabe bien quién, dice algo, no se sabe bien qué, que apunta a una guerra abierta entre Ucrania y Rusia, y el mercado pasa en diez minutos de subir un 1% a bajar un 1%. En Europa, claro, que lo que son dos puntos de variación aquí, queda en medio punto, que es tanto como decir en nada, en Estados Unidos.

Jugar a la guerra en bolsa es bastante arriesgado. Casi todos los que lo hacen salen perdiendo.


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